Diez nuevas bases, al menos 59 plataformas de lanzamiento y capacidad para almacenar más de un millar de drones en una sola instalación. Rusia está acelerando el despliegue de una nueva infraestructura militar junto a sus fronteras occidentales desde la que algunos de sus aparatos más avanzados podrían alcanzar incluso Varsovia. Las variantes de alta velocidad como los Geran-4 y Geran-5 pueden transportar unos 90 kilos de carga y, en algunos casos, recorrer distancias próximas a los 1.000 kilómetros. Siete de esos diez emplazamientos ya se han utilizado para bombardear Ucrania, según The Telegraph. Pero lo que inquieta a las potencias occidentales no es ya únicamente lo que Moscú está haciendo, sino hasta dónde podría estar dispuesto a llegar. Hasta principios de este año, Washington consideraba que Vladimir Putin evitaría provocar deliberadamente a un miembro de la OTAN mientras continuase combatiendo en Ucrania. Pero los servicios estadounidenses ya no dan por válida esa premisa. Ahora contemplan que el Kremlin pueda intentar poner a prueba la determinación de la Alianza mediante una agresión limitada contra uno de sus miembros. El horizonte que manejan las evaluaciones comienza tan pronto como este otoño y se extiende hasta 2029. Los drones de Kiev están provocando daños cada vez mayores al Ejército y a la industria petrolera rusa, mientras las fuerzas de Putin consiguen avances más reducidos en el frente a costa de elevadas bajas. La preocupación, según los expertos, es que el presidente ruso pueda volverse más peligroso si se siente acorralado. Los escenarios estudiados van desde un ciberataque contra un Estado aliado hasta el envío de grupos armados sin distintivos para ocupar territorio o, en el supuesto más grave, una incursión terrestre limitada en el flanco oriental. Aunque esta última posibilidad continúa considerándose poco probable. TE PUEDE INTERESAR Más difícil de gestionar sería una acción deliberadamente ambigua, suficientemente grave para desafiar a la Alianza pero calculada para generar dudas sobre la respuesta colectiva. Ahí reside la clave. Una agresión militar inequívoca activaría previsiblemente el Artículo 5, por el que un ataque contra un aliado se considera un ataque contra todos. Pero la respuesta resulta mucho menos automática ante sabotajes, ciberataques u operaciones híbridas cuya autoría pueda discutirse. "Este siempre ha sido el desafío de la OTAN: cómo responder a un ataque que se sitúe por debajo del umbral del Artículo 5", explica Heather Conley, investigadora del American Enterprise Institute, a The Wall Street Journal. Cuando Rusia lanzó una oleada de ciberataques contra Estonia en 2007, recuerda, el país gestionó inicialmente la crisis bilateralmente. TE PUEDE INTERESAR El objetivo de Putin, según la evaluación estadounidense, sería fracturar la Alianza y comprobar hasta dónde llega realmente el compromiso de Washington con Europa. "La gran incógnita es cómo respondería Estados Unidos", advierte Conley. Una provocación cuidadosamente calibrada obligaría a las capitales occidentales a decidir hasta dónde están dispuestas a arriesgar una confrontación directa con una potencia nuclear. La escalada adquiere una dimensión especialmente delicada para Reino Unido. Por primera vez, drones fabricados por compañías británicas están siendo utilizados por Ucrania para realizar ataques en profundidad dentro de Rusia. Y Moscú ha respondido elevando considerablemente el tono contra Londres. La Embajada rusa advirtió esta semana de que las acciones británicas "inevitablemente tendrán consecuencias" y que cuanto mayor sea la implicación de Reino Unido, "mayor será el precio que pagará". Serguéi Lavrov fue todavía más lejos al plantear que Moscú podría considerar a Reino Unido parte directamente implicada en la guerra si se demuestra participación británica en los ataques contra territorio ruso. Londres no ha dado señales de retroceder. El primer ministro Andy Burnham ha asegurado que las amenazas no modificarán la política británica y que Reino Unido continuará respaldando a Ucrania "al cien por cien". El motivo del enfado del Kremlin es la eficacia creciente de los denominados ataques en profundidad. Fuentes militares ucranianas han confirmado que drones fabricados por dos compañías británicas se han utilizado durante los últimos seis meses contra objetivos en Rusia, incluidas refinerías en Volgogrado y Yaroslavl. Kiev busca golpear la infraestructura que permite financiar y sostener la guerra: instalaciones energéticas y militares, bases navales, centros logísticos y redes de transporte. Para el antiguo mariscal del Aire Greg Bagwell, atacar la industria energética puede producir un efecto estratégico mayor que los tradicionales golpes con misiles porque los ingresos petroleros resultan fundamentales para la economía rusa. Una fuente de Defensa británica resumía en The Times el cambio de actitud occidental de manera más explícita: Moscú había conseguido durante años mantener "nervioso" a Occidente ante la posibilidad de golpear demasiado fuerte dentro de Rusia. La utilización de estas armas indica que ese temor a las líneas rojas del Kremlin está disminuyendo. TE PUEDE INTERESAR Pero esta situación aumenta al mismo tiempo el riesgo de represalias. Bagwell advierte de que Rusia podría llegar a considerar las fábricas