Cuando se piensa en cineastas y cr�ticos que defienden la pureza de lo antiguo, saltan a la mente grandes defensores del s�ptimo arte como Christopher Nolan, con su formato en 35 mil�metros. Sin embargo, muy lejos de los grandes focos de Hollywood, existen dos personas en la sombra que entienden, aman y viven este oficio desde la carretera. Se llaman 'Jarri' y Miguel �ngel, y llevan m�s de medio siglo recorriendo caminos secundarios para llevar la magia de la pantalla all� donde casi nada m�s llega.Un lunes de agosto, a las nueve de la noche, ambos rememoraban viejas batallas en la entrada del patio del Palacio de la Sagra, en Chapiner�a, mientras el sol empezaba a caer sobre la comarca de la Sierra Oeste de Madrid. Esa noche se proyectaba la comedia La Cena, durante la XXVI edici�n del Circuito de Cine de Verano de la Comunidad de Madrid. Los dos hombres aprovechaban esa hora previa de calma para repasar cada detalle de la instalaci�n e intercambiar recuerdos con la complicidad de dos viejos camaradas que sumaban, entre furgonetas, bobinas y plazas de pueblo, m�s de medio siglo dedicados en cuerpo y alma al arte itinerante de proyectar pel�culas.Jarri, dentro de la furgoneta que es su lugar de trabajo.M. S.A Raimundo Orvich todos lo conocen cari�osamente como 'Jarri', desde que, con apenas siete meses de vida, le pusieron el apodo por lo mucho que lloraba, al igual que aquel c�lebre personaje de la comedia brit�nica El hombre del traje blanco. A sus 67 a�os y con 56 temporadas metido de lleno entre cables, pantallas hinchables y proyectores, a 'Jarri' se le quiebra la voz y se le saltan las l�grimas cuando habla de su trabajo. Reconoce con sinceridad que, aunque por edad deber�a llevar un par de a�os disfrutando de la jubilaci�n, se ve completamente incapaz de quedarse en casa sin hacer nada, porque la proyecci�n es el �nico motor que entiende en la vida: "Es una enfermedad... una enfermedad", exclama.'Jarri' es parte de una estirpe familiar que arranc� en el a�o 1940 proyectando cine de pueblo en pueblo por toda la geograf�a espa�ola. Hoy sigue al pie del ca��n al frente de su firma Cinerama 40, defendiendo un oficio que han heredado sus propios hijos y nietos, aunque confiesa entre suspiros que la pasi�n visceral que �l siente por este mundo es algo imposible de explicar o de inculcar. Incluso su mu�eca est� decorada con una pulsera met�lica que simula un cinemat�grafo de 35 mm.Los distintos objetivos del proyector son cambiados por Jarri, que lleva en su mu�eca un cinemat�grafo de 35 mm.M. S.A su lado se encuentra Miguel �ngel Rodr�guez, coordinador de programas y uno de los responsables de la empresa Lince Comunicaci�n, quien acumula 54 a�os en el sector cultural, y ha organizado y programado "m�s de treinta mil sesiones cinematogr�ficas" a lo largo de su trayectoria profesional. Entre los dos explican las dificultades de este a�o, ya que los graves incendios forestales obligaron a suspender 14 pases en la zona durante los d�as m�s cr�ticos de la emergencia. A ello se sumaron, adem�s, las suspensiones de cuatro citas por la coincidencia con los partidos de las semifinales y la final del Mundial de f�tbol.Sin embargo, "no se ha perdido nada", ya que el equipo reorganiz� el itinerario y extendi� el calendario una semana m�s para garantizar que ning�n municipio perdiera sus sesiones. Para los vecinos que regresaban a sus casas tras d�as de incertidumbre, encontrarse con una forma de distracci�n en su pueblo ofreci� un espacio de reencuentro indispensable para compartir impresiones sobre la cat�strofe y recuperar poco a poco la normalidad.Miguel �ngel y Jarri, delante de la pantalla en Chapiner�a.M. S.A la entrada del recinto en Chapiner�a, antes de que las luces se apagasen por completo, las vecinas y asistentes comentaban con emoci�n lo que significa esta oferta cultural en un momento tan delicado para el pueblo. Gisel, una mujer instalada en el municipio desde hac�a