Las amenazas arancelarias de la Administraci�n Trump se interpretaban como un elemento negativo para la divisa estadounidense, por la incertidumbre que generaban sobre el comercio, la inflaci�n y el crecimiento.El mercado de divisas ha vivido una primera mitad de 2026 cambiante. El a�o comenz� con un d�lar debilitado -con el euro por encima de 1,20 d�lares y en m�ximos de cinco a�os frente a la moneda estadounidense- por las dudas sobre la pol�tica comercial estadounidense y por las expectativas de una r�pida relajaci�n monetaria por parte de la Reserva Federal. Sin embargo, el d�lar recuper� terreno a medida que avanzaba el a�o por tres factores: el cambio de expectativas sobre lo que har�a la Fed, el conflicto en Oriente Pr�ximo y el flujo de inversi�n hacia EEUU ligado al desarrollo de la inteligencia artificial.Al comienzo del a�o, los mercados anticipaban que la Fed reducir�a los tipos de inter�s con rapidez durante 2026. Esto restaba atractivo a los activos denominados en d�lares y favorec�a al euro y a otras monedas. Tambi�n las amenazas arancelarias de la Administraci�n Trump se interpretaban como un elemento negativo para la divisa estadounidense, por la incertidumbre que generaban sobre el comercio, la inflaci�n y el crecimiento.Ese escenario dur� poco. La persistencia de las presiones inflacionistas y la resiliencia de la econom�a estadounidense llevaron a los inversores a revisar sus previsiones. El giro fue notable: de esperar un ciclo de bajadas de tipos intenso se pas� a contemplar que la Fed mantuviera una pol�tica restrictiva m�s tiempo, e incluso que el siguiente movimiento pudiera ser una subida de tipos. Los mercados descuentan un incremento de 25 puntos b�sicos en el �ltimo trimestre del a�o y cierta probabilidad de otro en 2027, devolviendo atractivo a los activos denominados en d�lares.A ello se uni� un contexto internacional m�s complejo. Las tensiones entre EEUU e Ir�n impulsaron los precios de la energ�a. El Brent subi� m�s de un 50%, manteni�ndose varias semanas por encima de los 100 d�lares, y reabri� una vieja brecha entre las econom�as importadoras y productoras de energ�a. EEUU encar� el shock mejor gracias a su capacidad de producci�n. Adem�s, la incertidumbre global reforz� el papel del d�lar como activo refugio.El tercer elemento fue la capacidad de los mercados estadounidenses para atraer capital internacional. El auge de la inversi�n en centros de datos, semiconductores e infraestructuras vinculadas a la inteligencia artificial reforz� el atractivo de empresas y activos estadounidenses, sosteniendo indirectamente la demanda de d�lares.Entre las divisas desarrolladas, el euro volvi� a mostrar su sensibilidad a los shocks energ�ticos. La dependencia energ�tica limit� su avance, mientras el mercado asum�a que el BCE tendr�a menos margen que la Fed para mantener una pol�tica monetaria restrictiva. La libra mostr� mayor resistencia, apoyada por la cautela del Banco de Inglaterra ante una inflaci�n elevada. El yen fue la moneda m�s presionada por el amplio diferencial de tipos con EEUU, las pol�ticas fiscalmente expansionistas del nuevo Gobierno japon�s y la dependencia energ�tica de Jap�n. El d�lar lleg� a superar los 163 yenes, un nivel no visto en casi cuatro d�cadas, lo que provoc� una intervenci�n coordinada entre Jap�n y EEUU para frenar la depreciaci�n.Las monedas emergentes ofrecieron una imagen heterog�nea. Mientras la lira turca y la rupia india continuaron depreci�ndose, en Latinoam�rica, algunas divisas encontraron apoyo en tipos de inter�s elevados y mejores perspectivas econ�micas. Colombia fue el ejemplo m�s claro, al combinar un resultado electoral m�s favorable a la inversi�n con el impulso del encarecimiento del petr�leo. Este �ltimo factor tambi�n benefici� a otras econom�as exportadoras de crudo.Para los pr�ximos meses, la evoluci�n de la Fed, la geopol�tica y la capacidad de Estados Unidos para seguir atrayendo capital marcar�n el rumbo del mercado de divisas. Aunque el d�lar ha recuperado terreno y mantiene su condici�n de activo refugio, su fortaleza no est� garantizada: una Fed menos restrictiva, una menor tensi�n en Oriente Pr�ximo o una desaceleraci�n de los flujos ligados a la inteligencia artificial podr�an debilitarlo. A ello se suma el debate sobre una posible reducci�n de la exposici�n global a los activos estadounidenses, ante la incertidumbre comercial, el deterioro fiscal y las dudas institucionales. Estos factores han pesado menos desde febrero, pero podr�an volver a ganar protagonismo. El balance de riesgos para el d�lar, por tanto, puede cambiar con rapidez y hacerle perder parte del terreno ganado este a�o.Mar�a Mart�nez, BBVA Research