Un estudio publicado en The Lancet mostró que la brecha en presión arterial y colesterol se redujo entre adultos mayores con obesidad y personas de peso normal (Imagen Ilustrativa Infobae)Un análisis internacional publicado en The Lancet detectó una reducción de la brecha en presión arterial y colesterol entre adultos mayores con obesidad y personas de peso normal, un cambio que los investigadores vincularon con el mayor uso de medicamentos para controlar esos factores de riesgo.La información fue difundida por Harvard Health Publishing, que retomó los principales resultados del trabajo y advirtió que esa mejora no se observa con la misma claridad en menores de 40 años.PUBLICIDADSegún informó el portal especializado, el estudio evaluó 110 encuestas nacionales de salud realizadas entre 1990 y 2024 en siete países. La base incluyó a 978.425 personas de entre 20 y 79 años, lo que permitió comparar indicadores cardiometabólicos entre adultos con índice de masa corporal normal, sobrepeso, obesidad y obesidad extrema.El análisis de 110 encuestas de salud en siete países evaluó a 978.425 personas entre 1990 y 2024 para comparar indicadores cardiometabólicos según el índice de masa corporal (Imagen Ilustrativa Infobae)Los resultados mostraron una diferencia por edad. En los grupos mayores, los valores de presión arterial y colesterol en personas con obesidad se acercaron a los registrados en adultos sin exceso de peso, en paralelo con una mayor cobertura terapéutica. En cambio, entre los menores de 40 años, el exceso de peso continuó asociado con peores indicadores y con un uso mucho más bajo de medicación.PUBLICIDADEse contraste aparece como uno de los ejes centrales del trabajo, ya que desplaza la atención hacia el control temprano y la prevención antes de que el daño se acumule con el paso de los años.La obesidad mantuvo su asociación con enfermedad coronaria, insuficiencia cardíaca, accidente cerebrovascular, diabetes tipo 2 y deterioro renal (Imagen Ilustrativa Infobae)La obesidad mantiene desde hace décadas una relación estrecha con múltiples problemas de salud. Entre ellos figuran la enfermedad coronaria, la insuficiencia cardíaca, el accidente cerebrovascular, la diabetes tipo 2 y el deterioro renal.PUBLICIDADEl nuevo análisis no cuestiona esa asociación. Lo que muestra es que una parte del riesgo cardiovascular medido a través de la presión y el colesterol puede moderarse cuando existe diagnóstico, seguimiento médico y acceso a tratamiento.En ese punto, la American Heart Association, asociación médica de Estados Unidos aporta contexto clínico. La entidad señaló en su guía que la hipertensión arterial es el factor de riesgo modificable más frecuente para el desarrollo de enfermedad cardiovascular.PUBLICIDADTambién estableció que la meta general de tratamiento para los adultos debe ubicarse por debajo de 130/80 mm Hg, con algunas consideraciones especiales para personas institucionalizadas, embarazadas o con expectativa de vida limitada.La guía de la American Heart Association fijó una meta general de tratamiento por debajo de 130/80 mm Hg y recomendó fármacos según el nivel de presión y el riesgo cardiovascular (Imagen Ilustrativa Infobae)La asociación médica también precisó cómo se clasifican los valores de presión. Se considera normal una marca inferior a 120 mm Hg de presión sistólica y menos de 80 mm Hg de diastólica. La categoría “elevada” abarca registros de 120 a 129 mm Hg sistólica con diastólica menor a 80.PUBLICIDADSegún la American Heart Association, los cambios de estilo de vida constituyen la primera línea de prevención y tratamiento. Entre las recomendaciones figuran alcanzar un peso saludable, adoptar un patrón de alimentación cardiosaludable como la dieta DASH, reducir el sodio, aumentar el potasio en la dieta, mantener actividad física regular, manejar el estrés y limitar o eliminar el consumo de alcohol. Cuando esos recursos no alcanzan, o cuando el riesgo cardiovascular es más alto, se suma la indicación de fármacos.La guía 2025 indicó iniciar medicación y medidas no farmacológicas en adultos con presión de 140/90 mm Hg o más, y en pacientes con 130/80 mm Hg o más si tienen enfermedad cardiovascular, antecedente de accidente cerebrovascular, diabetes, enfermedad renal crónica o riesgo cardiovascular elevado a 10 años.PUBLICIDADDieta enfocada en reducir la presión arterial, basada en frutas, verduras, granos integrales y bajo consumo de sodio (Imagen ilustrativa Infobae)En hipertensión etapa 2, recomienda dos fármacos de primera línea en combinación fija para mejorar la adherencia.Ese marco permite leer con mayor profundidad los resultados publicados en The Lancet. El mayor uso de tratamientos en personas con obesidad parece haber contribuido a un mejor control de variables concretas, aunque no elimina la necesidad de prevención.PUBLICIDADHarvard Health Publishing remarcó que los autores del estudio advirtieron que resulta más favorable evitar años de daño que intentar corregirlo después.Harvard Health Publishing destacó que perder entre 5% y 10% del peso corporal puede mejorar la presión arterial y el colesterol, aunque el estudio reforzó la necesidad de prevención y diagnóstico precoz (Imagen Ilustrativa Infobae)Otro dato resaltado por el informe es que perder entre 5% y 10% del peso corporal puede mejorar la presión arterial y el colesterol en personas con sobrepeso u obesidad. Esa reducción moderada suele integrarse a estrategias clínicas más amplias, que incluyen evaluación periódica, monitoreo domiciliario de la presión y seguimiento por equipos de salud.PUBLICIDADLa American Heart Association señaló además que la atención multidisciplinaria ayuda a reducir barreras de acceso a medicamentos y mejora el control de la hipertensión. El estudio publicado en The Lancet reforzó la necesidad de combinar prevención, diagnóstico precoz y acceso sostenido a la atención.
Presión y colesterol: cómo el uso de medicamentos podría mejorar el control en adultos con obesidad
Un estudio internacional analizó la evolución de estos factores de riesgo en 978.425 personas entre 1990 y 2024. Los resultados mostraron diferencias marcadas entre los grupos de mayor edad y los más jóvenes, según una revisión de Harvard







