La asistenta fue, para Sydney Sweeney, un balón de oxígeno. La actriz que, en Euphoria, arrollaba no era capaz de repetir hazaña en cines. Cualquiera menos tú era la excepción, pero La asistenta la reafirmó. La película coprotagonizada junto a Amanda Seyfried puede verse en España gracias a Prime Video y ya ha confirmado secuela con Sydney Sweeney para el año que viene.Basada en la novela superventas de Freida McFadden, La asistenta sigue a una joven de turbulento pasado que comienza a trabajar en casa de lo que parece un matrimonio ejemplar. Sin embargo, a medida que ronda los pasillos con una bayeta, la asistenta descubre que esa casa esconde secretos y que ella misma está peligro. Pero, al mismo tiempo, debe reaccionar para detener lo que allí ocurre.Sydney Sweeney, que ya resucitó en cierta medida la comedia romántica con Cualquiera menos tú, le hace con La asistenta una RCP a uno de los subgéneros que más gloria (a veces avergonzada) nos ha dado a los espectadores de los 90: el trashy thriller. Ese tipo de película que no pasaría un control de calidad cinematográfico muy riguroso, pero que a uno siempre le va a apetecer ver un domingo.¿Cuál fue mejor momento del rodaje de 'La asistenta'?La película, como tal, es divertida a una manera camp. Su trama, desde luego, no lo es. En cambio, Sydney Sweeney y Amanda Seyfried congeniaron en seguida en plató y pasaron buenos ratos, eso sí, con las cámaras apagadas.En una entrevista, Sweeney ha recordado que uno de los instantes que más disfrutó es, precisamente, uno de los menos disfrutables para su personaje: cuando el que interpreta Seyfried le da una bofetada. Porque Seyfried, pese a ser una de las mejores actrices de su generación, no tendría mucho futuro en un ring de boxeo.Sweeney, que venía de entrenarse en un cuadrilátero para el biopic Christy: el combate de su vida (de nuevo, obsérvese cómo la actriz solo interviene en películas del género “estrenada en 1996”), se rio bastante con Seyfried. Su compañera de plató era incapaz de rodar bien la escena de la bofetada porque no sabía dar una, lo que Sweeney definió como “refrescante”. “Era muy mono que ni siquiera fuese capaz de averiguar cómo arrear un guantazo. Hasta sus bofetadas son cuquis. Un par de veces, me dio en la mandíbula, y yo la miré como diciéndole ‘creo que no son así”, evocó Sydney Sweeney.