Al granoEs difícil exagerar el enorme valor cívico de que en Guatemala un medio de prensa alcance setenta y cinco años de existencia.
Cumplir 75 años de publicación ininterrumpida es un hito de trascendencia para Prensa Libre, pero lo es aún más para la sociedad guatemalteca. Agradezco a este diario la oportunidad de compartir estas páginas con otros columnistas, con editores, investigadores, reporteros y, en fin, un elenco formidable de pensadores, profesionales y técnicos comprometidos con su misión periodística. Un espacio que no solo me honra, sino que me permite reflexionar sobre el significado de su permanencia en el debate público nacional.
Celebrar tres cuartos de siglo no es resultado de la fuerza de la inercia. Cobra una dimensión especial al considerar el entorno en el que ha tenido lugar: una sociedad históricamente conservadora, cautelosa y desconfiada, que ha atravesado períodos convulsionados, complejos y dolorosos, por la sangre derramada en momentos de radicalización extrema. A lo largo de estas décadas, la historia de Guatemala se ha escrito entre tensiones políticas, conflictos abiertos y transiciones institucionales frágiles. En ese escenario, mantener un medio de comunicación a flote requiere algo más que solvencia empresarial; exige convicción y constancia.






