24 de agosto, 2026 - 06h00No se termina de entender por qué en el país estamos tan cercanos físicamente, pero tan distantes de los acuerdos mínimos que se requieren en medio de una situación interna compleja y difícil, con el azote del conflicto armado interno, la guerra contra las bandas criminales, que son transnacionales, el narcotráfico, la minería ilegal y la narcopolítica, que hace el juego a estos sectores y cada que puede busca la desestabilización interna. Qué difícil resulta que se comprenda el momento que se vive y que puede extenderse por años, como ha vivido Colombia, cuando hoy dirigentes políticos y candidatos están entretenidos en el proceso electoral para los comicios seccionales del 29 de noviembre próximo y las élites de todos los sectores siguen pujando por conservar privilegios y no perderlos y si hay cómo lograr algo más en medio de la crisis. Cuán lejanos están los acuerdos mínimos en campos en los que no debiera haber diferencias: la consecución de la paz en medio de la inseguridad y la violencia, el impulso a la generación de pleno empleo y la inclusión de los informales, la gestión de riesgos, el combate a la desnutrición crónica infantil, el mejoramiento de la calidad de la educación y la superación de la profunda crisis de la salud pública, el enfrentamiento de los problemas estructurales de la seguridad social, la gobernanza y la sostenibilidad fiscal, el rescate de la democracia y la débil institucionalidad, el respeto a las libertades, el control territorial, las garantías para fortalecer al sector energético y eléctrico, el combate a la corrupción.Cómo no trabajar en concertación para prepararse frente al advenimiento del fenómeno del Niño, que se desconoce cuando llegará y si será leve, moderado o fuerte, pero su impacto estaría próximo, según las advertencias de los científicos y los técnicos. Igualmente si se produjeran sismos como los ocurridos hace poco en Venezuela y Colombia, que han dejado daños irreparables, miles de muertos y la destrucción de las viviendas y edificaciones. Más interesan los temas políticos, los escándalos, las confrontaciones, el proceso electoral, el uso de las redes sociales para denigrar, injuriar, difundir mentiras y con ello confundir a la población, que cae ingenuamente por falta de información y del interés ciudadano, que vive en la indiferencia. A la clase política, salvo excepciones, no le interesan los cambios porque vive del engaño, la mentira y las promesas, con las cuales tiene atrapado al electorado que vive angustias y clama por la solución de los problemas básicos y que lucha por la sobrevivencia diaria. El país necesita un remezón para despertar e impulsar un gran diálogo nacional, desde la iniciativa ciudadana en vista de que resulta infructuoso esperar que la clase política impulse los cambios porque saben que los primeros afectados serán ellos y por eso no les interesa trabajar por el país sino seguir sirviéndose del país. Un diálogo nacional, que involucre a todos los sectores, público, privado, autoridades diversas, la sociedad organizada, tan venida a menos, que permita impulsar acuerdos mínimos en aras del futuro del país y de las nuevas generaciones, que viven en medio de la incertidumbre. Es hora de asumir los problemas con seriedad y responsabilidad. (O)