Todos ellos huyen del calor, defienden que estos espacios, en el Círculo de Bellas Artes, en el Centro Cultura Matadero, en la sede del Ayuntamiento CentroCentro, deberían superar la almendra central de Madrid y apuestan por mejorar la oferta por encima de una foto bonita como resultado. Todos ellos hablan desde alguno de los tres refugios climáticos abiertos en la capital, desde esos lugares en teoría pensados para guarecerse de las altas temperaturas, pero totalmente insuficientes para la población que de ellos haría uso si la oferta estuviera más extendida por la ciudad. Mientras los usuarios reclaman más iniciativas públicas de este tipo, los expertos consideran que deberían abrir más tiempo, expandirse más allá del centro y priorizar el confort a las opciones culturales.Fernando Valladares, científico experto en clima del Centro Superior de Investigación Científicas (CSIC), tilda de “esencial” la idea de los refugios climáticos en una ciudad como Madrid. “Vamos con mucho retraso. Madrid es una de las ciudades del mundo que mantiene una mayor diferencia de temperatura entre el interior de la ciudad y sus alrededores”, apunta el también profesor asociado de la Universidad Rey Juan Carlos I.Hace un par de años que estos espacios llegaron a la capital. El Círculo de Bellas Artes, institución privada, fue pionero en ello. Este verano se han sumado dos opciones municipales más ubicadas en CentroCentro con el ‘Espacio Cultural Vegetal’ en la plaza de Cibeles, y en Matadero Madrid, con ‘Un cuarto de estar para la ciudad’ en Arganzuela. Valladares opina que estas localizaciones no son las mejores: “Son zonas muy turísticas y centrales, cuando la gente que más los necesita está en el extrarradio. Creo que es una salida bastante comercial”.Amelia González opina lo mismo. Ella se ha acercado al refugio del Círculo de Bellas Artes, que ocupa el Salón de Baile del imponente edificio y en el que hay hamacas, plantas, esterillas, mesas de trabajo, juegos de mesa y hasta una instalación denominada ’62 descansillos’ y diseñada por Recetas Urbanas. “Aquí se está mejor que en mi casa”, comenta esta vecina de Aluche y empleada de ayuda a domicilio para personas mayores que ronda los 50 años.El investigador del CSIC también critica que en los refugios climáticos se lleven a cabo tantas actividades ligadas al ocio, como conciertos y presentaciones. Aunque no son incompatibles con el fin último de estos lugares, Valladares sostiene que “la prioridad tiene que ser ir barrio por barrio” para crear refugios climáticos y “empezar por aquellos de rentas per cápita más bajas”. Ana Terra Amorim es investigadora postdoctoral en el Basque Center for Climate Change (BC3) y está especializada en adaptación climática en las ciudades. Desde su punto de vista, el refugio no puede convertirse en un plan cultural del verano, sino “funcionar como una infraestructura pública de cuidado y protección contra el calor extremo”. Por eso, piensa que la cultura puede ayudar mucho, pero nunca sustituir la función básica del refugio climático, que es erigirse como un lugar en el que descansar, hidratarse, sentarte y protegerse de las altas temperaturas.Tamara Arranz y Fabián Jiménez están tirados en uno de los grandes cojines que pueblan el refugio de Matadero. “Estábamos paseando y hemos entrado por curiosidad. No sabíamos si esto era una instalación artística inmersiva o algo así”, comentan confusos. Vecinos de Bustarviejo, ambos profesionales del cine, de 41 años ella y 29 él, tildan el espacio como aquel que “siempre necesitas”: “Donde poder charlar, tumbarte, estar fresquito sin asfixiarte del calor y sin tener que consumir”. Sin embargo, opinan que no hay necesidad de que estos lugares sean tan “chic”. A su alrededor, mesas alargadas, plantas y luces tenues verdes, naranjas, rosas y moradas.Asimismo, tanto Terra como Valladares exclaman que un gran error de estos refugios son sus fechas de