Si en los últimos meses escuchaste a alguien decir que un gesto elegante “le dio 10.000 de aura” o que una situación vergonzosa en la vía pública “le hizo perder aura”, no se trata de una moda mística ni de esoterismo contemporáneo. Se trata del último gran fenómeno sociocultural de la Generación Z, una lógica conceptual tomada del universo de las pantallas que transformó la actitud personal, la desenvoltura y el carisma en una métrica cuantitativa. La expresión nace de la combinación de dos mundos aparentemente lejanos. Por un lado, el concepto farmear proviene del verbo en inglés to farm, un término clásico del lenguaje del gaming –popularizado en videojuegos como League of Legends o Pokémon Unite– que describe la acción sistemática de realizar tareas repetitivas para acumular puntos, nivel o recursos. Por otro lado, el aura representa la presencia, la serenidad y la magnética seguridad que proyecta un individuo hacia su entorno. Así, farmear aura no es más que la ejecución consciente de acciones –tanto en la cotidianeidad física como en el entorno digital– destinadas a sumar “puntos de estilo” y estatus simbólico ante la mirada ajena.
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