La actriz cumple 80 años convertida en personaje, mito y monumento de sí misma

Hay una esquina de Buenos Aires que, desde hace días, está copada por Moria Casán: la gigantografía de la diva del espectáculo argentino anuncia el estreno en Netflix de la serie que cuenta su vida. Atraviesa su escote una barra de hierro específicamente diseñada para que las personas que pasan por la acera puedan aferrarse; una invitación literal a probar lo que Moria acusa de hacer a quienes aspiran a elevar su popularidad rivalizando con ella: colgarse de sus tetas.

Su cumpleaños número 80, el domingo pasado, coincidió con el lanzamiento de su serie biográfica, que justamente comienza y termina con escenas de una fiesta de cumpleaños. De su fiesta de cumpleaños. Hay música fuerte, brillos enceguecedores, drag queens y un vestido metalizado que la caracteriza como lo que dice que es: una marciana. Son los 80 años de Moria y también de su mito, que ella ha convertido en una misma cosa. En su vida no hay detrás de escena: su mansión en las afueras de Buenos Aires es también el decorado televisivo desde el que atiende los móviles de los programas de chimentos y su historia sentimental (y sexual) es abierta y pública, casi tanto como la de su única hija, que fue tapa de la revista Gente con apenas horas de nacida.