0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialEl Espanyol-Real Madrid del sábado (21.00h) está eclipsado por el estreno de Jose Mourinho en su segunda etapa en el club blanco, pero habrá un protagonista que lo verá desde la distancia y cuya historia en el fútbol entremezcla ambas entidades. Julián López de Lerma (Extremadura, 1987) es, ahora mismo, el entrenador más importante (y con mayor responsabilidad) de la entidad blanca después del portugués.Formado en las categorías inferiores del Espanyol y exjugador del primer equipo, desarrolló una larga trayectoria profesional en el fútbol base y fue incluso la mano derecha de Manolo González en el filial. Ahora, ha “caído de pie” en Valdebebas, con sus grandes resultados en el Juvenil B, su ascenso al Juvenil A y después del premio del Castilla cuando Álvaro Arbeloa sustituyó a Xabi Alonso. El Sabadell apeó a los merengues del ascenso a Segunda el curso pasado en el playoff, y ese Castilla (entre los que debutaron con el primer equipo y los que rindieron con el extremeño) ha aportado más de 120 millones a las arcas del club. Ha pagado el fichaje de Yan Diomande.La historia de Julián arranca pronto, con 14 años, y la recuerda al detalle Óscar Perarnau, quien fuera su primer entrenador y valedor en el Espanyol. “La primera vez que viene a Barcelona yo entreno al Infantil A. Él aterriza con varios jugadores del resto de España a probar en un torneo. Hicimos una mezcla con nuestros jugadores. En el primer partido, al descanso, ya hablamos con Manel Casanova de que era espectacular, lo vimos muy bien”.Pero no todo era tan fácil. El Barça también estaba pendiente de Julián, por lo que la sagaz dirección técnica del Espanyol decidió “que no jugara la segunda parte, porque ya nos habían quitado jugadores de esa manera. Y fichó para el cadete B”. Para el 'bellotero mecánico' (su apodo años después) aquello era una oportunidad única.Julián ascendió al primer equipo el curso 2006-07 con Ernesto Valverde, también extremeño de nacimiento, marcado por el extraordinario concurso en la UEFA con la final perdida en penaltis ante el Sevilla en Glasgow. Julián jugó diez partidos, 288 minutos, con apenas 19 años y lloró como uno más en la grada del estadio moderno de la ciudad escocesa. No sabía que todo le iba a cambiar muy rápido desafortunadamente.Una cesión al Sevilla Atlético, otra al Panathinaikos y entre medio tres roturas del ligamento cruzado de la rodilla. No logró recuperarse bien, y fue en la UE Rubí, tras intentarlo de todas las maneras, cuando colgó las botas con 24 años. “Fue un periplo complicado de lesiones. Se recuperaba, volvía a jugar, pero no tenía continuidad. Con 20 años ya estaba en el primer equipo y tenía una proyección buenísima. Desde el primer momento vimos un cerebro en el campo. Técnicamente era bien dotado, con una visión privilegiada y estaba cogiendo físico. Pero las lesiones se la jugaron”, añade Perarnau. “Aun así es una persona excelente, con un gran entorno familiar y un futbolista ejemplar en todos los valores”, añade.Eso le llevó a la segunda etapa de su vida deportiva, primero la de ojeador y luego la de entrenador en las categorías inferiores del Espanyol. Pasó prácticamente por todas, encargándose de talentos que llegaron a la elite, entre ellos el campeón mundial Marc Pubill. Algunos familiares que trataron con él recuerdan que “transmitían muchas pasión y para nuestros hijos fue un referente. Era joven, se acababa de retirar y todos lo veían como alguien al que quería imitar”. “Aprovechad porque las oportunidades pasan rápido”, añaden que siempre recordaba Julián, quien lo vivió en sus carnes.Lee tambiénSu salida del Espanyol coincide con la etapa de Fran Garagarza, en la que muchos exjugadores se fueron por la puerta de atrás de la entidad, como también Javi Chica, que ahora ha regresado. Julián no tardó demasiado en encontrar acomodo en el Juvenil B del Real Madrid. Allí, en la 2024-25, ganó la liga con solo un partido perdido, y se valoró desde las oficinas su gestión de vestuario y lo equilibrado que era su equipo en una cantera sin un modelo de juego tan marcado.Dos años después de aterrizar, hoy afronta un gran reto en el Castilla sin dejar de mirar a su Espanyol, el que le marcó la carrera desde aquel torneo en el que en solo 35 minutos ya vieron que era diferente.
El ADN perico del técnico que solo Mourinho supera en responsabilidad: “Era un cerebro en el campo”
Julián López de Lerma, canterano del Espanyol y luego entrenador del fútbol base (llegó a ser ayudante de Manolo González en el filial) prosigue este curso en el Castilla con retos ambiciosos















