M+.- Ha perseguido a narcos toda su vida. Conoce el olor de la selva colombiana, el polvo de la frontera texana, la burocracia mexicana y el ruido de las calles de Nueva York. Actualmente, desde el despacho de la Administración para el Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés) en Virginia, Terry Cole se presenta como el zar antidrogas de Donald Trump, y ahora sabemos, “amigo y socio de confianza” del secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch.Ya fue contra Los Zetas en 2011; contra el Cártel del Norte del Valle en Colombia; contra el opio talibán en Afganistán. Ahora, su objetivo prioritario es el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y el de Sinaloa, y hasta el momento ha logrado golpear sus finanzas y su estructura, avances que fueron rastreados por MILENIO para esta investigación.Del suburbio a cazador de narcosCorning, condado de Steuben, en Nueva York, es un suburbio sacado de una película de Spielberg: calles arboladas, y una fábrica de vidrio que da trabajo al pueblo. De allí salió Terry Cole, hijo de clase media, jugador de lacrosse, estudiante de Justicia Penal. Aunque prefirió la calle y causó alta como policía municipal en Nueva York, donde estuvo cinco años portando la placa, hasta ingresar como agente a la DEA.Sus primeras misiones se reportan en McAlester, Oklahoma, donde investigó redes de metanfetaminas. En Brooklyn y el Bronx se concentró en perseguir organizaciones locales. Aprendió a leer el pulso de la delincuencia común.En 2002, la DEA lo envió a Bogotá como parte del Plan Colombia, con el cual se acordó que la oficina antidrogas financiaría operaciones en este país, brindándoles entrenamiento, armas y dinero a oficiales de la Policía Nacional. El Cártel del Norte del Valle dominaba rutas de cocaína que encabezaba Diego León Montoya Sánchez, alias Don Diego. Y Cole era el encargado de tratar con los agentes locales.En mayo de 2006, un informante llevó a una unidad policial a Jamundí, Valle del Cauca. El comandante de la unidad movilizó a nueve agentes y al informante, pero al llegar al lugar, fueron emboscados por efectivos del Batallón de Alta Montaña del Ejército colombiano, episodio registrado como la Masacre de Jamundí.La investigación posterior reveló que el informante trabajaba para el cártel y que el comandante militar había recibido sobornos. En 2008, un teniente coronel y 14 soldados fueron condenados. Pero Jamundí lo marcó: se volvió más meticuloso, más desconfiado de los informantes, obsesionado con verificar inteligencia.A finales de 2006, Cole fue reasignado a Kabul, Afganistán, en operaciones contra el narcotráfico vinculado a la insurgencia talibán.