Mapa del arte moderno y contemporáneo en Latinoamérica, exploración de las relaciones entre arte y sociedad (o de los artistas respecto del orden social), compendio de las teorías estéticas en la región, encuesta en torno a la posibilidad de un “arte latinoamericano”, indagación acerca de los debates e intercambios críticos sobre la creación artística latinoamericana, relevamiento de las tendencias y circuitos actuales del arte en América Latina, esbozo de una historia académica e intelectual –es decir, de docentes, investigadores, historiadores, curadores– que han tomado el arte latinoamericano por objeto de estudio y gestión institucional (muesos, bienales, ferias, muestras, etc.) desde los años 70 del siglo pasado hasta hoy, todo eso y un poco más, El arte en América Latina propone un juego de diversas perspectivas y análisis, esas “voces y miradas” a las que alude el subtítulo, no siempre convergentes, por otro lado, cuyo horizonte no deja de fugarse, de resistirse a cualquier composición homogénea. En parte, este interesante efecto, que pone en entredicho algunas técnicas de objetivación (y de observación metódica), resulta (de modo deseado o indeseado) del modo de interrogar a las “voces” convocadas, todas de la academia latinoamericana o próximas a esta, de quienes entrevistan, Ana Bugnone y Emiliano Sánchez Narvarte, a su vez también docentes universitarios (argentinos), quienes preguntan a sus colegas más o menos lo mismo con eje –casi siempre atravesado de teoría cultural e historia social del arte en las respuestas– en el vínculo arte y sociedad. El hecho es que este marco, aplicado a contextos sociales y políticos (hasta cierto punto, también culturales) diversos y heterogéneos, aunque localizados en América Latina –Argentina, México, Brasil, Venezuela, Colombia, Chile, Uruguay, Perú, Paraguay, Puerto Rico, Cuba–, cuando no la diáspora interna y externa, dificulta caracterizar en qué consiste la relación arte-sociedad en general, tanto como definir los rasgos comunes en lo artístico y lo estético. Además, lo que aporta a ese conjunto rico y heteróclito cierta cualidad metamórfica, las “miradas” interrogadas –respondiendo a la invariable primera pregunta– explican cómo y por qué se han interesado por las implicaciones del arte y la sociedad (o la inversa) y cuál ha sido su formación intelectual y cuáles las herramientas teóricas con la que han abordado y abordan el devenir del arte latinoamericano. Al respecto, si bien es aluvional la influencia del sociólogo Arnold Hauser y de su obra Historia social de la literatura y del arte (1951), traducida por primera vez en 1957 por la editorial española Guadarrama, que analiza la influencia de los cambios sociales en la creación artística, y algunas menciones recurrentes a historiadores y críticos de la región (Romero Brest, Marta Traba, Juan Acha, Adolfo Sánchez Vázquez, entre otros), el repertorio de autores referenciados en las entrevistas abarca una amplia gama –con excepciones– de la teoría marxista del arte. Como dice Rita Eder, historiadora del arte e investigadora mexicana, entrevistada en el libro, el marxismo ha sido “muy productivo” en el campo de la investigación acerca de las relaciones entre arte y sociedad en América Latina. Aun así, los matices y diferentes modalidades y enfoques críticos de los teóricos marxistas más citados (entre Hauser y Jacques Rancière hay poco menos que un abismo) solo permite nominalmente o ex hypothesi usar el término global “marxismo”.