En un lujoso apartamento abandonado en Damasco, la capital siria, hombres armados vestidos con uniformes militares revisaban minuciosamente ropa de diseñador y documentos.

Dispersas por el suelo del salón, bajo una reluciente lámpara de araña de cristal, había decenas de fotos del mismo hombre delgado en diferentes escenarios, como sentado en su escritorio o jugando en la nieve.

Y varias copias de la misma imagen, en la que aparecía sonriendo cálidamente mientras estrechaba la mano del derrocado líder sirio Bashar al Assad.

El hombre no era fácilmente reconocible, pero las medallas de oro y los certificados dorados apilados cerca llevaban inscrito el nombre de Hussam Luka.

Conocido como “La Araña”, Luka era uno de los principales lugartenientes de Assad, acusado de orquestar atrocidades y torturas sistemáticas, y sancionado por Estados Unidos, Reino Unido y la Unión Europea.