San Simón y Santo Antón, dos pequeñas islas en el fondo de la ría de Vigo utilizadas por el franquismo como campo de concentración y como residencia de los guardias, son ya formalmente lugares de memoria democrática. Por allí pasaron, entre 1936, con la guerra aún en marcha, y 1943 unos 5.600 presos. Los muertos, según recoge la resolución del Gobierno, fueron más de 517, a los que se deben sumar los fusilamientos y los paseos.

Los historiadores han recogido nombres y apellidos de las víctimas -registradas en el proyecto Nomes e voces- y las condiciones en las que los presos fueron hacinados en San Simón -Santo Antón, conectada por un puente, era usada por los guardas para vivir-. Les afectaron el tifus o la disentería y fueron tratados con brutalidad por los vigilantes.

La resolución de la Secretaría de Estado de Memoria Democrática indica que en estas dos islas, que se encuentran frente a la parroquia de Cesantes, en Redondela (Pontevedra), fue utilizado como penal desde octubre de 1936. Primero enviaron allí a presos republicanos de la provincia de Pontevedra y otros puntos de Galicia, pero después llegaron también de otros puntos, sobre todo de Asturias. El texto publicado este viernes en el Boletín Oficial del Estado (BOE) recoge que fue el general franquista Martínez Anido el que tomó la decisión de utilizar el antiguo lazareto de San Simón como campo de concentración para trasladar presos republicanos y demócratas de las prisiones, ya saturadas, de Vigo, Pontevedra, Ourense y Vilagarcía de Arousa.