Apenas ha amanecido cuando el rebaño de ovejas de la ganadera Elsa Fernández se dispone a emprender el viaje de vuelta a casa, a Fresnedillas de la Oliva, tras haberse refugiado del fuego en el vecino pueblo de Valdemorillo durante el incendio que mantuvo en jaque a toda la Sierra Oeste madrileña y que calcinó 27.000 hectáreas.
Acompañada por más de una decena de personas voluntarias y pastores de la zona, Elsa, una conocida defensora de la ganadería extensiva a través de la entidad Ganaderas en Red, ha organizado su primera trashumancia un poco por necesidad, un poco para reivindicar el papel de su trabajo: “Somos la ganadería que sale al campo, que cuida el monte y que es primordial en la lucha contra los incendios”.
“Mi finca se ha quemado a partes, solo un poco, porque mi ganado la tenía limpia”, explica Elsa a elDiario.es en una de las paradas técnicas para que el rebaño beba agua. Y es que, aunque el trayecto que están haciendo no llega a los 15 minutos en coche, en trashumancia por las vías pecuarias dura alrededor de 5 horas, a la velocidad de “las cosas de antes”.
Esa evocación del pasado la lleva directamente a reclamar un futuro mejor para el pastoreo: “No hay relevo generacional. Las administraciones no se implican. El abandono es muy grande”. Y pone como ejemplo un detalle que, sin embargo, es sumamente vital: “Los abrevaderos están secos, llenos de maleza. Esto se tendría que cuidar para poder hacer este tipo de desplazamientos con los animales”. Por eso, el agua que su rebaño bebe en esta aventura, viaja en unos bidones que transporta un coche escoba conducido por una amiga.






