0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialImaginemos que una empresa es capaz de enterarse de los momentos de mayor vulnerabilidad de los adolescentes. Por ejemplo, cuando sufren inseguridad respecto a una parte de su cuerpo, si le preocupa a uno el acné o a otra aquella incipiente celulitis… Imaginemos que esa compañía vende esos datos personales a las marcas de cosméticos para hacer llegar a cada chaval el producto que supuestamente les va a resolver el problema. Con esas prácticas, y otras peores, se lucró Facebook (ahora Meta). Estos días se juzga en EE.UU. a la empresa de Mark Zuckerberg por aprovecharse de los menores para su negocio.Que los directivos de Facebook, y el propio Zuckerberg, conocían la utilización abusiva de datos de los adolescentes era conocido. Hay muchos libros en los que se explican esas y otras tropelías. Sarah Wynn-Williams lo relata muy bien hacia el final de su obra Los irresponsables. Explica cómo se enteró de esas prácticas cuando trabajaba en Facebook a partir de las preguntas de un periodista australiano. Comprobó cómo cuando un adolescente (sobre todo, chicas) colgaba una selfie y acto seguido la borraba, se facilitaba esa información a las marcas de productos de belleza, que a su vez podían bombardear con publicidad a la joven. La autora relata cómo, al desvelarse este tipo de denuncias, Facebook recurría siempre al mismo comunicado: “Nos tomamos este tema muy en serio y estamos poniendo todo nuestro empeño en remediar la situación”.Mark Zuckerberg, director ejecutivo de Meta, observa durante una audiencia del Comité Judicial del Senado de EE.UUBRENDAN SMIALOWSKI / AFPTikTok pagará 400 millones de dólares para resolver una demanda que acusaba a la plataforma de infringir las leyes estadounidenses sobre la privacidad online de los niños. La demanda fue presentada por la administración Biden por recopilar y conservar datos de menores sin notificarlo a los padres ni obtener su consentimiento. Para TikTok, 400 millones son un rasguño, pero abre un camino. Lo importante de ese paso y del juicio a Meta es que los intentos de regular estas corporaciones desde Europa o Australia no serán efectivos si EE.UU. no se pone a ello. Los fiscales que ejercen la acusación contra Meta alegan que esas plataformas se diseñaron para ser adictivas y que ello ocasiona daños emocionales en los menores. Lo comparan con el proceso que acabó condenando a las tabacaleras en los noventa. Quizá se quedan cortos.Licenciada en Periodismo y Políticas. Directora adjunta de La Vanguardia. Autora de la newsletter 'Política', que se publica cada jueves, y de los libros 'El naufragio' y 'El muro', sobre el conflicto catalán
Una selfie borrada, por Lola García
Imaginemos que una empresa es capaz de enterarse de los momentos de mayor vulnerabilidad de los adolescentes. Por ejemplo, cuando sufren inseguridad respecto a una parte de su cuerpo, si le preocupa a uno el acné o a otra aquella incipiente celulitis… Imaginemos que esa compañía...








