Un torso robótico con brazos rematados en manos articuladas se acerca a una vitrina llena de tentempiés; con unas pinzas agarra un baozi (un panecillo chino) y se desplaza hasta un microondas, donde lo introduce y gira el temporizador. La escena es menos espectacular que las que están teniendo lugar alrededor, como otros robots bípedos que corren, saltan, reparten puñetazos o juegan al ping-pong y al fútbol. Por ejemplo, Tiangong Ultra, que ha recorrido los 100 metros lisos en 9,39 segundos, por debajo de los 9,58 del récord mundial de Usain Bolt. Pero el verdadero desafío de los segundos Juegos Mundiales de Robots Humanoides, que reúnen hasta el miércoles en Pekín a 666 equipos y 2.056 máquinas de 16 países, es que estas máquinas dejen de servir para impresionar y empiecen a ser útiles en la vida cotidiana. Por eso, la muestra ha ampliado considerablemente el espacio dedicado a ese objetivo. En apenas un año, la competición ha multiplicado su tamaño y elevado el nivel de las pruebas, reflejo de la velocidad a la que está avanzando el sector. De las 51 categorías, 21 reproducen situaciones de aplicación real (frente a solo seis el año pasado), como cargar un vehículo eléctrico, prestar servicio en un restaurante, manipular medicamentos o realizar labores industriales. Más del 40% requiere que los robots actúen de forma completamente autónoma. El salto tecnológico se ha hecho visible en apenas unos meses. En febrero, decenas de humanoides de Unitree ejecutaron una coreografía sincronizada de artes marciales durante la gala televisada de Año Nuevo chino, uno de los mayores escaparates mediáticos del país; en abril, Shandian (Relámpago), desarrollado por Honor, completó de forma autónoma una media maratón en 50 minutos y 26 segundos, frente a las dos horas y 40 minutos que necesitó el ganador de la competición un año antes. Y Tiangong Ultra, que ha roto este año el récord de Usain Bolt, pasó de recorrer los 100 metros en 21,50 segundos en 2025 a hacerlo en 9,39 en 2026.Ese progreso es especialmente espectacular en la movilidad de los robots, pero el reto ahora es qué capacidades menos vistosas se pueden trasladar al mundo real. Tomar un utensilio, conectar un cable o desenvolverse ante un objeto colocado de manera imprevista exige que la máquina perciba su entorno, calcule sus movimientos y sea capaz de corregirse cuando algo sale mal. Es precisamente en esa combinación de percepción, destreza y autonomía donde sigue estando buena parte de la distancia entre los humanoides que hoy deslumbran en las exhibiciones y los que algún día podrían trabajar de forma fiable en una fábrica o un hospital. “Coger con los dedos un blíster, meterlo junto a las instrucciones en una caja y luego cerrarla es mucho más complicado que correr detrás de una pelota o chutar”, recalca Hong Yizhou, estudiante de tercero en Inteligencia Artificial en la Universidad Beihang de Pekín —la primera institución de educación superior de aeronáutica y astronáutica de China— y participante en los juegos. En su opinión y la de sus compañeros de equipo, que aspiran a obtener medalla en la final del lunes, estos robots podrían estar operando en unos dos o tres años. “Los brazos robóticos ya se utilizan ampliamente en las fábricas, pero este tipo de robot puede aumentar significativamente la productividad”, insiste Hong. China es ya, con diferencia, el mayor mercado mundial de robots industriales: sus fábricas tenían más de dos millones de unidades en funcionamiento en 2024 y absorbieron ese año el 54% de todas las nuevas instalaciones del planeta. Por primera vez, además, los fabricantes nacionales superaron a sus competidores extranjeros dentro del mercado chino, con una cuota del 57%, frente a alrededor del 28% una década antes. El gigante asiático también domina el incipiente mercado de los humanoides: sus empresas entregaron más de 40.000 unidades solo durante la primera mitad de 2026, el 97% del total mundial, según datos citados por Reuters. Y ese entusiasmo también ha llegado a los mercados. Unitree protagonizó recientemente una espectacular salida a bolsa en Shanghái, en la que recaudó 6.100 millones de yuanes (alrededor de 780 millones de euros) y cerró su primera sesión un 460% por encima del precio de colocación, con una valoración de unos 50.000 millones de dólares (42.780 millones de euros). Pekín pretende ahora aprovechar esa base industrial para dar el siguiente salto. La robótica humanoide forma parte de las industrias vinculadas a las “nuevas fuerzas productivas”, el modelo de crecimiento basado en innovación y tecnología avanzada que el