La inteligencia artificial lleva ya un tiempo utilizándose en medicina para realizar diferentes acciones, como analizar pruebas, resumir informaciones y ayudar a los profesionales a detectar posibles riesgos. Todos sabemos que, gracias a su increíble capacidad para procesar grandes cantidades de datos, ahorra mucho tiempo y puede encontrar detalles difíciles de ver a simple vista, además de dar una mayor inspiración, pero eso no significa que pueda tomar decisiones por su cuenta. Esto lo refleja a la perfección Diego Castillo, doctor en Ingeniería e investigador de Ciencia de Datos biomédicos e IA aplicada ha defendido que la supervisión humana sigue siendo imprescindible en este campo. "Siempre se necesita supervisión humana" Durante su intervención en un curso de verano de la Universidad Internacional de Andalucía celebrado en Baeza, Jaén, explicó que los algoritmos pueden cometer errores y que, por tanto, no se debe dejar en sus manos una decisión médica completa: "No se puede dejar el 100% de la decisión de su parte. Nunca sustituirá a un médico en una decisión clínica, siempre se necesita supervisión humana", remarca.El investigador también puso como ejemplo el uso de herramientas como ChatGPT, Gemini o Claude en ámbitos como la oncología o la cardiología. Según explicó, estos sistemas son útiles y pueden servir para interpretar y resumir historias clínicas. Gracias a ello pueden "identificar puntos críticos" que son vitales. Castillo participa en el proyecto europeo ERC-ORACLE, en el que la IA también se está aplicando al seguimiento de pacientes que se recuperan de un síndrome coronario agudo.El sistema utiliza unos datos obtenidos mediante sensores y variables antropométricas para calcular el riesgo: "Predecimos si puede haber una recaída y ajustamos los tratamientos de forma personalizada gracias a las recomendaciones de la IA", afirma. También habló de la protección de los datos médicos y la privacidad en relación a todo esto e hizo un llamamiento a la calma, asegurando que la normativa europea y española ofrece, en comparación con otras partes del mundo, como Estados Unidos o China, "una regulación mucho más avanzada y acentuada".