La tierra, la misma de la que se saca la pirita, casi los había consumido más de 80 años después, cuando los 266 restos fueron exhumados en Nerva, en la Cuenca Minera de Huelva, entre 2019 y 2023. A pesar de todo, esa tierra habló. Así se expresa en el lenguaje aséptico, enumerador, del informe arqueológico, elaborado por el equipo que coordinó Andrés Fernández, donde todo queda registrado de manera minuciosa: "Las víctimas fueron inhumadas en el mismo momento. Los cuerpos están arrojados de manera aleatoria". Y también, en el capítulo de objetos hallados, por ejemplo, en el "individuo 42": "Dos suelas de calzado. Dos botones, uno de madera y otro de metal. Una hebilla de forma semicircular que conserva resto de material del cinturón. Localizada bajo la cadera. Una esquirla de proyectil, encontrada en la escápula derecha. Pertenece a la camisa de cobre que envuelve el plomo del proyectil. La encontramos completamente deformada después del impacto en la víctima 42".PublicidadEl castigo tras la toma de la comarca, en agosto de 1936, dejó un rastro de muertos, en Nerva y en otros pueblos de la zona, como Minas de Riotinto, al paso de las tropas comandadas desde Sevilla por el general Gonzalo Queipo de Llano, artífice de una mortal y cruel represión tras el golpe de Estado de julio, que acabaría por liquidar la II República y daría paso a la dictadura franquista. "Los conquistadores llegaron al pueblo alrededor de las 16.00 y el recuerdo de aquella escena ha quedado grabada en las memorias de quienes la vivieron: 'El día 26 [...] de agosto, que era cuando entraron estos señores, serían las cuatro y media de la tarde, que me acuerdo, sentado encima de una silla yo en la puerta de mi casa, en la calle Fermín Salvochea que vivía yo; y mi padre también, sentados los dos encima de una silla, veíamos a los tíos bajar por el… por los cerros aquellos, allí que entrabas en Nerva, que se veía El Ventoso y todo aquello; se veían bajar abajo con unos crucifijos así de grandes. Nada más entrar en Nerva y a la media hora había camiones para el cementerio", recoge el historiador Miguel Ángel Collado, profesor en la Universidad de Huelva en su tesis doctoral, titulada La Guerra Civil y la represión franquista en la Cuenca Minera de Riotinto."La tierra tiene un PH muy bajo, desmineraliza los huesos y los deteriora. Eso ralentiza los trabajos. En Nerva no les echaron cal. La echaban por higiene, el olor en pleno verano, aquel verano del terror. Echaban cal porque premeditaban traer otra saca. Sin embargo, en Nerva no encontramos la cal. Abrían, arrojaban las víctimas y las tapaban con la tierra. La saca que fusilaban colmataba la fosa", recuerda en conversación con Público el arqueólogo Andrés Fernández. Así se expresa en el informe: "Las condiciones de conservación no son óptimas, pero logramos hacer una individualización con garantías de cada cuerpo"."Comenzamos —continúan los arqueólogos en tono forense— la exhumación por la parte distal de una de las extremidades inferiores, falanges y metatarsos, continuamos con orden anatómico tibia, peroné y fémur, en ambas extremidades, la misma operación en la extremidades superiores y cintura escapular, separando por lateralidad los restos óseos, seguimos con la cadera, con sumo cuidado ya que como muestra el estudio antropológico es fundamental para determinar la edad y el sexo, costillas del lado derecho e izquierdo, pasamos a las vértebras lumbares, dorsales y cervicales, finalizamos la exhumación con la extracción del cráneo, debido a la presión de la tierra puede estar parcialmente fracturado, pero debemos extraerlo con sumo cuidado, es otro de los marcadores de sexo y edad importante. Esta exhumación tan exhaustiva no la hemos podido completar en algunos de los cuerpos, debido a la