El secuestro fue redondo. Ocurrió el pasado 26 de septiembre. Un grupo de hombres armados en motocicletas y pickup asaltaron una hacienda al sur de Bamako, la capital de Malí. Los atacantes, que arrasaron con el hangar de la finca, eran miembros de JNIM, siglas en árabe (transliterado) del Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes, organización terrorista vinculada a Al Qaeda que acampa en el Sahel. Tres rehenes: un indio, un paquistaní y un emiratí. Este último era el pez gordo. Se llama Ahmed bin Maktum bin Juma al Maktum, tiene 78 años y es miembro de la familia que rige el emirato de Dubái. La negociación fue rápida a tenor de los tiempos de secuestro habituales. A finales de octubre, Al Maktum y sus compañeros de cautiverio ya eran libres. El pago, sin duda, ayudó a agilizar la operación. JNIM, uno de los grupos terroristas más temidos y activos del mundo, recibió 50 millones de dólares, unos 43 millones de euros al cambio.Las primeras informaciones sobre el secuestro las ofreció el pasado 5 de diciembre The Wall Street Journal, que estimó en unos 19,6 millones de euros el rescate. Esa cifra, de por sí elevada, la ha corregido en sus dos últimos informes el Equipo de Apoyo Analítico y Vigilancia de las Sanciones, que pone al día para el Consejo de Seguridad de la ONU la información disponible sobre las dos organizaciones al frente del yihadismo global: Al Qaeda y Estado Islámico (ISIS, en sus siglas en inglés). Fueron los 43 millones citados. En el último de los reportes, publicado el pasado día 10, este grupo de expertos, bajo la dirección del analista Colin Smith, aportaba un detalle muy significativo: “[El rescate] fue crucial para la financiación de la ofensiva de JNIM en Malí, y es probable que una parte de los fondos se canalizara hacia la red general de Al Qaeda”. Tan habituales son los secuestros como fuente de financiación terrorista como lo es la opacidad en torno a quién paga y cuánto apoquina. La cantidad que la familia dubaití Al Maktum reunió para liberar al septuagenario príncipe, involucrado en el comercio de metales en el país saheliano, está entre las sumas más altas jamás pagadas por un rescate. Sirva de ejemplo, hay constancia de que allá por 2020 se llegó a desembolsar en torno a 25 millones de euros por la liberación de un francés y dos italianos. Más habitual es retener a un empresario por entre 2.000 y 4.000 euros. “La diferencia en este caso es que proviene de un solo rehén”, señala en un mensaje Wassim Nasr, investigador de The Soufan Center. “Fue posible negociar el asunto rápida y discretamente”. El entramado de grupos que forman JNIM, entre ellos, el brazo saheliano de Al Qaeda en el Magreb Islámico, Katiba Macina, Ansar Dine y Al Murabitún, es complejo. Bajo las órdenes del veterano tuareg Iyad Ag Ghaly, la organización, de entre 6.000 y 8.000 combatientes e incluida en la lista de grupos terroristas de la Unión Europea y Estados Unidos, ha puesto contra las cuerdas, con ayuda de los rebeldes tuareg, a la junta militar que gobierna Malí desde el golpe militar de hace algo más de un lustro. Y eso pese al apoyo que Bamako recibe de los mercenarios a sueldo de Rusia. El golpe a los Al Maktum fue enormemente beneficioso para el grupo terrorista. Señalan los expertos que elaboraron el último informe para la ONU, con información de inteligencia de los países miembros, que los millones se distribuyeron entre las brigadas que forman parte de JNIM. Beatriz de León Cobo, analista del Royal United Services Institute, afirma en conversación telefónica que el cobro de aquel rescate “capacitó mucho a JNIM y permitió operaciones como la del pasado 25 de abril”. Aquel día, el grupo lanzó junto a los rebeldes tuareg una ofensiva en varias regiones; atacaron el aeropuerto internacional de Bamako, la principal base militar de la capital y las ciudades de Mopti y Kidal. La embestida se saldó con la muerte del ministro de Defensa, Sadio Camara. De León Cobo cree que el dinero que JNIM saca de secuestros como el del emiratí de la familia Al Maktum sirven a la organización, sobre todo, para reclutar efectivos, necesarios con tantos frentes abiertos en la región del Sahel, y costear acciones como la del bloqueo a la compra de combustible que trataron de imponer los yihadistas en la segunda mitad del