China ha desbancado a Alemania como el primer suministrador de bienes a Espa�a, pero sin aportar reciprocidad comercial alguna.Espa�a importa de China y Alemania productos por valor de alrededor de 50.000 millones de euros al a�o, pero mientras las exportaciones espa�olas a Alemania rondan los 40.000 millones anuales, con un incremento del 28,14 entre 2019 y 2023, Espa�a vende productos a China por unos 8.000 millones al a�o, sin que esa cifra se haya pr�cticamente incrementado en el �ltimo lustro. China est� conquistando el mercado espa�ol con autom�viles y equipos para completar la tan anunciada transici�n energ�tica, pero el mercado chino sigue siendo casi un perfecto desconocido para las empresas espa�olas, que apenas venden all� carne de porcino. Esta tendencia apunta algunos de los problemas que arrastra tanto la econom�a espa�ola como la europea. En primer lugar, el gigante asi�tico est� ganando la batalla por la competitividad a Europa, lo que a su vez est� propiciando la p�rdida de peso industrial del Viejo Continente en el mundo. En segundo lugar, la guerra comercial con Estados Unidos ha llevado a China a redireccionar sus flujos comerciales, poniendo sus ojos en Europa, cuyos dirigentes no eran hasta hace poco demasiado conscientes de lo que la invasi�n de productos de aquel pa�s representaba. La guerra arancelaria de Trump obligaba tanto a Europa como a Espa�a a sondear nuevos socios comerciales en el mundo, pero mirar inocentemente hacia China como alternativa no parece que vaya a ser la mejor soluci�n. El gigante asi�tico comercia con m�s de un centenar de pa�ses en total y se pueden contar con los dedos de una mano aquellos con los que tiene d�ficit comercial. Corregir esta tendencia exige un giro total en la estrategia europea. Mientras en Europa las autoridades han estado preocupadas durante mucho tiempo por crear regulaciones que fragmentaban los mercados y dificultaban la escalada industrial con trabas de todo tipo a la producci�n, las autoridades chinas no han dudado en combinar los subsidios a sus empresas para abaratar costes con la aceleraci�n tecnol�gica. Un modelo pragm�tico cuyo principal objetivo no era otro que conquistar nuevos mercados. Los resultados son evidentes. Como advert�an los informes de Letta y Draghi hace ya dos a�os, ha llegado el momento de que Europa haga ese mismo ejercicio de pragmatismo. La respuesta se est� haciendo esperar.