pérdida de material óseo provocado por afecciones sufridas por agentes bióticos, como raíces, y abióticos, componentes de la tierra".El Ayuntamiento está aún a la espera de cerrar aún el duelo que arrancó aquel estío demoledor con un monumento, según afirma su alcalde, Josema Domínguez (PSOE), elegido recientemente. A la espera de que se concrete "ese panteón común donde descansen definitivamente", Fernández afirma que de los 266 cuerpos, de momento solo dos familias les han trasladado que "hay coincidencias" en sus muestras de ADN. "El tema es que tiene que haber una coincidencia del 99%. Hablamos de que han pasado más de 80 años. Ya hijos son los menos". La fosa de Nerva es la mayor, según los arquólogos, exhumada en una zona rural en Andalucía. Los restos se encuentran ahora custodiados en el Ayuntamiento. La represión en la comarca minera fue dura. "En algún caso, como el de la caja 28 SUR, el ensañamiento fue de tal magnitud que las múltiples huellas dejadas por los proyectiles en el cráneo hablan por sí solas de la crueldad con la que se emplearon sus verdugos", según el Ayuntamiento.PublicidadEl profesor Collado explica en conversación telefónica con Público lo sucedido tras el golpe y hasta que cae Nerva: "El 18 de julio se forma la columna minera por orden del Gobierno republicano. El objetivo era defender Sevilla. Fueron en dirección a Huelva porque desde allí partía otra columna de guardias civiles. Esta otra columna, que en principio iba a ir junto con las mineras, salió la tarde del 18 de julio y al llegar a Sevilla se unió a Queipo de Llano. Estaba comandada por Haro Lumbreras, que después fue gobernador militar de la provincia. La columna minera va en dirección Huelva y recoge más milicianos en Valverde y San Juan del Puerto. Luego, siguen su camino hacia Sevilla, por la mañana del 19 de julio. Antes de llegar a Sevilla, en Camas, en La pañoleta los estaban esperando. Les hicieron una emboscada. Detuvieron a 71 mineros y murieron otros 25. Iban en camiones, con 500 kilos de dinamita. Empezaron los tiros y la dinamita explotó. El resto huyó y empezó a llegar a la cuenca en las siguientes horas. Cuando la gente tiene noticias de lo de La Pañoleta, empiezan a arder las iglesias. Eso hay que entenderlo como una respuesta popular. Ahí empieza la guerra en la Cuenca". "Se declara —continúa Collado— una huelga general en la mina y empiezan a funcionar los llamados comités circunstanciales. El 29 de julio cae la mitad sur de la provincia de Huelva, hasta Valverde más o menos. Ahí hay un cambio fundamental. Ahí se dan cuenta de que esto iba en serio. Empiezan a requisar comida en los pueblos de la Sierra y a rendir los puestos de la Guardia Civil, los desarman. A principios de agosto, una vez que han conseguido desarmar a la Guardia Civil, hacen un intento de recuperar Valverde y hay una batalla menor en El Empalme. A partir de ese momento la situación se va haciendo cada vez más tensa. La gente no tenía qué comer. Ademas, quienes huían, terminaban en la Cuenca. Hay algunas escaramuzas [en estos días], pero no son de mayor importancia". "Aparte de esto —prosigue Collado—, la población británica, [que controlaba las minas] termina por ser evacuada. Se queda un solo británico, Lawrence Hill. Y Hill actúa como mediador entre golpistas y mineros. De hecho se consolida como la gran autoridad en la comarca. Cuando cae Badajoz el 14 de agosto, Queipo decide terminar con la Cuenca y el norte de Huelva, porque su idea era avanzar hacia Madrid, una vez que tenía la carretera Sevilla Badajoz, Sevilla Madrid. Para ello, necesitaba quitarse esas bolsas de resistencias que le podían dificultar el avance. Ese mismo día empieza la operación contra el norte de la provincia de Huelva, y en paralelo el norte de la provincia de