0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialLa influencia tiene dos materias primas que son escasas hoy en día: la credibilidad y la confianza. Ambas nacen de la garantía de que aquello que se dice termine convirtiéndose en certeza, pero la verdadera autoridad empieza cuando existe una relación reconocible entre palabra y hecho.Esa es la esencia de los grandes líderes: prometer es comprometerse con una lógica de actuación, garantizándola a través de su ejecución. Palabra y acción construyen la realidad. Ningún liderazgo puede sostenerse sin la legitimidad de los hechos, porque el carisma genera seguidores, pero solo la coherencia permite mantenerlos. Evelyn Hockstein / ReutersDurante mucho tiempo, la confluencia entre decir y hacer acumulaba reputación. También funcionaba a la inversa: cada promesa incumplida descontaba confianza, aunque el control mediático pudiera aplazar la rendición de cuentas.Los populismos han introducido una anomalía en esta ecuación. Sus discursos están marcados por la exageración, el cambio de posición y la amenaza continua. Priorizan la atención y la imprevisibilidad hasta convertirlas en una forma de poder y notoriedad. Ahí es donde no podemos confundir popularidad con crédito: la primera mide cuánto se habla de alguien; la segunda, cuánto vale su palabra. Y esa pequeña diferencia gramatical sigue siendo significativa.Los discursos del populismo están marcados por la exageración, el cambio de posición y la amenaza continuaSer minoría y estar en la oposición facilita esos discursos o estar en campaña electoral. Sin embargo, al gestionar, la estridencia deja de parecer audacia y empieza a percibirse como improvisación. Gobernar o gestionar obliga a elegir, analizar, pensar, definir, ejecutar, aceptar equivocarse y, siempre, rendir cuentas. La amenaza que no se cumple desgasta; la rectificación que no se reconoce confunde; la promesa que se reinventa erosiona el vínculo con la ciudadanía. Esta tensión afecta hoy a gobiernos e instituciones, incluso a algunos empresarios tecnológicos. Algunos intentan lograr que una afirmación viaje más deprisa que su comprobación, pero el respeto depende de una antigua ecuación: la existencia de una relación estable y visible entre aquello que decimos y aquello que finalmente ocurre.Se puede convencer conjugando el futuro, pero solo se construye un legado en el indicativo de los hechos. Liderar en condicional es el tiempo verbal de la política ficción, un territorio por el que muchos transitan hoy con aparente éxito. Trump convirtió “Promises made, promises kept” en divisa electoral. La ironía se manifiesta cuando se analiza el balance entre sus promesas y actuaciones. La confianza siempre termina conjugándose en pasado.