tan solo unos meses, se�alaba que el cine se hab�a convertido en "un espacio donde compartir momentos y conocerse".Pocos metros m�s all�, Lola relataba su experiencia con el incendio: �A m� el fuego me quem� una antigua bodega y un corral grande con pajares que qued� totalmente arrasado�. En esta misma l�nea, su amiga Ana destacaba el valor de retomar las pel�culas a pesar de todo: "Nosotras pens�bamos que habr�an suspendido el cine por lo ocurrido, imaginando que la gente no tendr�a ganas, pero hay muchas personas que se han animado".A lo largo de tantas d�cadas de oficio, 'Jarri' custodia aut�nticos tesoros documentales, como un proyector original de 35 mil�metros cubierto con mantas en su casa. Entre sus recuerdos m�s preciados figura una experiencia m�gica vivida en junio de 2008, cuando fue contratado para proyectar en Almer�a, donde tuvieron la oportunidad de proyectar los cl�sicos de Sergio Leone sobre los mismos parajes naturales donde fueron filmados.El proyector original de 35 mil�metros, siendo usado en el 2008.CEDIDAEn Los Albaricoques, en el Cabo de Gata (Almer�a), instalaron la pantalla gigante en la misma zona donde se rod� el duelo final de La muerte ten�a un precio, permitiendo al p�blico ver a Clint Eastwood exactamente en el mismo escenario del rodaje. Otro de sus hitos tuvo lugar en San Jos� (Almer�a), donde proyectaron Por un pu�ado de d�lares en pleno desierto: "Trajeron copias nuevas en 35 mm directamente desde Estados Unidos, por mediaci�n de Quentin Tarantino", en una odisea donde el cami�n de la empresa qued� atascado en las dunas y requiri� la intervenci�n de una gr�a de rescate.Por su parte, la trayectoria de Miguel �ngel arranc� en 1974, con solo 14 a�os, programando en el Cineclub Salesiano de Guadalajara, y un par de a�os despu�s inici� la carrera de Historia, pero la abandon� para volcarse en los cineclubs de las escuelas de la Universidad Polit�cnica de Madrid. Entre 1975 y 1980 trabaj� en la librer�a especializada de la Filmoteca Espa�ola, periodo en el que coincidi� con unos j�venes Pedro Almod�var y Fernando Colomo, que daban sus primeros pasos rodando en Super-8.Jarri comprueba que la pel�cula est� bien centrada y enfocada.M. S.A comienzos de los a�os 80, ante la creciente demanda de los ayuntamientos, ayud� a crear el circuito cultural de exhibici�n no comercial. M�s tarde, en 1999, junto a Antonio Delgado (entonces al frente de la Asesor�a de Cine de la Comunidad de Madrid), impuls� el Circuito de Cine de Verano de la Comunidad de Madrid, tomando como espejo el hist�rico modelo instaurado por la Diputaci�n de Ja�n en 1991. Arrancaron en 1999 con 20 pueblos y, con los a�os, consolidaron una red estable que atiende a m�s de 40 municipios y mueve un cat�logo de entre 25 y 30 t�tulos.El trabajo de proyeccionista ha cambiado de manera radical con la reconversi�n tecnol�gica. Como le gusta matizar a 'Jarri', antes "con un simple destornillador en la mano y algo de pericia se solucionaba cualquier quemadura en la cinta de 35 mil�metros". Pero hoy en d�a, un proyector digital depende de unas 10 tarjetas de circuitos electr�nicos y especialistas inform�ticos.El escenario de proyecci�n, en el patio del Palacio de la Sagra, en Chapiner�a.M. S.Sin embargo, a pesar de la complejidad de los nuevos soportes inform�ticos, la m�stica de sentarse en la penumbra mantiene intacta su fuerza. Cuando el reloj marca las diez y cuarto de la noche, las luces del patio se apagan por completo y la pantalla vuelve a iluminar los rostros en Chapiner�a, demostrando que el cine conserva su poder ancestral de unir a toda una comunidad alrededor de una buena historia, sobre todo en esos momentos donde lo que m�s se necesita es un horizonte.
De conseguir pel�culas por mediaci�n de Tarantino a plantar cara al fuego: la historia de los hombres que llevan el cine de verano pueblo a pueblo desde hace m�s de 50 a�os
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