Los bulos nutricionales cada vez son más populares

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Antonio Ortí

Según una encuesta realizada entre 2.215 personas por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT), los bulos relacionados con la nutrición encabezan ahora la lista de ámbitos donde la población percibe más desinformación (40%), incluso por delante del cambio climático (36,2%), los tratamientos médicos (31,9%) y las vacunas (28,3%). El último bulo que circula en agosto, por cierto, es que durante el próximo eclipse del 12 de agosto bajaremos de peso.

Comer ha conversado con Celia Díaz, profesora de Sociología en la Universidad Complutense de Madrid y una de las autoras del estudio, para conocer por qué las falsedades relacionadas con la alimentación se han convertido en el pan nuestro de cada día. Según comienza explicando esta socióloga, “las plataformas digitales premian los contenidos que generan una respuesta emocional, favoreciendo su difusión”. Y es que los bulos científicos no se propagan únicamente porque no sepamos distinguir la verdad de la mentira, sino, sobre todo, “porque despiertan emociones tan intensas que eclipsan cualquier actitud crítica”, reflexiona esta socióloga. A renglón seguido, Díaz pone un ejemplo: “hay una noticia que está circulando sobre los alimentos que reducen el cortisol y, por lo tanto el peso corporal, que es falsa”, informa. “Pero cuando hemos preguntado por qué algunos se la creen, nos han respondido que es una noticia esperanzadora y optimista y que por, consiguiente, piensan divulgar”, desvela. Es decir, muchas noticias falsas se comparten para levantar el ánimo, aunque luego ese mismo ánimo decaiga a la altura del betún cuando el conocimiento científico existente pone las cosas en su sitio.