Max Estrada MadridActualizado Martes,

agosto

00:05La pobreza se sigue elevando en Espa�a, no solo en cantidad sino que tambi�n su rangos etarios. Uno de cada tres ni�os en el pa�s vive en riesgo de exclusi�n. Lo que significa que la pobreza infantil alcanza al 33,8% de los menores de 18 a�os.Un escenario que coincide con la p�rdida de poder adquisitivo de las familias espa�olas y un alza de precios que tensa sus billeteras. En este marco, el estudio de la Fundaci�n de Estudios de Econom�a Aplicada (Fedea) elaborado por los economistas Jos� Ignacio Conde-Ruiz y Maria Alejandra Garay Aguirre, titulado �Hijos, Ciclo Vital y Pobreza en Espa�a: 2008-2025�, advierte de que la brecha �sugiere que los hogares con menores enfrentan mayores dificultades econ�micas que el promedio de la poblaci�n�. Adem�s, dan cuenta que en 2025, el 19,5% de la poblaci�n general se encontraba en riesgo de pobreza monetaria, representando unos 9,48 millones de personasEntrando en detalle, resulta relevante distinguir el indicador multidimensional de exclusi�n (33,8%) de la tasa de pobreza monetaria infantil, que se situ� en el 28,3%. Mientras que este �ltimo dato eval�a la insuficiencia de ingresos en el hogar, el indicador AROPE (33,8%) expone la privaci�n material en la vida diaria. Los datos de exclusi�n sit�an a Espa�a �claramente por encima de la media de la Uni�n Europea, situada en el 19,3%�. En 2024, el pa�s lider� la lista de la Uni�n Europea al registrar la mayor tasa de riesgo de exclusi�n social infantil, con un 29,2% frente a media comunitaria.Seg�n detalla el estudio, la ra�z de esta problem�tica no descansa en una inactividad laboral de los progenitores. Por el contrario, la baja intensidad de empleo es mayor en los hogares sin hijos (10,7%) que en aquellos que tienen descendencia a su cargo (6,6%). La verdadera causa reside en los costes espec�ficos que conlleva la crianza en el pa�s.Al comparar hogares similares en renta, empleo y caracter�sticas sociodemogr�ficas, �la presencia de hijos menores se asocia con un aumento de 1,15 puntos porcentuales en la probabilidad de sufrir carencia material y social severa�.Los investigadores afirman que esto �introduce necesidades espec�ficas de gasto y restricciones adicionales que no quedan plenamente capturadas por la renta equivalente�. Adem�s, revelan que los hogares con menores registran una brecha bruta de privaci�n material de 2,59 puntos porcentuales frente a los que no tienen hijos.Mientras tanto, el 42,6% de este diferencial se explica por variables como el nivel educativo o el empleo, el 57,4% de la brecha que permanece sin explicar, un componente que, seg�n los autores, �resulta compatible con la existencia de costes, necesidades y restricciones espec�ficas de la crianza que no quedan plenamente recogidos�.Esta penalizaci�n, sin embargo, muestra una fuerte desigualdad en la que la presencia de menores en hogares j�venes (con padres menores de 30 a�os) eleva en 7,26 puntos porcentuales la probabilidad de caer en la privaci�n material severa.Adem�s, los autores concluyen que �la penalizaci�n asociada a la presencia de hijos es entre seis y 10 veces mayor en los hogares j�venes que en los de edad media o avanzada�. Esto se debe a que la llegada de los hijos coincide con el inicio de sus carreras profesionales, marcadas por los salarios bajos y la inestabilidad.La decisi�n de miles de parejas de posponer o renunciar a la paternidad ante la imposibilidad de asumir estos costes, desemboca en una aceleraci�n del envejecimiento de la poblaci�n en el pa�s. El estudio constata que la estructura familiar es determinante, identificando a los hogares monoparentales como el colectivo m�s expuesto, con una tasa de exclusi�n del 50,3% y una pobreza monetaria del 41,2%.Ante esto, los investigadores sugieren reformular las pol�ticas p�blicas, criticando que el sistema espa�ol descanse excesivamente en deducciones fiscales de car�cter regresivo que benefician a las rentas medias y altas.El informe concluye que, para romper la transmisi�n intergeneracional de la desigualdad, es urgente implementar prestaciones directas en efectivo e �instrumentos m�s focalizados en aquellos hogares donde la crianza coincide con una mayor fragilidad estructural, como ocurre en las primeras etapas del ciclo vital o en las familias monoparentales�.