Más de dos décadas después de haberse convertido en una postal de la crisis de comienzos de los años 2000, el trueque vuelve a aparecer como una alternativa frente a la falta de dinero y la caída del consumo. En barrios del conurbano, redes organizadas y hasta aplicaciones móviles crecen los intercambios de ropa, servicios y objetos por alimentos u otros productos necesarios, mientras familias, jubilados e incluso comerciantes recurren a una modalidad que permite resolver consumos sin utilizar pesos.

Carne: aunque bajó el precio en julio, el consumo sigue en mínimos históricos

En Pilar, por ejemplo, un club del trueque comenzó a tomar forma después de un relevamiento realizado en mayo sobre alimentación y endeudamiento. Ana Barreto, referente de Libres del Sur y organizadora del espacio en Villa Astolfi, explicó a Perfil que una de las principales alarmas fue detectar que “la gente se endeuda para comer” y que, a partir de asambleas barriales realizadas en julio, surgió la necesidad de crear un lugar para intercambiar productos, servicios y alimentos.

El primer encuentro se realizó el 8 de agosto con 50 puestos y el segundo reunió a 80, mientras que el grupo de WhatsApp ya alcanzó las 170 personas. Según Barreto, la demanda principal no estuvo puesta en ropa o calzado sino en alimentos básicos: fideos, puré de tomate, aceite, azúcar y harina. La organizadora contó que muchas personas llegaron con prendas, servicios u otros objetos para intentar cambiarlos por comida.