El aislamiento de una isla puede proteger durante mucho tiempo a un ave y, a la vez, dejarla expuesta cuando llegan amenazas nuevas. El dodo encaja en ese proceso, aunque su historia pertenece a una época mucho más reciente que la prehistoria y terminó cuando su entorno cambió con rapidez.
Su incapacidad para volar y la ausencia previa de grandes peligros terrestres habían funcionado dentro de un ecosistema insular estable, pero esa especialización perdió eficacia tras la llegada humana y de animales introducidos. Ahí está la diferencia con muchas aves que han llegado hasta hoy, porque algunas pudieron escapar, desplazarse o responder mejor a cambios que el dodo afrontó en un territorio limitado.
Las tomografías revelan capacidades desconocidas del ave extinta
La reconstrucción de su anatomía craneal permite acercarse a esa vida anterior desde una vía antes fuera de alcance. Vera Weisbecker, profesora de Biología Evolutiva en la Universidad de Flinders, participó en el estudio internacional publicado en Zoological Journal of the Linnean Society, cuyo equipo examinó tres cráneos de dodo mediante tomografía de alta resolución y los comparó con el solitario de Rodrigues y 36 especies actuales de palomas y tórtolas. Los moldes digitales permitieron estimar regiones relacionadas con la visión, el olfato y otras funciones sensoriales.






