El collage de la IA resulta, en ocasiones, desconcertante. Microsoft suprime casi 5.000 empleos pocos días después de presentar unos resultados que vuelven a superar cualquier previsión del mercado. Meta se desprende de miles de trabajadores mientras acelera el fichaje de ingenieros especializados en IA con bonus retributivos millonarios. Oracle reconoce haber destruido más de 20.000 puestos de su plantilla, a reglón seguido de anunciar flujos de capital sin precedentes en infraestructuras para IA.
Amazon, Cisco, Salesforce, Microsoft, Coinbase o Cloudflare recorren el mismo camino. Nunca tantas compañías habían despedido trabajadores disfrutando simultáneamente de semejante fortaleza financiera. Microsoft anunció 4.800 despidos, el 2,1% de su plantilla mundial, en julio; Cloudflare, más de 1.100 (el 20% de sus empleados) en mayo, pese a consignar ingresos del 34% superiores a 2025 en el ecuador de este año; y Cisco, más de 1.100, casi el 5% de su censo de trabajadores.
No es como si el trabajo haya desaparecido, realmente. Más bien, cambia de dueño, funciones o responsabilidades. Durante décadas, el mercado laboral ha funcionado como una escalera en la que las empresas, que contrataban a jóvenes para realizar tareas rutinarias, los convertían con el paso del tiempo en empleados con experiencia y, más tarde, los ascendían hasta asumir unas competencias que exigían mayores niveles de responsabilidad y, por tanto, de retribuciones. La IA, sin embargo, amenaza con demoler este castillo de naipes. Desde su base. Y no precisamente porque estén sobradas de talento. Todo lo contrario. La explicación es meramente tecnológica y apunta a la revolución del algoritmo y su facilidad —o programación— para ejecutar actividades repetitivas que tradicionalmente servían como puerta de entrada a las profesiones cualificadas.