Sevilla. Entre el 14 y el 26 de agosto caen todos los pueblos. La situación era desesperada".PublicidadEn la Cuenca Minera hubo bombardeos, que perseguían un efecto intimidatorio en la población, más que objetivos militares. Los aviones volaban desde Tablada, en Sevilla y en Nerva causaron doce muertos. Collado recoge el testimonio de Hill en un artículo titulado El terror aéreo sobre la Cuenca Minera de Riotinto. "Ayer —escribe Hill en una carta fechada el 24 de agosto— los bombarderos tuvieron un día de descanso pero un avión voló sobre las [dos de la tarde]. Lanzando panfletos. Estos eran noticias de Queipo de Llano diciéndonos que tendríamos 24 horas para rendirnos y después ¡Que fuéramos a él! Esta mañana a las 11, otro avión voló sobre nosotros, presumiblemente para ver si había algunas banderas blancas fuera, pero estamos todos muy "valientes" [sic] y vamos a luchar hasta el último jadeo, etc., etc., así que la cuestión real empezará hoy a las [cinco de la tarde]". Luís Caballero, huido de Aznalcóllar cuando tenía 17 años, contaba así su experiencia, expone Collado: "Salimos entre un grupo grande formado por hombres mujeres y niños… lo que quedaba de tarde, ya sin sol, lo aprovechó el siniestro avión para ametrallarnos en pleno descampado. Cada cual buscaba la forma de ocultarse, aunque en realidad poco era lo que nos podría proteger de las balas corriendo por el monte"."Los bombardeos son una forma de castigar a la población", analiza Collado. "Es significativo —añade— que solo se produjeron en Nerva, El Campillo y Atalaya y en ningún caso en Riotinto ni en las instalaciones mineras. De hecho, la pirita fue fundamental para pagarle la ayuda a los nazis. El 28 de agosto ya están las minas empezando a trabajar y en septiembre empiezan las requisas de pirita para enviarlas a la Alemania nazi. Se hacía a través de la empresa HISMA, un compañía que se utilizó para el comercio con Alemania. Durante toda la guerra es fundamental".Nerva se había rendido dos días antes, el 26 de agosto. "En la noche del 25 al 26 de agosto de 1936, [...] el Comité circunstancial nervense había decidido rendirse y el éxodo que se había iniciado con los primeros bombardeos se intensificaba. El Alcalde, por su parte, acató la decisión y decidió correr la misma suerte que muchos de sus vecinos. Es decir, la huida del municipio a pesar de haberse distinguido en la defensa de las vidas y propiedades de los derechistas detenidos en la cárcel municipal. Según parece, esta actitud le valió la promesa, por parte de los presos, de que no le ocurriría nada si permanecía en el pueblo tras la entrada de los golpistas". "Sea como fuere, José Rodríguez González, el alcalde frentepopulista de Nerva, huyó del pueblo junto a otras 200 personas con el objetivo de alcanzar la Extremadura leal a la República, eran alrededor de las 2 horas del 26 de agosto de 1936. Un encuentro fortuito con un grupo de falangistas en Zufre los hizo dar media vuelta y permanecer en las cercanías de Nerva. Días más tarde, otro grupo compuesto de alrededor de la mitad de efectivos que el primero volvió a salir hacia Extremadura y, desde aquí, partieron hacia Córdoba llegando al sector de Pozoblanco el 17 de octubre de 1936, el mismo día en el que el último regidor republicano de Nerva cumplía 38 años", recoge Collado.Esta es la carta que dejó escrita el regidor, antes de rendir Nerva: "La presencia de las fuerzas del General Queipo de Llano, en los pueblos inmediatos y la seguridad de que pronto han de ser atacadas las viviendas de nuestra Villa, en evitación de más sangre de la generosa sangre de nuestros vecinos, me ha hecho pensar detenidamente en rendirnos. Para ello y para que mañana aparezca la bandera blanca en nuestro pueblo entrego a Udes"."En Nerva, gracias a José