apertura. El de Matadero Madrid estará abierto del 1 al 31 de julio; el de CentroCentro desde el 3 de julio al 30 de agosto, y el del Círculo de Bellas Artes desde el 9 de julio al 6 de septiembre. “No tiene sentido abrir estos refugios en fechas fijas, esos protocolos han quedado anticuados. Hemos tenido olas de calor en mayo”, comenta la investigadora.Por otro lado, Valladares enfatiza la falta de una app que indique de forma sencilla y rápida la ubicación de los refugios. “Si me puede dar un golpe de calor, si necesito agua fría, si mi hijo lleva un rato jugando al fútbol y se encuentra mal… Necesito saber rápidamente dónde está el refugio más cercano y si está abierto”, se explaya. Su colega del BC3 opina algo similar, pues apenas existe señalítica que indique la ubicación de estos refugios en sus inmediaciones. “Hace falta un sistema de información multicanal. La app está bien para quien utiliza los móviles, pero también hay que llegar a paradas de bus, farmacias, centros de salud, colegios y asociaciones vecinales”, añade.A través del móvil se enteró Víctor Briceño de la existencia del refugio en CentroCentro, que aparece gobernado por unas plantas de gran porte, dos estanterías con algunos libros, numerosas sillas con ruedas y el sonido artificial del agua y el piar de los pájaros de fondo. Tiene 32 años y vive en Arganda del Rey: “Que estos lugares lleguen a las afueras es muy importante. También echo de menos que sea más fresco, que haya más aire”.Al igual que este asistente de comercio internacional, la familia de Esther Expósito ha llegado al refugio de CentroCentro un sábado en el que no está encendido el aire acondicionado en la sala. Ella tiene 46 años, viene desde San Fernando de Henares junto a su marido y su hija pequeña, y piensa que “parece algo enfocado más a los turistas”, dice mientras de fondo dos mujeres hablan en inglés.La sanfernandina recalca que “en las ciudades de la periferia parece que solo abren centros comerciales” y no espacios como estos. “Y si vas al centro comercial ya vas en modo compra, a consumir, y no es lo que queremos”, sentencia esta administrativa de un colegio.Sobre esta cuestión también se pronuncia Terra: “Las ciudades tienen que tener sus propias redes de refugios públicos, pero existen espacios privados o comerciales que pueden cumplir con sus criterios. Si no exigen un consumo obligatorio para estar en ellos, yo los añadiría a la lista”. Según las respuestas que esta investigadora cosechó durante su tesis doctoral, mucha gente afirmaba acercarse a El Corte Inglés para estar más fresco que en sus casas. “Incluso yo misma de viaje a veces he entrado en una tienda solo para no pasar tanto calor durante unos minutos”, acepta.Tras esperar una cola de unos 20 minutos la misma tarde de su apertura, Lucy Acuña lee tranquilamente en la segunda planta del Círculo de Bellas Artes: “Vivo en un sexto piso y el calor es horrible”, dice a sus 30 años esta cuidadora de niños establecida en Palos de la Frontera. A pocos metros están Eugenia Funes y Vicente Garri, de 62 y 68 años respectivamente, llegados desde Alicante: “Esto es una entidad privada. Debería ser el Ayuntamiento el que expandiera la oferta por todos los barrios. Menos dinero para toros y más dinero para refugios climáticos”, reivindican.Hay tanta gente en el Círculo que Joaquín Álvarez ha elegido el mármol del suelo para que descansen y se enfríen sus posaderas mientras lee una revista. Es cineasta, vive en Chamberí y tiene 29 años. “Estos lugares también crean comunidad”, sostiene. Parecido piensan Jorge Ávalos y Adrián Rodríguez, quienes se muestran sorprendidos por la cantidad de gente que hay: “Hemos llegado sin expectativas y está bien montado”. Camarero y vecino de La Latina el primero e ingeniero aeroespacial residente en Usera el segundo, ambos de 30 años, agradecen estas iniciativas. “Sería ideal que se replicaran en muchos más lugares”, concluyen.