Claudia Sheinbaum ha utilizado, una vez más, el comodín de Hernán Cortés. “Este día les propongo que dejemos de llamar 'Paso de Cortés' a este territorio porque por aquí pasaron los pueblos mucho antes (…) Llamemos a este paso, el Paso de los Pueblos Indígenas”, anunció la presidenta mexicana el pasado 9 de agosto, Día Internacional de los Pueblos Indígenas. De forma inmediata, se abrió una consulta popular para elegir el nombre apropiado con el que rebautizar su historia. “El señor gobernador nos instruyó para que, coordinadamente con la Secretaría de Gobernación del Estado de México y los congresos de ambas entidades, hagamos una propuesta para definir ya el nombre que llevará este anterior denominado Paso de Cortés y estaremos informándoles. En esta semana tendremos listas las propuestas para hacerlas llegar a la instancia correspondiente”, han anunciado las autoridades. La medida ha levantado un enorme revuelo entre los críticos y los seguidores de una presidenta que todavía mantiene, según las encuestas, una enorme popularidad con un porcentaje cercano al 70%. Borrar al conquistador español de la historia mexicana, al menos su huella —indisoluble aunque a muchos no les guste—, es una prioridad del Gobierno de MORENA. El anterior presidente, Andrés Manuel López Obrador, y la actual presidenta, Claudia Sheinbaum, piensan que todo rastro de Cortés y de la Conquista debe ser cancelado. ¿Debería ser erradicada 'toda' esa herencia? La respuesta es tan enrevesada como la historia del país y el uso que se hace desde hace décadas de ella. TE PUEDE INTERESAR Puede que no haya un lugar que simbolice mejor México que el Paso de Cortés. Casi en su imagen y en su toponimia se resumen cinco siglos de encuentros y desencuentros. El Paso es un espacio a 3.700 metros de altitud entre los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl, en el estado de Puebla, pero muy cerca de los límites con el Estado de México. Es decir, flanquea dos maravillosos volcanes con sus nombres en náhuatl, y recuerda que efectivamente fue por allí por donde las tropas indígenas comandadas por españoles cruzaron los altos picos en su camino a Tenochtitlán. Eso es exactamente el México actual, ese encuentro y conquista (como las que perpetraron los mexicas sobre los pobladores del valle, en todo caso). Los mexicas, provenientes del norte, conquistaron y arrebataron su dominio de ese territorio a los tepanecas y otros grupos tribales. Tenían además sus frecuentes guerras floridas, de las que obtenían esclavos y cuerpos que sacrificar a sus dioses, con cholultecas o tlaxcaltecas. Por eso justamente el grueso de tropas que llevaba Cortés cuando cruzó entre los dos volcanes eran indígenas que se oponían al régimen de terror mexica. Pero de todas esas guerras y abusos al México independiente, y especialmente al actual ejecutivo, al Gobierno mexicano solo le parece que el cometido por los españoles es punible y debe ser borrado. Los dilemas históricos Cada vez hay más voces, dentro del propio México, que responden a un discurso que, más allá de encerrar ciertas verdades históricas y de descontextualizar y manipular otras, tiene un evidente interés político en revolver el pasado para conseguir un rédito en el presente. “Cambiar el nombre de un punto de la geografía no resuelve ningún problema, solo demuestra la casi morbosa proclividad del régimen para recurrir a la propaganda”, escribe Sergio Sarmiento, escritor y periodista mexicano en AM, periódico de Guanajuato. “Si hay que quitar el nombre de Cortés al paso entre los volcanes, ¿no habría que cambiar también el de Tabasco porque el cacique tenía esclavos? ¿Tendríamos que abandonar el nombre de México porque los mexicas esclavizaron y sacrificaron a tlaxcaltecas y a otros pueblos? ¿Hasta dónde llegará la presidenta en su afán de cambiar nombres? ¿Descartará el de Veracruz porque Cortés la llamó la Villa Rica de la Vera Cruz? ¿Le pondrá Chalchicueyecan, el nombre náhuatl, o preferirá el que usaban los totonacas, el pueblo local sometido por los mexicas?”, se pregunta el autor. Hay muchas opiniones que no están centradas en honrar ni venerar a Cortés —incluso señalan los excesos y abusos que se cometieron— sino en honrar