El Circuito de Zandvoort fue escenario de un desenlace tan inesperado como dramático para el ídolo local. Max Verstappen vivió una jornada para el olvido en la que debía ser una de sus presentaciones más emotivas frente a su gente. Tras partir desde la séptima colocación, el piloto de Red Bull protagonizó un fuerte impacto contra las barreras apenas iniciado el recorrido principal, provocando una bandera roja inmediata y silenciando a las miles de almas teñidas de naranja en las tribunas.
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La previa al evento principal estuvo marcada por una intensa tormenta que dejó la pista delicada y con sectores húmedos. En ese escenario complejo, el tetracampeón mundial buscaba avanzar desde el séptimo cajón de partida para regalarle un último gran momento a su afición en la despedida oficial del trazado neerlandés del calendario de la máxima categoría.
Sin embargo, al transitar el giro inicial, el monoplaza patinó tras pisar la línea blanca interna de la curva 14, el sector de pronunciado peralte que desemboca en la recta principal. Verstappen perdió el control absoluto del vehículo, golpeó violentamente contra el muro exterior y rebotó hacia el sector interno, destrozando la parte frontal y lateral de su coche. Por fortuna, el propio deport llevó tranquilidad al box mediante la radio al confirmar rápidamente que se encontraba ileso, aunque lamentó profundamente el prematuro final de su competencia.










