En el siempre dinámico ajedrez de la política argentina, las invitaciones a tomar un café rara vez son inocentes, y los rechazos mucho menos. Luego de que Patricia Bullrich sorprendiera a propios y extraños asegurando que se sentaría a charlar con Cristina Kirchner pero que le cerraría la puerta en la cara a su hijo, la respuesta no tardó en llegar. Lejos de esquivar el dardo, Máximo Kirchner se calzó el guante con una dosis de picardía: "A mí me gusta el té, no tomo café. Té amargo, que es una costumbre que me viene del sur", disparó durante una entrevista por el canal de streaming de Crónica, desactivando la chicana con un toque de humor. El cortocircuito se desató cuando la actual senadora nacional de La Libertad Avanza (LLA) justificó su negativa a dialogar con uno de los líderes de la oposición, tildándolo de ser una persona "cerrada" y el "guardián de una ideología fracasada". Esas palabras fueron el combustible perfecto para que el diputado de Unión por la Patria saliera a marcarle la cancha, apuntando directamente contra el extenso currículum de la funcionaria y sus constantes saltos de vereda partidaria a lo largo de las últimas décadas. Con tono filoso, Kirchner se preguntó en voz alta a qué se refería exactamente la legisladora cuando habla de fracasos. Sin pelos en la lengua, le recordó que ella fue parte protagónica de las gestiones de Fernando de la Rúa, de Mauricio Macri y ahora del proyecto de Javier Milei. Para el dirigente peronista, esas son las verdaderas políticas que fracasan al no mejorar la calidad de vida de la gente, aunque remató deslizando que "por ahí, para sus intereses inconfesables, les va muy bien".
La irónica respuesta de Máximo Kirchner al desplante cafetero de Patricia Bullrich
Tras el sorpresivo guiño de la senadora libertaria hacia Cristina Kirchner y su negativa a dialogar con el líder de La Cámpora, el diputado le retrucó recordando su largo historial de saltos políticos. El detrás de escena de una dirigente que muestra juego propio.