pasado año. Justyna Gudzowska, directora ejecutiva de la organización The Sentry, especialista en la investigación de crímenes transnacionales, aporta otro detalle: “Los aspectos no monetarios del acuerdo pueden ser tan importantes como el dinero”, dice en un correo electrónico. Se refiere Gudzowska a que, junto a esos 43 millones, JNIM obtuvo munición y armamento, además de la liberación de muchos de sus hombres presos en cárceles malienses. “El dinero en efectivo aún tiene que pasar por una red de contrabando antes de convertirse en armas o suministros, mientras que las municiones y los combatientes liberados, no”.Emiratos en ÁfricaLos hombres de Ag Ghaly —dicho grosso modo porque en secuestros de esta magnitud intervienen muchos grupos armados e intermediarios— eligieron a un miembro de una de las familias más poderosas de Emiratos Árabes Unidos no en vano. La presencia de emisarios y empresarios emiratíes es muy numerosa en prácticamente todo el Sahel y hasta el Cuerno de África. Emiratos es el país del Golfo que más ha invertido, tanto en el apartado diplomático como en el económico —en incluso en el campo de la guerra—, en esta franja del continente africano en los últimos años, justo cuando Occidente ha reducido su presencia ante los sucesivos golpes de Estado en la región, cargados muchos de ellos de argumentario antiimperialista.Aquel 26 de septiembre, Al Maktum se sumó a varias decenas de extranjeros que cayeron cautivos el pasado año. Según las cuentas de Héni Nsaibia, investigador de la organización de monitoreo de conflictos Acled, en 2025 fueron 56 los foráneos en manos de estos grupos armados en África Occidental. En lo que va de año, la cifra se ha desplomado hasta sumar solo cinco secuestros de este tipo. “El menor número de incidentes no indica necesariamente una reducción significativa del riesgo”, señala este analista. “Un ciudadano alemán fue secuestrado entre Tahoua y Agadez, en Níger, a finales de julio, mientras que en Malí se han producido varios incidentes relacionados con el secuestro de mineros chinos y otros extranjeros”. Todos los expertos consultados coinciden en valorar la suma reunida en el rescate del príncipe emiratí, pero también en que el secuestro es solo una de las formas de obtener dinero por parte de JNIM. El grupo también nutre sus arcas con lo que obtiene de la explotación de minas de oro, del robo de ganado, de impuestos, extorsiones o de la recaudación del zakat (pilar del islam que obliga a una donación anual de parte de las riquezas, normalmente en torno al 2,5%). “El rescate contribuyó, pero no fue la razón principal de los recientes y complejos ataques de JNIM”, apostilla Rida Lyammouri, investigador del Policy Center for the New South. “JNIM implementó y comenzó a utilizar nuevas tácticas, como el uso de drones, al menos desde 2023”.Dinero a repartirMás allá de la cuantía desorbitada del rescate, lo que ha llamado la atención a los expertos que trabajan para la ONU, fue su destino. Parte del dinero, según su investigación, fue a parar a Al Qaeda Central y a su ramificación en la Península Arábiga (con base en Yemen), en otros tiempos una de las más activas en la instigación y comisión de atentados en el extranjero. Si bien parece probado que el ISIS mantiene una estructura financiera que nutre, por ejemplo, a sus diferentes provincias africanas, bien sea desde Somalia o desde Nigeria, los vasos comunicantes entre los diversos brazos de Al Qaeda han sido más escurridizos tras la muerte de sus dos grandes líderes, el saudí Osama bin Laden y el egipcio Ayman al Zawahiri. La llegada a la oficina central de la red terrorista —ya esté en Irán, Pakistán o cualquier otro escondrijo— de parte del dinero obtenido por la liberación de Al Maktum muestra que el grupo autor del 11-S, atentados de los que pronto se cumplirán 25 años, mantiene aún una estructura financiera integrada. Algo que puede hacer saltar las alarmas de las cancillerías de medio mundo.
El secuestro de un príncipe emiratí que llenó las arcas de la rama más temida de Al Qaeda
Una investigación del equipo de expertos de la ONU cifra en 50 millones de dólares el rescate pagado en 2025 por un miembro de la familia gobernante de Dubái. Parte de la suma fue a parar a la oficina central de la red terrorista y a Yemen










