Noticia Exclusivo suscriptores La joven se salvó de morir milagrosamente entre los escombros. Sus dos hermanas, sus padres y su tío fallecieron por el sismo.Ana María Saavedra Caicedo (centro), con sus hermanas trillizas Isabella y Sofía, quienes murieron. Foto: Imagen del colapso en Cuarto de Legua, Jaiver Nieto Álvarez y foto derecha, archivo particularPERIODISTA15.08.2026 19:28 Actualizado: 15.08.2026 19:28 PERIODISTA15.08.2026 19:28 Actualizado: 15.08.2026 19:28
"¡Chava, por favor, tenés que ser fuerte! ¡Todos estamos aquí, no te rindas por favor! ¡Soy yo! ¡Chava, no te rindas que sos una guerrera!". El grito, cargado de desesperación, removió el alma de los testigos en la calle que observaban la dolorosa escena en el sur de Cali, a pocos metros de una montaña de escombros de lo que un día fue un edificio de apartamentos. LEA TAMBIÉN Ana María Saavedra, la única sobreviviente de una familia en Cali Foto:Suministrada a EL TIEMPOEn ese instante, todos se aferraban a la esperanza de que Isabella Saavedra Caicedo fuera rescatada con vida de las entrañas del concreto. Sin embargo, el destino fue implacable: su muerte apagó esa última ilusión, dejando como única sobreviviente de la tragedia a Ana María, una de las trillizas del hogar conformado por los esposos Jairo Hernán Saavedra y Blanca Victoria Caicedo y por su otra hermana, Sofía Saavedra Caicedo. LEA TAMBIÉN El hallazgo del cuerpo sin vida de Isabella ocurrió después del devastador terremoto de magnitud 7,4, tras cuatro días de una búsqueda frenética que mantuvo en vilo a la capital del Valle del Cauca y a todo el país. Su rescate marcó el punto final a la incertidumbre, clausurando el sino trágico de un hogar. LEA TAMBIÉN Momentos antes de la catástrofe, el 10 de agosto, la atmósfera en el apartamento donde vivieron los Saavedra era el retrato vivo de una familia en armonía: el sonido del agua corriendo en la ducha de la habitación principal era parte de la mañana del lunes que aparentemente iba a ser tranquila. Jairo Hernán Saavedra se bañaba para iniciar el día y, a pocos metros, su esposa Vicky, como le decía cariñosamente, permanecía aún en la cama, aguardando el turno para luego sumergirse en la rutina hogareña.Ana María Saavedra es la única sobreviente. Foto:Instagram @jsaavedra55 /@isabellasaavedracEn la sala de aquel apartamento del edificio María Elvira Lloreda, que data de casi 50 años cuando el barrio Cuarto de Legua se fundó, el silencio matutino solo era interrumpido por el tecleo de Diego Caicedo, el tío de la casa, quien ya se encontraba sentado frente a la pantalla de un computador esperando que el sistema cargara para comenzar sus labores y que su cuñado saliera del baño y así poner al día sus agendas como empleados de una multinacional. En las habitaciones contiguas, las hijas trillizas de la pareja —Ana María, Sofía e Isabella— terminaban de arreglarse para ir a trabajar en un lunes que apenas despertaba.Afuera, la cotidianidad de Cali transcurría bajo un cielo despejado. Nadie en Cuarto de Legua, en el sur caleño, ni en los otros 334 barrios de la capital del Valle del Cauca sospechaba que la geografía de la misma ciudad estaba a minutos de quebrarse para siempre.Ana María Saavedra, la única sobreviviente de una familia en Cali Foto:Suministrada a EL TIEMPOEn la atmósfera del apartamento aún flotaba el eco de la noche anterior, un domingo de amigos y melomanía. Jairo Hernán, apasionado coleccionista de vinilos, había pasado las últimas horas del fin de semana bailando salsa y departiendo con su esposa. En esa reunión, Jairo hizo una petición a su amigo DJ Prilla —haciendo alusión a la canción Siempre alegre, esa pieza clásica de los años 70 de Raphy Leavitt— que se convertiría en una despedida premonitoria: "El día en que me muera la quiero en mi lápida", había dicho entre risas. Su interlocutor le contestó que no divagara, que aún le quedaba mucho por vivir, pero todo cambiaría en menos de seis horas.La cabeza y el espíritu de ese hogar estaban guiados por Jairo Hernán, un hombre amante de la vida cultural y la bohemia de Cali. Orgulloso melómano empedernido decía que su mayor tesoro era su familia y en lo material sacaba a relucir su colección de LP con las joyas originales de La Sonora Ponceña y Héctor Lavoe. Su alegría era contagiosa, de un espíritu festivo en las reuniones sociales.Isabella era la organizadora de las actividades en la casa; Sofía elaboraba cadenas, pulseras y otras artesanías, y a Ana María le gusta pintar.Ana María Saavedra es la única sobreviente. Foto:Instagram @jsaavedra55 /@isabellasaavedracEllos eran los Saavedra Caicedo que vivían en un edificio de cuatro pisos ubicado exactamente en la carrera 58 # 3-138, donde se respiraba un aire de realización, pues unos meses atrás, cuando el 2026 comenzaba, las trillizas de 23 años se habían graduado juntas como profesionales en mercadeo de la Pontificia Universidad Javeriana de Cali. Haber elegido la misma carrera fue parte de un ciclo de vida de complicidad absoluta. Las tres eran un solo ser, dicen algunos amigos de la universidad, así como profesores y allegados que las veían a diario asistir a las clases en un punto más hacia el extremo sur de Cali. Eran inseparables desde el vientre. Un año antes, a mediados de 2025, habían cruzado juntas el océano Atlántico rumbo a Francia para realizar su intercambio académico internacional, regresando con la ilusión de comerse el mundo a través del marketing digital y el área comercial.7:34 a. m.: la hora que partió a Cali en dosAquel lunes 10 de agosto, el reloj avanzó implacable. A las 7:34 de la mañana, la tierra rugió desde su epicentro en San José del Palmar, Chocó, con un devastador terremoto que sacudió los cimientos de todo el occidente colombiano. El movimiento telúrico fue tan violento en el sur de Cali que las estructuras empezaron a crujir de inmediato y 46 edificaciones se fragmentaron vaticinando que en minutos se iban desmoronar como castillos arena.Al percatarse del peligro inminente, la familia Saavedra Caicedo intentó evacuar el edificio. Con los segundos contados, las trillizas y el tío corrieron hacia la salida, pero la violencia del sismo colapsó los muros estructurales.Carlos Saavedra, tío de las trillizas, dice que Isabella y Sofía fueron las primeras en salir del apartamento cuando el edificio empezó a moverse lentamente. Ana María alcanzó a llegar a la puerta principal de cedro en ese vaivén hasta que el crujido del suelo se intensificó, sacudiéndose con furia. La joven había quedado atrapada y gritando.Terremoto en Colombia Foto:Sergio Cárdenas - Daniel Fernando López / EL TIEMPO"Ana María estaba muy asustada y su cabeza quedó por fuera. En ese momento a ella le cayó encima la puerta que finalmente la protegió", sigue contando el tío.Los padres de las trillizas quedaron en la habitación. "Sofía estaba en el corredor de acceso a los apartamentos, y Diego e Isabella quedaron en lo que eran las escaleras. De las casi 16 o 14 personas que había en el edificio, solo logró pudo salir Ana María", comenta Carlos Augusto Saavedra Ospina, primo de la sobreviviente.En un parpadeo, el edificio desapareció en medio de una densa nube de polvo que se levantó en esas calles de la comuna 19. Las sirenas ya retumbaban en Cali. En el norte, algunos de los edificios se agrietaron y también en el oriente donde la sede de la Notaría 20 en el barrio El Poblado II se fue descarando hasta venirse abajo de un solo tajo.Pero el sur ya era un escenario de desolación y muerte, donde