Parece el guión de una comedia negra, pero es la Justicia argentina. Justo cuando se pensaba que el juicio por la muerte de Diego Armando Maradona no podía sumar más capítulos bizarros (cabe recordar que el proceso anterior se anuló porque la jueza filmaba un documental a escondidas), apareció un error de principiantes que dejó a todos boquiabiertos. Los peritos estrella de la Junta Médica, encargados de elaborar el documento más importante de la acusación, pasaron meses analizando a fondo los estudios clínicos y de laboratorio del astro, hasta que alguien notó un pequeño gran detalle: los análisis pertenecían en realidad a su padre, el fallecido "Don Diego". El encargado de destapar este insólito error fue Nicolás D’Albora, abogado defensor de la coordinadora médica Nancy Forlini. Durante la última audiencia, mientras un nefrólogo se explayaba sobre la supuesta enfermedad renal crónica del Diez basándose en exámenes de laboratorio del 2015, el letrado ató cabos. En aquel año, el ídolo mundial vivía en Dubai, por lo que era imposible que se hubiera hecho esos estudios en el país. Tras pedir un cruce de datos con la prepaga y los registros migratorios, la sospecha se confirmó y la bomba explotó en pleno tribunal de San Isidro. Don Diego Maradona La gravedad del blooper no es un tema menor, ya que golpea directamente el corazón de la causa contra los siete trabajadores de la salud imputados por homicidio simple con dolo eventual. La famosa Junta Médica había concluido que el trágico desenlace de Maradona se podría haber evitado si los profesionales hubiesen prestado atención a sus antecedentes clínicos. Ahora, la gran pregunta que sobrevuela la sala de audiencias es cuántos de esos diagnósticos lapidarios se armaron mirando el historial de un hombre que murió en 2015, confundiendo por completo el cuadro médico del paciente.