La crisis de carburantes que azota a Rusia se agudiza por segunda vez en lo que va de verano. Los parches aplicados por el Gobierno no han resuelto los problemas de abastecimiento de la potencia petrolera, y apenas un tercio de sus gasolineras disponen de combustibles que suministrar. Ucrania ha reanudado los bombardeos contra las refinerías rusas mientras sus técnicos intentan mantenerlas activas con reparaciones de urgencia, y la importación de gasolina y diésel de la India no está siendo suficiente para cubrir la demanda. El país está lejos de colapsar, pero la carestía de combustible hace mella en la financiación del Kremlin y aviva el malestar de la población por una guerra que ya dura cuatro años y medio.El presidente, Vladímir Putin, ha reconocido este miércoles que los ataques ucranios contra la logística rusa son nocivos para su país, aunque ha intentado mandar un mensaje tranquilizador a su población. “Estos ataques no han tenido consecuencias críticas, nunca las ha habido ni las habrá, pero sin duda nos perjudican, eso es evidente. Lo sabemos, y, por lo que parece, lo entendemos”, ha manifestado el dirigente ruso en referencia a los bombardeos ucranios contra sus refinerías y, también, contra los almacenes del gigante comercial Wildberries.Las fuerzas armadas ucranias han atacado al menos nueve refinerías rusas en lo que va de agosto. En la noche del martes al miércoles, sus drones golpearon por tercera vez las instalaciones petroleras de Bashkortostán, a unos 1.400 kilómetros al este de Moscú y cuna de uno de los mayores clústeres de empresas de refino. Según el gobernador de la provincia, Radi Jabírov, los proyectiles alcanzaron una unidad que estaba en proceso de reparación.Un vistazo al mapa de gasolineras rusas es revelador. La aplicación Gdebenz [Dónde hay combustible, en ruso] muestra un páramo de estaciones de servicio cerradas por no disponer de gasolina y gasóleo para sus clientes. En la capital y centro financiero del país, Moscú, algunos establecimientos están cerrados y la cadena Gazprom Neft ha limitado los repostajes a 40 litros por vehículo. El problema, sin embargo, crece notablemente tanto en el sur de Rusia —en la zona fronteriza con Ucrania, donde los drones son una amenaza constante a sus refinerías— como en las regiones más inaccesibles de Siberia.El Gobierno reconoce que una decena de provincias afronta “una tensión persistente” en el suministro de carburantes. Según el diario progubernamental Izvestia, solo un 28% de todas las estaciones de servicio del país tenían gasolina y diésel el pasado domingo, frente al 41% que disponía de combustible una semana antes. Al menos 58 regiones han impuesto restricciones de algún tipo a la venta de carburantes, según recoge BenZinMap. Provincias como Bashkortostán han limitado el repostaje a 30 litros por vehículo, mientras que en la ciudad de Sebastopol, en la anexionada península ucrania de Crimea, solo venden hasta 20 litros de combustible por cada código QR concedido por las autoridades locales. En otras regiones, como Lipetsk, el llenado del tanque de gasolina depende de que la matrícula sea par o impar. Es decir, que cada día solo pueden repostar la mitad del parque móvil.Rusia, uno de los cinco mayores productores de petróleo y carburantes del mundo, se ha visto obligado a comprar combustible ya refinado a Marruecos —que, paradójicamente, no cuenta con ninguna refinería activa— y la India. Este último país se había convertido, precisamente, en el principal importador de crudo ruso a través de una flota de petroleros en la sombra para sortear las sanciones por la invasión de Ucrania. Las energéticas indias, que se beneficiaban de los descuentos que le ofrecía Moscú por adquirir su crudo, revenden ahora a Rusia su propio combustible a precios mucho más elevados.Según explica el mayor portal ruso del sector petrolero, InfoTek, el carburante indio les cuesta a las petroleras rusas entre 110.000 y 150.000 rublos por tonelada, entre 1.100 y 1.500 euros al cambio actual, cuando la venta en el subvencionado mercado interno ronda los 77.500 rublos, prácticamente la mitad.La escasez de combustible amenaza, sin embargo, con disparar su precio de venta al público como a principios de verano, aunque el Gobierno ha logrado contener su coste por ahora poniendo el punto de mira en el punto de venta. El viceprimer ministro ruso Alexánder Nóvak ha instruido esta semana a las agencias gubernamentales a vigilar “más de cerca” a los distribuidores minoristas y mayoristas.“El Servicio Federal Antimonopolio ya ha abierto expedientes por estos incidentes [subidas de precios repentinas] y se han tomado las medidas coercitivas pertinentes contra los operadores del mercado”, dijo Nóvak este martes en una reunión interministerial en la que también anunció que la agencia antimonopolio está mediando entre las autoridades locales y las petroleras y los propietarios de gasolineras independientes “para garantizar precios justos” en la venta de combustible. El litro de gasolina de 95 octanos supera actualmente los 80 rublos, unos 80 céntimos de euro al cambio, aunque es mucho más difícil de encontrar que la gasolina de 92 octanos, a unos 70 céntimos. No obstante, a principios de verano llegó a costar más del doble, pese a que el Kremlin subvenciona el carburante para evitar que sus petroleras lo vendan a los precios que obtienen en el exterior.Las ayudas tienen un coste, y el Kremlin sufre cada vez más para cuadrar las cuentas y financiar su guerra. El déficit público alcanzó el 2,8% del PIB entre enero y julio, un desequilibrio que a primera vista puede parecer asumible pero que amenaza con convertirse en una bola de nieve. En gran medida, porque los costes de financiación del Estado ruso son enormes: su bono a 10 años ronda el 16% de rentabilidad exigida, frente al 3,2% de Alemania, el 3,7% de España, el 4% de Francia e Italia, el 4,7% de Estados Unidos o el 5% del Reino Unido. Aunque el endeudamiento de Rusia respecto al PIB (de alrededor del 20%) es mucho menor que en Occidente, el pago de los préstamos representa ya más de un 8% de su Presupuesto, y otro 40% se lo come el gasto militar, que continúa disparado. Con sus refinerías dañadas, el Kremlin sopesa ahora emprender nuevos recortes sociales para mantener su capacidad bélica en un conflicto que sigue estancado en el este de Ucrania.