Una madre que quiere tener a sus hijos cerca, un hijo que intenta resolver los conflictos mediante la diplomacia y una convivencia que pone a prueba la paciencia de ambos. Ese es el punto de partida de La pipa de la paz, la obra que Martha Ontaneda y Santiago Carpio llevan al escenario del Teatro Sánchez Aguilar bajo la dirección de Marina Salvarezza.La propuesta, escrita por la argentina Alicia Muñoz, se construye alrededor de una relación familiar atravesada por el amor, los desacuerdos y una particular forma de entender los vínculos. Para su montaje en Guayaquil, el equipo decidió conservar la historia y únicamente retirar algunos términos argentinos para adaptarlos al contexto local. De esta manera, se incorporaron expresiones y referencias propias.Ontaneda interpreta a una madre posesiva, de carácter fuerte y cambiante, que busca mantener cerca a sus hijos y que, para conseguirlo, incluso recurre a engaños. Su hijo, un diplomático que trabaja en la ONU, regresa a casa convencido de que debe atender un problema familiar y termina enfrentándose a una situación que no puede resolver con la misma facilidad con la que aborda los conflictos de su trabajo.PublicidadPara Ontaneda, uno de los principales retos del personaje estuvo precisamente en interpretar a una mujer que piensa y actúa de una manera muy diferente a la suya. “Es una madre posesiva. Pero con mucho amor a sus hijos, sino que ella finge mucho también, ¿no? Es de carácter fuerte y tiene muchos cambios. Está contenta, está triste, está aparentemente enojada. Mientras la madre interpreta los acontecimientos desde su propia perspectiva, el hijo intenta comprenderla y mantener la calma”, explica.Ese contraste entre ambos personajes es uno de los elementos centrales de la obra. El hijo está acostumbrado a utilizar la diplomacia para enfrentar conflictos y trata de trasladar esa lógica a su propia familia. Sin embargo, la intensidad de su madre hace que el método no siempre funcione.La situación familiar también abre una reflexión más amplia. El personaje del hijo se cuestiona los conflictos que existen fuera de casa, las guerras y la violencia, y se pregunta por qué las personas no pueden vivir en paz. Frente a esas inquietudes, la madre representa una postura mucho más indiferente ante el sufrimiento de los demás.PublicidadPublicidadPara Ontaneda, allí aparece una de las diferencias más importantes entre los personajes y una de las ideas que atraviesan la historia: “Existe el quemeimportismo de la gente ante sufrimiento humano, ¿no? La madre lo demuestra”.Aunque la historia aborda conflictos familiares, la propuesta no busca presentarlos desde un tono exclusivamente dramático. La dirección de Marina Salvarezza apuesta por una puesta en escena realista y por utilizar el humor como una vía para que el público pueda reconocerse en las situaciones que plantea la obra.“Creo que es una obra cuyo texto te transmite la esencia, ¿no? Entonces, no hay que crear muchas situaciones. Es un teatro realista que habla justamente de problemas cotidianos”, explica Salvarezza.Para la directora, la relación entre la madre y sus hijos es el centro de la historia. La personalidad posesiva del personaje permite mostrar cómo determinadas formas de control pueden terminar afectando a quienes están alrededor. La madre ama profundamente a su familia y ha luchado por ella durante toda su vida, pero su manera de relacionarse también puede convertirse en una fuente de frustración.Salvarezza considera que esa contradicción es parte de la fuerza de la obra: una mujer que ama a su familia, pero que pretende que los demás se adapten a sus deseos. Desde esa personalidad, la historia plantea una reflexión sobre la crianza, la convivencia y la necesidad de escuchar a los demás.“Hay que escuchar a los demás, hay que ponerse al servicio de los demás, no pretender que los otros te sirvan, te obedezcan”, sostiene la directora.PublicidadEl humor cumple un papel importante en esa reflexión. Según Salvarezza, las situaciones permiten que el público vea los comportamientos de los personajes como si fueran un espejo y pueda reconocer algunos de los errores que pueden aparecer en la educación de los hijos o en las relaciones familiares.Para Ontaneda, el proceso de trabajo con Carpio ha sido parte importante de esa construcción. Las primeras lecturas también marcaron una dinámica fluida entre los integrantes del elenco. La actriz recuerda que desde el inicio lograron compaginarse y que no hubo discusiones durante el proceso de preparación. El equipo lleva alrededor de mes y medio trabajando en los ensayos en la Casa de los Títeres, espacio de Salvarezza.La obra tiene una duración aproximada de una hora y media y, de acuerdo con Ontaneda, se trata de una propuesta extensa y versátil. Para la actriz, uno de sus principales atractivos está en la posibilidad de hablar de la familia y, al mismo tiempo, plantear una mirada sobre el deseo de vivir en un mundo sin guerras.Ese es también uno de los objetivos que el equipo espera conseguir con el público: que la conversación no termine cuando se apaguen las luces.La pipa de la paz tendrá funciones hoy, mañana y el sábado 22, a las 20:00, en la tercera sala del teatro. Las entradas tienen un valor de $ 30 y están disponibles a través de los canales del espacio y en boletería. (E)