la historia y dejar de zarandearla: “La historia no necesita ser cómoda para merecer ser recordada. Preservar un nombre no obliga a glorificar a Cortés; obliga, sencillamente, a explicar qué ocurrió allí. Y explicar la historia suele ser más útil que rebautizarla”, escribe el escritor e investigador mexicano, Damián León, en la revista ¿Qué está pasando? Más contundente es el historiador y escritor Alejandro Rosas, que explica en MVS Noticias: “Cambiar un nombre no es una reivindicación de nada, no va a reparar ningún daño, no va a acabar con las injusticias y la pobreza con las que viven los pueblos indígenas”. TE PUEDE INTERESAR El mundo indígena mexicano, variado y multicultural, sigue desde hace décadas viendo cómo su causa es usada con fines electorales. Eso no significa que en ocasiones hagan suyos muchos de esos señalamientos de MORENA, pero parece que hay medidas que no se toman que afectarían más a sus vidas que el cambio de un paso de montaña. Por ejemplo, ¿qué lenguas indígenas se estudian en las escuelas? ¿Cuál fue el papel que tuvieron los pueblos originarios de la Península de Yucatán en la creación de esa bomba ecológica que fue el Tren Maya ideado por López Obrador? ¿Qué poder tienen los yaquis sobre las aguas de Sonora? ¿Qué respuesta dio México al desafío zapatista? ¿Quién se atreve a tocar a Dios y a su madre, la Virgen de Guadalupe, que portaban como estandarte las tropas que cruzaron aquel valle? ¿Cuál es el nivel de rezago en todos los parámetros básicos de pueblos como los rarámuris, huicholes o los tsotsiles? Según datos del Instituto Nacional de Estadística de México, Inegi, hay 23,2 millones de indígenas en el país (20% de la población). En absolutamente todos los índices estudiados, su población sufre un claro rezago frente a la población mestiza. En Chihuahua, un 33% es analfabeta, por encima del 30% del estado de Guerrero o del 23% del estado de Puebla, donde se ubica el famoso paso al que van a cambiar el nombre. Justo en ese estado, según datos oficiales de 2025, el 64% de la población indígena vive en la pobreza, frente al 43% de la población no indígena. Una cifra algo mejor que el 84% de Chiapas, el 77% del estado de Guerrero y el 72% del estado de Veracruz, cuyo nombre se debe también al primer desembarco de Cortés en esa costa. TE PUEDE INTERESAR Ese es el verdadero y principal reto del mundo indígena, aunque eso no significa que el Gobierno de MORENA no lo esté afrontando. Se ha rebajado la pobreza con programas de becas y ayudas directas, que en todo caso tienen siempre el reto de consolidarse en un crecimiento sostenible. En términos globales, un 65% de la población indígena vive en la pobreza frente al 33% de la población no indígena. En cuanto al Paso de Cortés, se seguirá llamando de la misma forma por la población local. La política mete las manos en el fango de problemas con los que los ciudadanos conviven con cierta lógica y a los que no prestan atención hasta que alguien enciende el gas. Las redes sociales y los discursos de los mandatarios poco saben de eso. En el Paso de Cortés hay un bronce que recuerda el paso del conquistador y sus tropas. Está ahí desde hace décadas y tiene algunos agujeros de bala. El bronce intacto y las balas son una realidad con la que conviven todos. Sheinbaum pretende regular eso, pretende seguir manteniendo ese pulso con España que sacude tripas y patrias, pero la realidad es que recientemente el Rey de España, que no fue invitado a su toma de posesión y al que se exigía una disculpa histórica, acudió al estadio de Guadalajara a ver un partido de la selección durante el reciente Mundial de fútbol. El monarca salió con aplausos de un coliseo plagado de camisetas de la selección que, para horror de muchos agitadores de recelos, portaban mayoritariamente mexicanos en honor a sus antepasados o a sus filias futboleras. La normalidad de la convivencia frente a la anomalía de los votos.
Sheinbaum vuelve (una y otra vez) a Cortés: propone cambiar el nombre de un paseo por "los pueblos indígenas"
La presidenta mexicana ha abierto una consulta popular (y la polémica) para escoger el nombre apropiado del territorio con el que rebautizar la historia del país