presidente Xi Jinping ha situado en el centro de su política económica. La apuesta se ha concretado especialmente en los últimos años. En 2023, el Ministerio de Industria publicó una hoja de ruta para el desarrollo de humanoides, con el objetivo de alcanzar su producción en lotes en 2025 y acelerar su integración en la economía real para 2027. El XV Plan Quinquenal (2026-2030), estrenado este año, ha elevado ahora la llamada inteligencia incorporada (sistemas de inteligencia artificial capaces de percibir el entorno físico y actuar sobre él) a una de las seis industrias de futuro que China aspira a convertir en nuevas fuentes de crecimiento. El documento reclama además explorar aplicaciones concretas y modelos de negocio viables. Detrás de esa apuesta confluyen varias de las grandes preocupaciones económicas de Pekín. China busca nuevas fuentes de productividad en un contexto en el que su población envejece y disminuye la fuerza laboral, pero, al mismo tiempo, también quiere preservar el peso de una industria manufacturera que durante décadas ha sustentado su crecimiento. Los humanoides ofrecen, al menos sobre el papel, una ventaja frente a otras formas de automatización: al imitar la anatomía humana, podrían incorporarse a fábricas y otros espacios diseñados para personas sin necesidad de reconstruirlos por completo, resumen desde el Beijing Science Center en un texto dedicado a explicar ¿Por qué celebrar unos Juegos de robots humanoides?China cuenta además con algo que ya le permitió ganar terreno en sectores como los vehículos eléctricos o las baterías: una gigantesca base manufacturera y una cadena de proveedores capaz de producir a escala motores, sensores y otros componentes y abaratar sus costes. El Gobierno está reforzando esa ventaja con subsidios. Fondos respaldados por el Estado habían comprometido en 2025 más de 20.000 millones de dólares (unos 17.000 millones de euros) para el sector de los humanoides, calcula Reuters. Pero no solo financia a los fabricantes: las compras públicas de tecnología relacionada con humanoides pasaron de 4,7 millones de yuanes en 2023 (unos 600.000 euros) a 214 millones (27,2 millones de euros) un año después.La euforia convive, sin embargo, con dudas sobre cuánto de ese auge responde ya a una demanda comercial genuina. Casi 370 empresas de robótica han surgido en China en los últimos dos años, recoge Financial Times, pero una parte importante de la demanda procede de centros de entrenamiento respaldados por gobiernos locales, que utilizan estas máquinas para recopilar datos con los que mejorar sus modelos. Incluso Unitree vende todavía muchas de sus creaciones a universidades e instituciones de investigación y tiene pocos robots desplegados en entornos comerciales. Wang Xingxing, fundador de Unitree, ha situado en hasta diez años el horizonte para alcanzar el salto de software que permita a un robot recibir una instrucción y ejecutar de forma autónoma la mayoría de las tareas en un entorno desconocido. A su juicio, el gran reto no es construir el cuerpo, sino desarrollar la inteligencia capaz de controlarlo. Y esa carrera es también geopolítica. Estados Unidos conserva importantes ventajas en inteligencia artificial y está detrás de parte de la investigación que hizo posibles algunos de los avances actuales, pero China ha demostrado una capacidad extraordinaria para industrializar esas innovaciones y producirlas a gran escala. Reuters ha reconstruido cómo investigaciones sobre robots cuadrúpedos financiadas por el Ejército estadounidense terminaron sirviendo de base tecnológica a máquinas que Unitree pudo fabricar después mucho más baratas. Washington ha empezado a considerar esa ventaja industrial como un problema de seguridad nacional. La Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos prohibió en julio la entrada de nuevos modelos extranjeros de robots humanoides y cuadrúpedos conectados, aunque ha concedido excepciones a proveedores no chinos. Pekín ha denunciado la medida como un intento de contener a sus empresas y ha amenazado con responder. La pugna reproduce así una cuestión cada vez más central en la rivalidad tecnológica entre ambas potencias: no solo quién desarrolla primero una tecnología, sino quién consigue convertirla en una industria competitiva y dominar el mercado.
Más allá de romper el récord de Usain Bolt: China pone a prueba los robots humanoides del futuro
Las olimpiadas en las que un robot bípedo batió el récord mundial en 100 metros lisos miden el salto de las exhibiciones a las aplicaciones reales de un sector estratégico para Xi Jinping










