Pocas situaciones son tan complejas para un jubilado como necesitar atención médica un lunes cualquiera y encontrarse con las puertas de la clínica completamente cerradas. Esa pesadilla burocrática y sanitaria se volverá realidad el próximo 24 de agosto para unos 300.000 afiliados del PAMI en el sur del país. Un bloque unificado de 28 sanatorios y clínicas privadas de Neuquén, Río Negro, La Pampa y Chubut decidió patear el tablero y suspender de manera total sus servicios durante 24 horas. ¿El motivo de fondo? Una feroz pulseada por la actualización de aranceles que dejó a las instituciones médicas al borde de la asfixia financiera. Este apagón de atención no es un berrinche sorpresivo, sino el punto de ebullición de una crisis que viene escribiendo capítulos. Los centros de salud patagónicos llevan meses aplicando un esquema de restricciones progresivas para hacer oír su reclamo. En abril comenzaron limitando algunas prestaciones, para junio ya habían bajado la persiana en las guardias, y durante las últimas ocho semanas conseguir una derivación o programar una cirugía se convirtió en una verdadera carrera de obstáculos para los adultos mayores de la región.

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