En las cuevas inundadas del karst dinárico, una región de relieve calizo situada en los Alpes Dináricos, junto a la costa oriental del mar Adriático, habita uno de los animales más peculiares del mundo. Pequeño, ciego y capaz de vivir hasta un siglo, el proteo (Proteus anguinus) ha pasado millones de años adaptándose a un entorno donde la luz nunca llega.

Conocido también como “pez humano” por el tono rosado de su piel, este anfibio es el único vertebrado europeo completamente adaptado a la vida en cuevas. La oscuridad permanente de los lugares en los que habita ha hecho innecesaria la vista, hasta el punto de que sus ojos quedan atrofiados y cubiertos por la piel durante su crecimiento.

Para compensarlo, el proteo ha desarrollado extraordinariamente el resto de sus sentidos, siendo capaz de orientarse y localizar alimento sin necesidad de ver. Su cuerpo alargado y delgado, de entre 20 y 30 centímetros de longitud, y su cabeza ancha y aplanada albergan un gran número de receptores sensoriales que le ayudan a sobrevivir bajo tierra.

Características que lo hacen único

Mientras que la mayoría de los anfibios pierden las branquias al convertirse en adultos, el proteo las conserva durante toda su vida. De hecho, es un adulto que mantiene las características de una larva, un fenómeno conocido como neotenia, que le permite permanecer perfectamente adaptado a la vida acuática y subterránea.