OpiniónTenemos la oportunidad de hacer algo distinto: no limitarnos a reconstruir lo que cayó, sino construir lo que durante décadas nos ha hecho falta.22.08.2026 23:15 Actualizado: 22.08.2026 23:15 El 10 de agosto, mientras la tierra se movía, miles de familias chocoanas veían cómo el producto del esfuerzo de generaciones enteras se venía al piso o quedaba inutilizable. Debajo de los escombros quedó el patrimonio de familias que, a sol y agua, durante años habían levantado sus sueños en forma de una casa.Hay un dato que explica mejor que cualquier adjetivo la dimensión de esa pérdida: el Chocó es, al mismo tiempo, el departamento con mayor proporción de hogares en vivienda propia del país (53,5 %) y uno de los territorios con mayor déficit habitacional. No es una contradicción. Aquí la propiedad rara vez llega por crédito hipotecario o proyecto inmobiliario; llega por el esfuerzo de toda una vida. Para miles de familias, esa casa es su principal patrimonio y la única herencia material que pueden dejarles a sus hijos.La tragedia tampoco se detuvo ahí. Golpeó una infraestructura pública que ya era frágil: escuelas gravemente afectadas y el único hospital departamental funcionando hoy más por la necesidad de nuestra gente que por contar con las condiciones adecuadas para hacerlo.El terremoto, además, golpeó a un territorio que tenía muy poco con qué amortiguar sus consecuencias. Antes del 10 de agosto ya teníamos uno de los déficits habitacionales más graves de Colombia, enormes necesidades de infraestructura, desconexión vial y problemas de conectividad y energía eléctrica.Por eso, muchas de las soluciones que funcionan en otras regiones tienen aquí límites reales. No existe un excedente suficiente de viviendas para que miles de damnificados puedan arrendar mientras reconstruyen sus casas. La educación virtual tampoco puede convertirse en una solución sostenible cuando antes del terremoto muchas comunidades no tenían garantizadas la conectividad ni la electricidad. De hecho, veníamos de protestas ciudadanas reclamando justamente estos servicios.He recorrido desde el primer día Quibdó, Tadó, San José del Palmar, el Litoral del San Juan y el Bajo Baudó. Y la pregunta que más se repite no es sobre estadísticas ni presupuestos: ¿cuándo empieza la reconstrucción de verdad? ¿Cuándo volveremos a tener una casa donde dormir sin miedo?En el Chocó necesitamos una reconstrucción acelerada y diferenciada, no una fórmula uniforme copiada de otros territorios. Esta es la razón por la que hemos propuesto un banco de materiales y herramientas, con asistencia técnica y participación pública y privada, de manera que se pueda acelerar la vivienda definitiva sin depender únicamente de los tiempos de la contratación estatal. Y por eso insisto en que, si el país amplía el cupo de Obras por Impuestos, el Chocó debe tener un lugar central: no basta con que el cupo crezca, tiene que llegar, con reglas claras y plazos definidos, permitiendo acceso real a un territorio sin base de infraestructura previa sobre la cual reconstruir más rápido.El Chocó está profundamente agradecido con Colombia por la solidaridad recibida, es esta solidaridad, junto con la persistencia del trabajo local, la que nos ha permitido trasegar esta emergencia. Sin embargo, esa solidaridad debe convertirse ahora en un compromiso sostenido. Existe un riesgo real: que cuando la emergencia deje de ocupar los titulares, el Chocó vuelva a quedarse solo con sus problemas, como tantas veces ha ocurrido.En el Chocó necesitamos una reconstrucción acelerada y diferenciada, no una fórmula uniforme copiada de otros territoriosTratar igual a territorios que parten de condiciones profundamente desiguales no es equidad. El 9 de agosto ya teníamos un enorme déficit habitacional, escuelas que necesitaban intervención, problemas de servicios públicos y un hospital con grandes necesidades. Por eso, reconstruir al Chocó no puede significar devolvernos al 9 de agosto.Si el objetivo es solamente reconstruir lo que existía antes del terremoto, correremos el riesgo de levantar nuevamente las paredes y, con ellas, las desigualdades que esta tragedia dejó al descubierto.El Chocó se va a levantar. De eso no tengo duda: lo hemos hecho muchas veces. Esta vez tenemos la oportunidad de hacer algo distinto: no limitarnos a reconstruir lo que cayó, sino construir lo que durante décadas nos ha hecho falta.NUBIA CAROLINA CÓRDOBA CURIGobernadora del Chocó Sigue toda la información de Opinión en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal. BOLETINES EL TIEMPORegístrate en nuestros boletines y recibe noticias en tu correo según tus intereses. 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