Rodríguez y a sus compañeros [a pesar de los bombardeos...], se logró evitar el asesinato de los presos de derechas y entregar de manera controlada el poder a los sublevados", expone el historiador Francisco Espinosa, autor entre otros libros de La Justicia de Queipo, en una semblanza sobre Rodríguez que se puede leer en la web todolosnombres.org. Espinosa lo entrevistó en 1988 antes de que falleciese. "Fueron su trayectoria y su talante de hombre moderado y firme partidario de la unión de la izquierda —era de UGT y al mismo tiempo tenía el carnet de la CNT— los que años después, en el crítico momento de las elecciones de febrero de 1936, le llevarían a ocupar la alcaldía de Nerva, donde en medio de la mayoría socialista pudo contar con cuatro concejales comunistas", escribe Espinosa. Publicidad"Su preocupación principal en esos meses del Frente Popular sería la cuestión social: el paro obrero y las siempre delicadas relaciones con la omnipotente Compañía Minera de Riotinto. [...] Todas las energías —plantea Espinosa— del alcalde José Rodríguez González se dirigirán en esos días terribles a solucionar los grandes problemas sobrevenidos con la afluencia de cientos de personas procedentes del sur de la provincia y de los cercanos pueblos sevillanos. Había que alojarlos y alimentarlos. El éxodo comenzaría poco después de mediados de agosto". Así narra Espinosa las peripecias que le tocó vivir al regidor una vez que dejó Nerva: "La mayoría de la guerra la pasaría en Jaén, formando parte del Batallón 37, en el que alcanzó el grado de alférez. Sin embargo, su fuerte personalidad y preparación lo llevaron muy pronto a trabajar como organizador del Partido Comunista en los frentes de Andalucía y a que en algún momento dirigiese la casa del Partido de Jaén y la dirección provincial. En otras ocasiones, como miembro del Comité, actuó de enlace con las Brigadas Internacionales. Finalmente, los avatares bélicos lo conducirían a Baza y Guadix, y, ya al final de la guerra, como a tantos otros españoles, a Alicante, desde donde sería enviado en poco tiempo de vuelta a Sevilla". "Pasó por Consejo de Guerra en el mismo año 39, siendo condenado 'por delito de rebelión' a la pena de 30 años, que acabaron reducidos a algo más de cuatro que le permitieron conocer el campo de concentración del Puerto Pesquero de Huelva, con más de 3000 presos; las prisiones del Puerto y de Rota, donde coincidió con sus amigos y camaradas Carballo y Caballero Vaca, y la prisión de Viator, en Almería. Luego, la dura vida —mera supervivencia— que el franquismo reservó para los rojos y la renuncia definitiva a Nerva, su pueblo, donde no hubiera podido ni sobrevivir".PublicidadLa represión en Nerva afectó a obreros y sindicalistas, a quienes se quedaron, afirma Collado. "La Cuenca Minera no se puede entender sin ese componente sindical, que en aquel momento era especialmente potente. Sembrar el terror, paralizar a la población y anular cualquier posibilidad de que apareciese una resistencia importante era el objetivo. De hecho, a partir de cierto momento, la empresa se empieza a preocupar porque no puede mantener la producción porque no había mano de obra suficiente. Hay un fichero, conocido como el fichero de Mr. Taylor, en el archivo de la fundación Riotinto en el que se cuantifica los mineros que no se presentaron a trabajar el día 28 de agosto. Son un 10% de la plantilla más o menos, de 5.000 y pico trabajadores que había entonces. No se puede entender que todos fueran asesinados, porque aquí huyó la gente. Cuando llegaron, encontraron el pueblo prácticamente vacío. De hecho, luego, en Madrid, durante la defensa de Madrid, se formo un batallón de trabajadores, el Batallón Riotinto. Era de gente que había salido de aquí y había conseguido llegar a Madrid".