La economía del conocimiento —esa usina de dólares tan silenciosa como vital— quedó atrapada en el tironeo por el modelo de desarrollo productivo. En un mapa nacional dominado hoy por la energía, la minería y el campo, el peronismo que se encolumna detrás de Axel Kicillof decidió plantar bandera. La estrategia es contrastar con Javier Milei desde la gestión y hacer pie en un sector que respira al ritmo del mercado financiero global.

La jugada de la Provincia no tiene nada de casual. Funciona como una herramienta política para la virtual candidatura presidencial del gobernador. El objetivo de máxima es marcar un contraste nítido con la "motosierra" libertaria, a la que en La Plata definen como un ajuste ciego, sin plan de desarrollo. Para eso, Kicillof empezó a rodearse de gestores locales que perfilan como sus futuros cuadros técnicos. El desafío no es menor: tienen que seducir a un ecosistema corporativo castigado por los históricos volantazos de la política argentina.

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Los números de la balanza comercial dejan en claro por qué se da esta pelea. Según datos de Argencon, las exportaciones tecnológicas superaron los USD 9.600 millones el último año, consolidando al sector como el tercer complejo exportador del país (solo por detrás del agro y la energía). El sector privado encendió las alarmas de competitividad global al ver el doble estándar de la Casa Rosada: mientras el Gobierno de Milei garantiza beneficios fiscales y el RIGI a los proyectos energéticos, le pasa la tijera al presupuesto del ecosistema científico y universitario.