A principios de este verano, durante los numerosos desfiles de moda celebrados en París, el aspecto que más llamó la atención fue el clima.Las temperaturas récord registradas en Francia crearon escenas en las que modelos y editores desfallecían en extravagantes pasarelas al aire libre; estos últimos se abanicaban frenéticamente o se protegían bajo sombrillas que ofrecían poca defensa contra el calor de 40 grados Celsius. Aun así, los desfiles siguieron adelante.La imagen parecía una metáfora de la actitud de la industria de la moda frente al calentamiento mundial. Hace menos de una década, las ambiciosas promesas para mejorar la huella ambiental y las condiciones laborales alcanzaron su punto máximo. Después de la pandemia, sin embargo, los esfuerzos disminuyeron, justo cuando diversos escándalos sacudían la cadena de suministro del lujo y surgían marcas de moda “ultrarrápida”, como Shein, con tendencias instantáneas a precios bajísimos. ¿Qué cambió?En EU, la administración Trump redujo incentivos empresariales y eliminó objetivos climáticos. Al mismo tiempo, ante condiciones comerciales más difíciles, numerosas marcas relegaron, diluyeron o abandonaron sus metas de sustentabilidad. Mientras empresas como H&M y Kering lograron avances y redujeron sus emisiones en más de un tercio respecto a los niveles de 2022, otras quedaron rezagadaUn paso atrásLos retrocesos alcanzan tanto al lujo como al mercado masivo. Este año, Burberry aplazó una década su objetivo de cero emisiones netas, hasta 2050; Under Armour lo descartó y grandes emisores, como Nike, dejaron de publicar informes de sustentabilidad. Mientras tanto, la Unión Europea puso en marcha la esperada prohibición de destruir ropa no vendida, establecida en el Reglamento sobre diseño ecológico para productos sustentables (ESPR). Pero, a medida que la industria mundial sigue produciendo más ropa que nunca, pareciera que la sustentabilidad pasó de moda, si es que alguna vez estuvo realmente de moda.“El abismo entre las promesas y la práctica es tan grande en la moda —si no mayor— como en cualquier otra industria”, dice Ken Pucker, profesor de práctica en The Fletcher School de la Universidad Tufts. “Incluso en su momento de mayor auge, cabe preguntarse hasta qué punto fueron auténticos los esfuerzos de las empresas, dado que la rentabilidad y el crecimiento siguen chocando con sus compromisos ambientales”.Las reglas y las recompensas no han cambiado.Durante los días más sombríos de la pandemia surgió cierto optimismo ante la posibilidad de un reinicio radical de la moda. Con centros comerciales y fábricas vacíos, los líderes del sector tuvieron que afrontar el problema de los residuos en cada etapa de la cadena de valor. Muchos asumieron compromisos voluntarios para construir un sistema más limpio, justo y transparente.Pero las guerras comerciales y el endurecimiento del mercado relegaron esos objetivos.
La sustentabilidad pasó de moda en desfiles y pasarelas
El problema de una producción masiva de ropa, ataca al planeta y afecta el cambio climático.






