NoticiaLa Fundación Ratón de Biblioteca, en Medellín y la escuela La Scala en Popayán son dos proyectos creativos beneficiados por Co-creaBiblioteca comunitaria en Medellín Foto: Andres Angel Gomez20.08.2026 20:50 Actualizado: 20.08.2026 20:50

El primer intento de llevar los libros a los habitantes de la Comuna 1 Popular, ubicada en la zona nororiental de Medellín, se dio en 1994, con la apertura del centro de lectura Villa del Socorro, un espacio que buscaba brindarles alternativas culturales y educativas a sus habitantes. La iniciativa, por desgracia, no duró mucho: cinco años más tarde tuvo que cerrar por cuenta de los problemas de violencia. No pasaría mucho tiempo antes de que volvieran a intentarlo. En el 2000, aún con graves problemas de orden público, la Fundación Ratón de Biblioteca abrió la biblioteca comunitaria de Villa Guadalupe, una casa grande y colorida que, casi tres décadas más tarde, se ha convertido en uno de los emblemas del barrio.“La idea era tener un espacio para niños y jóvenes en el que pudieran aprender y fuera un lugar seguro donde se refugiaran de la violencia”, dice Sandra Inés Zuluaga, directora de la Fundación Ratón de Biblioteca. “Hoy es una zona con grandes carencias económicas, pero las condiciones de violencia ya no son tan altas”.La biblioteca comunitaria de Villa Guadalupe es un lugar gratuito que alberga espacios de lectura para familias gestantes, niños, jóvenes y adultos, con una programación adecuada según las respectivas edades. “Con los bebés, por ejemplo, cantamos y jugamos; a los niños pequeños les enseñamos a leer; con los adolescentes leemos juntos escritores contemporáneos, y a los adultos les atendemos las principales inquietudes de su etapa de la vida, teniendo en cuenta que son personas que vienen del campo o que no han tenido muchas oportunidades educativas”, explica Sandra.Desde la biblioteca se organizan también encuentros con escritores locales y nacionales, se prestan alrededor de 500 libros al año y se brindan computadores gratuitos con Internet para la población.Un espacio queridoLuego de veintiséis años de funcionamiento, Villa Guadalupe se ha convertido en un espacio querido por la comunidad, que la cuida y la siente como propia. Desde la biblioteca trabajan de la mano con instituciones educativas del barrio para fomentar la comprensión de lectura de los niños, uno de los grandes rezagos educativos que hoy tiene el país. “Nosotros buscamos que lean a tiempo y lean bien, porque en Colombia sucede que los niños en primaria no entienden lo que leen”, dice Sandra.Ese trabajo en pro de la comunidad ha hecho que la gente quiera a la biblioteca. “Los vecinos la valoran porque entienden que le da tranquilidad y belleza al barrio”, explica. “Además, muchos de sus habitantes han crecido con ella, entonces agradecen que sea un espacio donde pueden socializar y hacer amigos”.Sandra cuenta la historia, por ejemplo, de Yurani Morales, una madre comunitaria que llevaba a sus dos pequeños hijos a la biblioteca desde que eran pequeños y que, con el tiempo, pudieron graduarse como ingenieros. “No estudiaron nada relacionado con el lenguaje, pero haber aprendido a leer allí les permitió matricularse en la universidad y tener la profesión que tienen”, explica.Una muestra del amor que le tienen los habitantes del barrio a la biblioteca se dio hace unos años, cuando se les dañó una mesa grande que tienen en la entrada principal y que usan con frecuencia.Según recuerda Sandra, mientras pensaban qué hacer, un habitante del barrio les llevo la mesa a unos obreros que estaban arreglando un puente, y les pidió el favor de que se la arreglaran. Luego volvió con ella y la puso de nuevo en el lugar que había ocupado siempre. No les cobraron un peso.Durante los años que lleva funcionando, los escritores más importantes de Medellín han visitado la biblioteca para hablar con varios jóvenes que los han leído entusiasmados. Gilmer Mesa (autor de La cuadra y Los espantos de mamá); Sara Jaramillo (Cómo maté a mi padre); Lorena Salazar Masso (Esta herida llena de peces) y Lina María Parra (La mano que cura), han sido algunos de los narradores locales que han conversado con los habitantes sobre su obra y sobre el barrio.Para Sandra, uno de los episodios que le demostró el valor de lo que hacen en Villa Guadalupe sucedió hace unos años, cuando el escritor Roberto Burgos Cantor visitó la biblioteca, unos meses antes de morir. “Eso fue como en el 2017, más o menos”, recuerda Sandra. “Pero cuando llegó a la biblioteca se puso a llorar y a todos nos impresionó muchísimo que ese espacio produjera en él tantas cosas”.El apoyo de CoCrea para este proyecto se ha dado en dos fases: en la primera, se fortalecieron los servicios bibliotecarios, consolidando a Villa Guadalupe como un espacio accesible, moderno y cercano a la comunidad; y en la segunda, se le dio un fomento a la lectura y la escritura con distintos procesos de formación.