NoticiaMaría Elvira Samper Nieto y Yolanda Ruiz Ceballos colonizan un espacio con su pódcast ‘Menopáusicas ¡y qué!.Yolanda Ruiz y María Elvira Samper Foto: Laura Morales-Penguin Random House24.08.2026 20:24 Actualizado: 24.08.2026 20:24

Su comienzo fue el de dos colegas que trabajaron juntas por muchos años y se hacían falta. La una, más joven y con cantidad de trabajos; la otra, menos joven y también con uno que otro plan periodístico, “gozando” de una jubilación que a la semana ya le pesaba, se unieron en un proyecto que les ha traído gratas sorpresas y revalidado, por si hiciera falta, como profesionales de quilates.Yolanda Ruiz ha repetido en varias entrevistas que, cansada de las pesadeces que le escribían en las redes, cuando sus artículos no gustaban, es columnista de los periódicos El Espectador y El País España en la edición de América, se propuso salirles al paso a esos lectores con un espacio que echara por la borda sus retrógrados argumentos.La mayoría de sus impugnadores la atacaban por ser “vieja”, por haberse dejado las canas y por no dedicarse al tejido o a la costura después de años de ser la voz y directora del noticiero radial mañanero de RCN.Ante esa situación Yolanda se puso en contacto con su amiga y compañera de madrugadas, María Elvira Samper, exdirectora de la revista Semana y una de las fundadoras del noticiero QAP y de la revista Cambio, planteándole que podrían hacer un pódcast para conversar, que no entrevistar, a mujeres maduras sobre cómo llevaban los sofocos, la rigidez de las articulaciones, la caída del cabello y demás inconvenientes de la menopausia, así como sobre su vigencia profesional.No tuvo que hacerle mayor marco teórico a su idea para que su colega sin experiencia en ese mundo digital le diera el sí.Y ahí nació un pódcast que se materializó rápidamente y que ha sido todo un hit dentro de las variadas propuestas que se encuentran en las redes de mujeres periodistas, defensoras de derechos humanos, de animales y del hábitat, así como de las llamadas influenciadoras políticas, de hábitos saludables, de moda y un largo etcétera.Que dos periodistas reconocidas comiencen cada semana una conversación relajada con mujeres coetáneas casi todas, una pocas más jóvenes, diciendo su edad y muy enfáticas reconociéndose como: “menopáusicas ¡y qué!”, ha generado un movimiento de seguidoras que ya marca la nada despreciable cantidad de doscientas mil personas en algunas de las sesiones. No parecía sencillo.Pero lo lograronEl público no es exclusivamente femenino. Algunos hombres, un 20 por ciento, se han declarado asiduos seguidores, ya que sus mujeres son menopáusicas y ellos quieren aprender todo sobre ese tema del que poco se habla entre cónyuges y menos por fuera de las cuatro paredes del hogar. Otro 20 por ciento de esa audiencia proviene de mujeres menores de 40 años que no se pierden emisión porque además de conocer féminas exitosas en diversos campos también ríen con ese humor ácido, inteligente y muy de reivindicación feminista que siempre sale a flote sin proponérselo.La audiencia ha crecido gracias a que Yolanda y María Elvira no se apegaron al formato, sino que, libertarias y osadas como han sido en su desarrollo profesional, generan un ambiente de confianza y secretismo para que sus audaces invitadas, casi todas, cuenten su vida sin libreto. Lo que encanta a su audiencia.Charlas que, en muchas oportunidades, parecieran estar ocurriendo en la sala de la casa con el grupo de las amigas del colegio que lo saben todo, por lo que no se pueden esconder o pintar con pajaritos de oro situaciones penosas o dramáticas.Esta modalidad ha permitido conocer en profundidad a mujeres de cuya intimidad se sabía poco, y mucho de sus éxitos en la política, en el comercio, en el cine, en la música, en el teatro, en la investigación o en la televisión.La habilidad de las periodistas ha ido más allá del título de su charla, que en varias oportunidades ni se menciona, para descorrer el velo de la intimidad de la invitada.Carátula del libro Menopáusica y más Foto:Laura Morales-Penguin Random HouseConvencidas de que por su edad y experiencia generan envidias y, en muchas ocasiones, aversión, como lo ha confesado Yolanda, llevan de la mano a sus convidadas para que se refieran a situaciones en las que ese sexismo soterrado, que