El influencer Joe Almirón viralizó la convocatoria en redes. Su llegada a la plaza Bernardino Rivadavia fue como la de un rockstar. Fotos: Gustavo GavottiSon casi las cinco de la tarde y esta plaza, la Bernardino Rivadavia del centro de Tigre, huele a espíritu adolescente. Hay de todo en esta manzana con un poco de verde y bastante cemento. Una escuela primaria pública, juegos infantiles y una cancha de basket. Nenas y nenes que se tiran del tobogán y se disputan una hamaca, mamás que los siguen con la mirada mientras comparten un mate, nenas de nueve años que patinan en los rincones asfaltados que quedan libres y quinceañeros que juegan dos contra dos a tirar al aro y a mostrarse en cuero ante quienes quieran mirar.Pero lo que más hay en la plaza Bernardino Rivadavia es expectativa: unas quinientas personas -la enorme mayoría son adolescentes, pero también hay chicos más chicos, jóvenes más grandes, algunas mamás y algunos adultos curiosos- esperan que empiece la batalla de “farmear aura”, esa rara convocatoria nueva, de la que se enteraron por Instagram o porque un amigo que vio la convocatoria en Instagram les avisó. La cita, dice el flyer que giró en redes, es a las cinco en punto.PUBLICIDADEl organizador, el que puso a girar la cita a través de sus redes sociales, se llama Joe Almirón y tiene 438 mil seguidores en Instagram. En la plaza Bernardino Rivadavia, Joe es una estrella de rock: apenas aparece, casi a las cinco y cuarto, lo rodean adolescentes y chicos que quieren un pedazo de él. Una selfie, un video en el que Joe haga algunos de los movimientos más icónicos de esta especie de coreografía gestual colectiva a la que los que hoy van a la secundaria y también a la primaria llaman “farmear aura”, un video en el que Joe haga cualquier cosa, alcanza con que aparezca. Unas cien personas gritan y poguean alrededor de Joe, gritan todavía más fuerte cuando él pega algún alarido que no dice nada concreto, le piden que les firme una remera y sonríen para la foto en la que el organizador repite el gesto con el que posa en cada selfie: los ojos achinados, una sonrisa chiquita, la cabeza ladeada. Otras cuatrocientas o quinientas personas esperan que empiece eso que vinieron a buscar: la batalla de farmeo de aura.PUBLICIDADUnas quinientas personas se reunieron para la "batalla de farmear aura": la mayoría eran varones adolescentes. Fotos: Gustavo GavottiQuieren ponerle el cuerpo a eso que vieron una y otra vez en Instagram y en TikTok. Quieren protagonizar ellos esos enfrentamientos mano a mano en los que, turnándose, cada contendiente hace algún movimiento que a veces es mover las manos para arriba y para abajo como haciendo malabares imaginarios, a veces es ponerse el dedo delante de la boca como quien pide silencio y después rasgarse la cara con ese mismo dedo mientras se le dedica una mirada desafiante al rival, a veces es agacharse y tirar unas patadas al aire, y a veces es lo que cada uno quiere que sea. Lo importante, lo único importante en cada batalla, es ser el que más gritos de apoyo cosecha entre el público. Son adolescentes en busca de ser legitimados por sus pares, incluso populares entre sus pares, aunque sea por unos segundos. Lo mismo que hace cincuenta años y, seguramente, lo mismo que dentro de cincuenta más.PUBLICIDAD“Vine a demostrar que tengo más mil de aura”, dice Santino. Se puso una túnica blanca, un pañuelo rojo con lunares blancos en la cabeza, y una barba falsa negra y larga. Tiene 17 años y lo acompañan más de veinte compañeros del último año del secundario: dice que viene desde Arabia y después dice que viene desde Rincón de Milberg, a unas pocas cuadras de la plaza.“Practiqué distintos movimientos, como el six seven -el de los malabares imaginarios- y el mewing -el de rasgarse la cara-, pero también algunos que no los hace todo el mundo para dar algo distinto. Estoy sobrado de aura”, asegura Santino. “Me grabé con el celular para ver cómo me salen los movimientos y mejorarlos, me tengo mucha fe”, se arriesga. “Es la primera vez que farmeo pero van a venir muchas más”, cuenta. PUBLICIDAD“Farmear” es un término que viene del universo de los videojuegos, especialmente del Minecraft. Es algo así como “cultivar”. “Cultivás aura entre todos los que están viéndote”, dice Matías, que tiene 13 años, un bigotito todavía finito, y ganas de participar de alguna batalla pero también timidez. “Si vienen algunos amigos a bancar, por ahí me animo”, cuenta. Salió del colegio y caminó hasta esta plaza, y ahora es uno de los cientos que se amontonan en las gradas de cemento para intentar ver alguno de los gestos de la ronda que se abre cada vez que empieza uno de los desafíos.Santino, de 17 años, fue uno de los competidores de la tarde. Llegó disfrazado y con hinchada propia: sus compañeros de colegio.