Espa�a gestion� la llegada de la colecci�n mediante un pr�stamo de nueve a�os y seis meses. En 1993, la Fundaci�n, con la financiaci�n del Estado, adquiri� la colecci�n respaldada por un real decreto-ley. Cuando Rodrigo Ur�a Meru�ndano (1941-2007), socio fundador de Ur�a Men�ndez, se sent� junto a Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza y Carmen Cervera, barones Thyssen-Bornemisza, durante una comida celebrada en el Ministerio de Cultura en abril de 1986, dif�cilmente pod�a imaginar que aquel encuentro ser�a la semilla de una de las grandes operaciones culturales de la Espa�a contempor�nea: la llegada a Madrid de la colecci�n y su posterior adquisici�n, financiada por el Estado a trav�s de la Fundaci�n Colecci�n Thyssen-Bornemisza.El primer paso lleg� meses despu�s. En octubre de 1986, durante un encuentro en la casa de los barones en Oxfordshire, la baronesa, explic� a Ur�a y al entonces director general de Bellas Artes, Miguel Satr�stegui, las dificultades que ten�a la familia para albergar toda la colecci�n en el Museo de Villa Favorita, en Lugano. Fue en ese momento cuando plante� la posibilidad de que Espa�a pudiera convertirse en sede de la colecci�n.La propuesta comenz� a materializarse en mayo de 1987, cuando el Ministerio de Cultura recibi� una carta del duque de Badajoz, Luis G�mez-Acebo, en nombre del bar�n, en la cual mencionaba la posibilidad de ceder la propiedad de una parte de la colecci�n al Estado y ceder la posesi�n del resto en r�gimen de pr�stamos de larga duraci�n. El ministro de Cultura, Javier Solana, pidi� entonces a Rodrigo Ur�a que asesorara jur�dicamente al Ministerio y actuar como conegociador.Primera oferta Espa�a puso sobre la mesa su primera oferta informal ofreciendo como sede el Palacio de Villahermosa, en Madrid, que entonces estaba asignado al Museo del Prado. "El Gobierno pens� que ser�a imposible encontrar un lugar m�s adecuado para instalar la colecci�n Thyssen si es que alg�n d�a ven�a a Espa�a y sobre todo, entendi� que la cesi�n del palacio era una baza important�sima a la hora de competir con las otras ofertas" explicaba el socio fundador de Ur�a Men�ndez en un art�culo que public� en el a�o 2000 en la revista del Consejo Superior de Investigaciones Cient�ficas, Arbor.La competencia era considerable; entre 1987 y 1988, los Thyssen recibieron ofertas, entre ellas una especialmente ambiciosa de la Fundaci�n Getty de Malib� (California) que ofrec�a la compraventa total de la colecci�n. Sin embargo, aquella opci�n implicaba su venta total, mientras que el proyecto espa�ol permit�a mantenerla unida, exhibirla p�blicamente y dotarla de una proyecci�n internacional. Esos eran precisamente algunos de los objetivos fundamentales del bar�n.Pese a las "reticencias y algunas desconfianzas" de los Thyssen sobre la capacidad espa�ola para cumplir sus promesas, sobre todo las relacionadas con la rehabilitaci�n del Palacio de Villahermosa y la operaci�n de transporte de las obras, en abril de 1988 se firm� el primer protocolo de intenciones. La f�rmula inicial de una posible cesi�n evolucion� hacia un pr�stamo de casi 800 cuadros por un plazo de nueve a�os y seis meses. Adem�s, se establec�a la creaci�n de una fundaci�n cultural privada que sirviera como espacio com�n de gesti�n y di�logo entre el Estado y la familia Thyssen.El posterior contrato de pr�stamo era, seg�n Ur�a, "complej�simo", sometido al derecho ingl�s y redactado por abogados ingleses. El Palacio de Villahermosa se convertir�a en sede del Museo Thyssen-Bornemisza, que se integraba en la milla de oro de los museos de Madrid.En diciembre de ese mismo a�o lleg� el contrato de pr�stamo por el tiempo referido con una contraprestaci�n econ�mica por Espa�a de cinco millones de d�lares anuales y una aportaci�n de 9.000 millones de pesetas (alrededor de 54 millones de euros) para financiar la fundaci�n, de los cuales 7.000 millones servir�an para atender el pago de los c�nones del pr�stamo y 2.000 millones para la rehabilitaci�n el palacio. El proyecto arquitect�nico qued� en manos de Rafael Moneo, y las obras comenzaron en 1990.El contrato inclu�a las condiciones de traslado, conservaci�n y exhibici�n de estos, lo que oblig� a establecer por primera vez una normativa de protecci�n de bienes art�sticos extranjeros que visitaran Espa�a de manera temporal. Adem�s, como parte adicional, setenta y ocho obras se mostrar�an al p�blico en el Monasterio de Pedralbes de Barcelona, deseo de la baronesa.En octubre de 1992, y tras el traslado de las m�s de 900 obras -cuadros, dibujos y esculturas-, abri� sus puertas en el Palacio de Villahermosa el Museo Thyssen-Bornemisza.La Fundaci�n espa�ola adquiere la colecci�n La capacidad demostrada por Espa�a convenci� al bar�n de que la colecci�n pod�a permanecer en el pa�s de forma permanente. Poco despu�s, los propietarios aceptaron negociar su venta al Estado espa�ol.Las negociaciones culminaron en junio de 1993, cuando, tras la aprobaci�n de un real decreto-ley, que dio cobertura normativa a la operaci�n, se firm� un contrato de compraventa. La fundaci�n, con la financiaci�n del Estado, adquiri� casi 800 obras por 350 millones de d�lares, de los cuales se descontaron las cantidades abonadas en el periodo de pr�stamo. "En aquel momento la colecci�n pod�a tener un valor de 1.000 y 1.500 millones de d�lares", explicaba Ur�a.La adquisici�n supuso la transformaci�n de los estatutos de la Fundaci�n Colecci�n Thyssen-Bornemisza. El Estado pas� a tener una posici�n mayoritaria en su Patronato, aunque la familia conserv� garant�as relacionadas con la conservaci�n de los est�ndares muse�sticos, la unidad de la colecci�n y su proyecci�n internacional. Asimismo, el Estado cedi� a la fundaci�n la propiedad del Palacio de Villahermosa.
As� logr� Espa�a la colecci�n de los Thyssen-Bornemisza
Cuando Rodrigo Ur�a Meru�ndano (1941-2007), socio fundador de Ur�a Men�ndez, se sent� junto a Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza y Carmen Cervera, barones Thyssen-Bornemisza,...