recibe el nombre de “edadismo” y que no es otra cosa que la discriminación hacia las personas por su edad y que les sucede con más frecuencia a las mujeres que a los hombres, salga a flote sin premeditación y sin convertirse tampoco, ni mucho menos, en un muro de las lamentaciones.En el cine, en la televisión, en el periodismo radial se premia la juventud de las mujeres, mientras a quienes pasan de los cincuenta se las hace, con frecuencia, a un lado aduciendo todo tipo de condiciones como que se enferman más, se les olvidan las cosas con mayor facilidad, sus conocimientos informáticos son limitados. Mientras que a los hombres cincuentones se los califica como experimentados profesionales, con el don de la credibilidad. Si son barrigones, tienen canas y bolsas bajo los ojos, poco importa. Su experiencia se premia.Recabar en esas experiencias de las que se quejan la mayoría de las entrevistadas les ha dado a las creadoras de las menopáusicas un plus que se refleja en esa audiencia que crece como espuma y en su popularidad.Dos mujeres opuestas y a la vez complementarias opinan sobre el pódcast en el que participaron y se divirtieron.“Valoro este espacio que nos ha permitido reconocer las barreras que hemos superado las mujeres para tomar un lugar y aportar entre todas. Del mismo modo, derrumbar ese estereotipo de que con la menopausia se termina la vida profesional, la de pareja, la familiar ha sido importante. He disfrutado conociendo mujeres diversas que han construido una vida propia e inspiradora en lo profesional y en lo personal, sin tener en cuenta la edad”, dice María Victoria Gómez, ‘Mave’. Filosofa y escritora. Cada semana es la responsable del contenido del tarot de El Espectador.“Me parece que es un espacio enriquecedor porque las dos periodistas se preparan muy bien. Leyeron mis libros, y las preguntas fueron muy pertinentes. Me gustó que ellas propiciaron momentos de humor y que las horas pasaron muy rápido, gracias a que son muy buenas entrevistadoras. El tema de la menopausia no fue abordado en mi entrevista. Creo que el título es más bien un gancho, y la charla giró más sobre cuestiones personales y profesionales, que trataron con pericia, sin improvisación, como sí me ha pasado con una cantidad de entrevistas que he tenido desde hace muchos años”, asegura Florence Thomas, columnista de este periódico, feminista, escritora y docente ya jubilada.María Elvira y Yolanda aprovechan estar encima de la ola para reafirmar su talento en este universo mediático que es efímero si no se innova.Libro y conferenciasEste año lanzaron su libro Menopausia y más, de la editorial Penguin, en su sello Debate, que publicitan con una provocativa cintilla en la que se lee: “Cómo navegar la menopausia sin naufragar en el intento”. Y que las ha llevado a varias ferias del libro con envidiables auditorios llenos que las aplauden a rabiar y ríen con sonoras carcajadas por el desparpajo, inteligencia e ironía de sus experiencias personales y de las que han recopilado en estos años de charlar con tantas y tan variopintas mujeres.Esta publicación que no es la primera para las dos periodistas, y que de seguro no será la última, es un libro trabajado a cuatro manos, con la ayuda de especialistas, en el que sí se indaga a fondo sobre ese período de la menopausia que parecía estar confinado a los consultorios y lejos de reconocerse como una etapa de la que ninguna mujer escapa. Con palabras sencillas se explican causas, efectos y manera de hacerle el quite.Sus charlas en ferias de libro en Bogotá y en otras ciudades las ha convertido en las “reinas de los selfis”, porque decenas de mujeres no quieren perder la oportunidad de conservar en las memorias de sus teléfonos una foto con estas periodistas tan o más populares que sus entrevistadas.Yolanda Ruiz y María Elvira Samper están de moda. Un tándem ganador por partida doble. Su conversación de diván les ha servido de tribuna a decenas de mujeres para contar su vida privada sin cortapisas y a ellas mismas a meter baza con sus recuerdos y esa maleta cargada de experiencias muy pero muy personales que tampoco se atrevían a ventilar con esa frescura, sello personal, en un espacio que parece no tener caducidad. Sigue toda la información de Cultura en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.