“Para nosotros, la posibilidad de contar con CoCrea y tener recursos para la operación de la de la sede, así como equipos de cómputo y una programación cultural, es una luz muy importante para la sostenibilidad de los espacios culturales como el nuestro”, concluye.Más de treinta años formando a cerca de 20.000 niños y jóvenes en teatro, danza y música, le han dejado a Rosana Perafán, la fundadora de la Academia Musical La Scala, en Popayán, cientos de historias de vida que le dan sentido a su labor. Como la de Sirley, una niña que vive en las montañas del Cauca, atrapada en un círculo de violencia, y que el año pasado se ganó una beca en el programa Sonidos de la convivencia para formarse y participar en el montaje teatral de la obra Eleonora Scrooge en el espejo del tiempo, basada en un cuento del escritor inglés Charles Dickens.Todos los días, Sirley debía caminar dos horas desde su casa y luego tomar un bus que la llevaba a Popayán. Aunque a veces no podía llegar a la ciudad por cuenta del conflicto armado en la región, Sirley trataba siempre de asistir a los ensayos de una obra en la que fue protagonista. “Sirley tenía una pasión por el trabajo envidiable”, cuenta Rosana. “Para mí, este es uno de los casos que más me toca fibras sensibles porque saber que el eco de nuestro programa estaba llegando lejos y que Sirley hacía lo posible por no faltar, a pesar de las circunstancias, es algo muy bello. Ver cómo desde La Scala podemos impactar positivamente la vida de una familia es muy gratificante”.Al igual que Sirley, muchos nombres de niños y jóvenes que han elegido el camino del arte han pasado por La Scala. Es el caso de la conocida presentadora Violeta Bergonzi, que el año pasado participó en el reality de cocina Masterchef, del canal RCN, y quien tiene una carrera consolidada en los medios nacionales. “Yo estuve tres años y, aunque nunca fui la mejor bailando o cantando, La Scala fue el primer escenario donde me enfrenté a público. Fue una escuela maravillosa en donde conocí gente increíble. La Scala me preparó para la vida, me enseñó a trabajar en equipo, a sentir la música de una forma distinta. Jamás olvidaré la sensación de pisar ese escenario. Yo vivo muy agradecida con Rosana, es una mujer que llevo en el corazón”, dice Violeta al recordar su paso por la escuela.Escuela de artes La Scala Foto:Archivo personal¿Qué es La Scala?La Scala empezó a comienzos de los años noventa cuando su fundadora, Rosana Perafán, terminó su carrera de música y se fue a hacer un curso en la Escuela Mozarteum de Salzburgo, en Austria. Allá entendió que quería empezar un proyecto que utilizara al arte como medio para hacer una labor social. “Yo quería construir algo que tuviera un enfoque distinto”, dice. Fue entonces cuando creó una escuela para formar a niños y jóvenes provenientes de sectores populares del departamento del Cauca en canto, música instrumental, danza y teatro para que muchos de ellos encontraran en el arte una forma de escapar de la violencia.Desde entonces, La Scala ha realizado 34 montajes y temporadas de obras musicales en el Teatro Musical, en Popayán, ha presentado sus montajes en el Teatro Colón, de Bogotá, y en el Jorge Isaacs, de Cali, y en 2010 fue premiada como la Entidad Cultural del Año por el diario El Liberal.“La presentación en el Teatro Colón fue hermosa”, recuerda Rosana. “Nos transportaron en un avión Hércules de la Fuerza Aérea. Muchos de los niños y sus familias nunca habían salido de Popayán ni se habían quedado en un hotel y verlos vivir esa experiencia fue maravilloso”.Más de tres décadas de trabajo ininterrumpido han tenido momentos muy difíciles. En 1999, recuerda Rosana, la situación de orden público en el Cauda era crítica: Popayán estuvo sitiada durante más de un mes por los grupos armados. Nadie podía entrar ni salir y hasta empezaron a escasear los víveres en los supermercados por cuenta del bloqueo a las carreteras. Rosana, que estaba trabajando en el montaje de una obra llamada Alas para soñar, decidió no parar. “Me decían que estaba loca, que nadie iba a ir, pero yo sentía que seguir adelante era una forma de hacer pensar a los niños y jóvenes en otra cosa”, cuenta. Hizo dos funciones y, en contra de todo pronóstico, el teatro se llenó. “No te puedo describir la emoción que fue esa puesta en escena”, dice. “Saber que en ese momento difícil seguimos inculcándole a los niños el amor por el arte y les dimos un ambiente esperanzador, hace que se me ponga la piel de gallina”.La Scala y Cocrea“Para mí, CoCrea es la mejor idea que hayan podido sacar para impulsar la cultura y la creación. Hacer que la empresa privada tenga un beneficio y nos ayude a financiar proyectos es una cosa sensacional”, confiesa Rosana. La directora de La Scala aplicó por primera vez al mecanismo en 2023 gracias a la financiación del Banco Mundo Mujer y el resultado dejó tan contento a su financiador que han querido seguir ayudándola. “Ellos quedaron felices con nosotros y con CoCrea porque además de beneficiarse del mecanismo pudieron ver el impacto que generó en la comunidad”, dice.. Sigue toda la información de Cultura en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.