británicas que producen estos drones "objetivos legítimos". Un ataque convencional contra territorio británico continúa siendo extremadamente improbable por las consecuencias que tendría para la OTAN. Más plausibles son sabotajes, espionaje, ciberataques u operaciones contra infraestructuras críticas. En este contexto, la OTAN ha desplegado esta semana una operación aérea de una escala poco habitual alrededor del enclave ruso de Kaliningrado, con cazas estadounidenses y noruegos, F-35, aviones cisterna, un E-3A AWACS y plataformas especializadas en guerra electrónica. Entre ellas figuró un EA-37B Compass Call estadounidense, diseñado para operar precisamente contra radares y comunicaciones enemigas. Los movimientos coinciden con la presencia en el Báltico del Admiral Kasatonov, una de las fragatas más modernas de la Flota rusa del Norte, equipada con misiles Kalibr y los hipersónicos Zircon. Paralelamente, se ha registrado una intensa actividad de aviones de patrulla marítima y guerra antisubmarina en el norte de Europa. Londres lleva meses reforzando precisamente este frente: las operaciones británicas para vigilar la actividad rusa en sus aguas han aumentado un 25% este año y los P-8 Poseidon de la RAF han acumulado centenares de horas siguiendo submarinos rusos en el Atlántico Norte. TE PUEDE INTERESAR Las señales de alarma se acumulan. Las incursiones de drones en territorio aliado se han convertido prácticamente en semanales este verano. El 14 de agosto, la OTAN movilizó cuatro cazas después de que un aparato penetrara en el espacio aéreo de Letonia. Un Eurofighter italiano terminó derribándolo, mientras otro avión italiano y dos cazas turcos participaron en la respuesta. Riga evitó identificar inicialmente su procedencia, pero aseguró que había terminado en territorio letón como consecuencia de la guerra electrónica rusa. Moscú ha extendido redes de jamming y spoofing capaces de interferir o falsear la navegación por satélite de los drones ucranianos que se dirigen hacia Rusia. Al perder su ruta, los aparatos pueden seguir los vientos o trayectorias predeterminadas y acabar atravesando fronteras aliadas. Un día antes, cazas de la OTAN habían perseguido drones que penetraron en Rumanía. Los precedentes se acumulan desde hace meses. En mayo, un dron ruso impactó contra un edificio residencial en Galati. Otro aparato que se dirigía hacia Vilna provocó alertas antiaéreas en la capital lituana. En marzo, Estonia confirmó que un dron ucraniano había alcanzado una central eléctrica y Kiev tuvo que disculparse ante Finlandia después de que otros dos aparatos desviados acabaran estrellándose en su territorio. TE PUEDE INTERESAR La inquietud va más allá de los accidentes. Las autoridades bálticas temen que Moscú pueda utilizar drones ucranianos capturados para organizar un ataque de falsa bandera, golpear una infraestructura crítica y responsabilizar después a Kiev. Responsables militares occidentales sospechan además que Rusia utiliza sus propios aparatos para sondear las defensas europeas, medir tiempos de reacción e identificar vulnerabilidades. El general Carsten Breuer, máximo responsable militar alemán, advierte de que Moscú está intensificando una campaña en la denominada "zona gris" para desestabilizar gobiernos e instituciones sin cruzar abiertamente el umbral de la guerra. Este mes, además, la inteligencia estadounidense concluyó que Rusia probablemente estuvo detrás de un dron cargado con explosivos localizado cerca de un avión de carga ucraniano en un aeropuerto del este de Alemania. El ministro alemán del Interior habló de "un nuevo nivel de peligro". El escenario coincide con un momento incómodo para Washington. Los suministros enviados a Ucrania y el elevado consumo durante el conflicto con Irán han reducido las existencias de determinadas municiones fundamentales para una eventual guerra contra Rusia o China. Entre ellas figuran Precision Strike Missiles, ATACMS, Stinger, Patriot, SM-3 y THAAD. TE PUEDE INTERESAR El Pentágono niega que exista una escasez que comprometa su capacidad operativa. Sin embargo, un análisis del Center for Strategic and International Studies calcula que Estados Unidos pudo emplear entre 1.060 y 1.430 misiles Patriot durante el conflicto iraní, dejando potencialmente unas 870 unidades. "El problema es que ahora el Pentágono está muy preocupado por lo que esto supone en el Pacífico occidental frente a China", advertía Mark Cancian, coautor del estudio. En definitiva, el desafío para la OTAN ya no consiste únicamente en anticipar una agresión convencional, sino en responder a una presión que puede llegar simultáneamente por aire, mar, ciberespacio o mediante operaciones encubiertas difíciles de atribuir en tiempo real. Esa multiplicación de frentes obliga a los aliados a vigilar más, gastar más y tomar decisiones con mayor rapidez, precisamente cuando parte de sus arsenales está sometida a presión. La guerra continúa concentrada en Ucrania, pero sus líneas de fricción se extienden cada vez más allá de sus fronteras.
Rusia acerca sus bases lanzaderas de drones a Europa y la OTAN advierte de nuevas provocaciones a partir de otoño
Lo más difícil de gestionar sería una acción deliberadamente ambigua, suficientemente grave para desafiar a la Alianza pero calculada para generar dudas sobre la respuesta colectiva






