Los pesados portones del Vaticano se abrieron este lunes con un objetivo estrictamente logístico: empezar a cerrar el esquema definitivo del viaje que paralizará a Argentina en noviembre. A menos de tres meses de su arribo, el papa León XIV recibió en Roma a Jorge Eduardo Scheinig, el arzobispo de Mercedes-Luján, en un encuentro a puertas cerradas que sirvió para repasar el minuto a minuto de una gira que ya tiene a toda la maquinaria estatal trabajando contrarreloj. La elección de Scheinig para esta cumbre no es casual, ya que es una de las piezas fundamentales de la comisión nacional encargada de orquestar el desembarco papal, previsto entre el domingo 8 y el miércoles 11 de noviembre. Antes de sentarse a dialogar con el pontífice, el arzobispo cumplió con un fuerte gesto espiritual en la capital italiana: visitó la tumba del papa Francisco para rezar en silencio y luego participó de una misa en la histórica Basílica de Santa María la Mayor.

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Mientras en Europa se definen los detalles de la agenda, en Buenos Aires el Gobierno nacional ya tomó las riendas de la organización territorial. La articulación comenzó a tomar volumen la semana pasada tras una cumbre encabezada por la secretaria General de la Presidencia, Karina Milei. En esa mesa chica se sentaron ministros de primera línea, el nuncio apostólico Michael Wallace Banach y la cúpula del Episcopado local para alinear los esfuerzos entre la Iglesia, el Estado y las fuerzas porteñas. El principal dolor de cabeza que hoy ocupa a los despachos oficiales es cómo contener el aluvión de fieles en las calles. La ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, confirmó que los contactos con la custodia del Vaticano arrancaron a finales de junio e incluyeron inspecciones en los territorios. El despliegue obligará a reforzar la presencia de uniformados no solo en los eventos principales, sino en rutas, puertos, aeropuertos y pasos fronterizos de todo el país ante la inminente llegada de peregrinos extranjeros. El mapa tendrá tres epicentros de altísima convocatoria: la emblemática Basílica de Luján, el Monumento de los Españoles en pleno barrio de Palermo, y el predio del Área Material Córdoba. Este último destino militar guarda un peso histórico indiscutible, ya que fue exactamente ahí donde Juan Pablo II congregó a una multitud durante la última visita de un pontífice a la Argentina, en 1987. San Pío X, el humilde papa que renovó la liturgia e impulsó la Eucaristía infantil La rosca diplomática y el control del relato oficial Más allá del fervor religioso que copará las calles, el desembarco de León XIV (quien continuará su gira hacia Perú tras dejar el país) incluye una agenda protocolar de altísimo voltaje político. El cronograma ya tiene reservado un espacio central para que el sumo pontífice mantenga un encuentro bilateral, a solas, con el presidente Javier Milei en los salones de la Casa Rosada. Luego, el Papa tiene previsto encabezar un acto especial en el Palacio Libertad, diseñado estratégicamente para que pueda tomar contacto directo con el cuerpo de embajadores acreditados en el país y con diversos referentes de la sociedad civil nacional. Es tal la magnitud de estas convocatorias que, como telón de fondo de las negociaciones, la Casa Rosada mantiene en estudio un pedido logístico de la Iglesia: la posibilidad de decretar un asueto administrativo o un feriado excepcional. Al tratarse de misas masivas programadas en días hábiles, las autoridades eclesiásticas advirtieron que frenar la actividad habitual será indispensable para evitar el colapso total de las ciudades anfitrionas. TC/MSS