Donald Trump ha salido con el extintor para intentar apagar el incendio de los precios de la carne en Estados Unidos, un incendio provocado en parte por los recortes del propio Trump en la prevención de plagas. Un parásito que llevaba 60 años erradicado ha vuelto al país después de que su Gobierno rebajara los controles, y el sector ganadero lleva más de un año inmerso en una enorme crisis. Hasta tal punto ha llegado la crisis que el presidente ha aceptado hacer algo impensable para él: retirar unos aranceles para intentar bajar los precios.Esta mañana, Trump anunció en su red social, Truth Social, que la Casa Blanca permitirá durante 90 días importar hasta 300.000 toneladas de carne picada sin que cuenten de cara a las cuotas arancelarias impuestas por el propio Trump, con el objetivo de aumentar la oferta y contener unos precios que se encuentran en máximos históricos. Trump asegura que la carne importada se venderá un 25% por debajo de los precios actuales, pero, como es habitual en él, no ha dado ningún detalle de cómo se supone que pretende conseguir ese recorte.

En un principio, esto parecía un capítulo más de las eternas guerras arancelarias del presidente, con sus constantes tomas y dacas entre aranceles nuevos y exenciones. El problema, sin embargo, viene de mucho antes y difícilmente se resolverá en tres meses, porque la culpa la tiene algo contra lo que Trump no se puede enfrentar a golpe de decreto: un gusano.