cuerpos de socorro, los Bomberos de Cali y la Defensa Civil no tardaron en llegar a los sitios del desastre que se fueron incrementando con el paso de las horas, encontrando una montaña compacta de bloques de cemento y varillas retorcidas en Cuarto de Legua, El Refugio, Capri, Tequendama, Nueva Tequendama, Pampalinda y San Fernando. LEA TAMBIÉN Labores de búsqueda y rescate en Cali tras el terremoto Foto:Jaiver Nieto ÁlvarezSin embargo, la primera luz de esperanza brilló muy temprano, entre las capas más superficiales de la remoción de escombros en lo que era el edificio María Elvira Lloreda. Ana María Saavedra Caicedo logró convertirse en uno de los primeros milagros de la catástrofe que ha arrebatado la vida a más de un centenar de personas y dejado a un millar de heridos en Cali. LEA TAMBIÉN En el momento exacto del desplome, la joven consiguió resguardarse debajo de esa robusta madera maciza, un escudo que evitó que las placas de concreto la aplastaran directamente. Pese a estar atrapada, sus gritos de auxilio guiaron a los rescatistas, quienes la extrajeron de las ruinas con una severa fractura en la pelvis y otra en un brazo.Brigada de socorristas mexicanos Los Topos Aztecas en Cali tras el terremoto. Foto:EFEEn estado de shock pero consciente, Ana María fue trasladada de urgencia a la Clínica Imbanaco, a unos metros del edificio Mirasol que también se desplomó causando más muerte. En el camino y con la misma entereza pidió prestado el teléfono celular del paramédico. Su memoria tenía fresco el número de una de sus primas para narrarle con lágrimas el dolor de ver cómo la tierra devoró a sus seres queridos sin tener tiempo de que todos hubieran quedado a salvo.En medio del dolor físico y antes de ser ingresada de emergencia, la joven continuó con lucidez para describirles a los médicos y a familiares que acudieron al centro asistencial una vez se enteraron del desastre, la distribución exacta del apartamento y el punto exacto donde se encontraba cada miembro de su familia en el segundo en que su mundo se desvaneció.Las instalaciones del hotel La Luna. Foto:Carolina Bohórquez / EL TIEMPOCon el mapa trazado por Ana María, las brigadas de emergencia desataron una carrera contra el tiempo, pero el derrumbe era un laberinto mortal. Las labores se dificultaron enormemente debido a una viga de concreto de gran tonelaje que bloqueaba el acceso directo al cuadrante principal de la vivienda.Mientras tanto, la comunidad y los parientes rompieron en un clamor desesperado a través de las redes sociales, lanzando un SOS urgente para que las constructoras o ciudadanos de Cali prestaran maquinaria pesada, plantas eléctricas para continuar los trabajos en la noche, taladros industriales y pulidoras con discos de corte de granito. En medio de esa búsqueda inicial, el luto ya tocaba las puertas de la familia: las unidades de rescate hallaron el cuerpo sin vida de Sofía Saavedra Caicedo. La joven se encontraba sepultada directamente bajo el núcleo de la escalera del edificio, el lugar que intentaba descender buscando la salvación.El drama continuó durante la madrugada del miércoles 12 de agosto. Rompiendo los bloques de concreto de la zona que correspondía a la habitación matrimonial de la edificación, los rescatistas tropezaron con una escena que conmovió a los bomberos: los cuerpos sin vida de Jairo Saavedra y Victoria Caicedo yacían juntos. Los esposos murieron fuertemente abrazados, protegiéndose mutuamente en su último segundo sobre la tierra, en un reflejo del amor incondicional que profesaron durante toda su vida.Cerca de allí, sepultada entre las rocas, apareció también la caja metálica que resguardaba la amada colección de discos de salsa de Jairo. Su amigo DJ Prilla, quien se había sumado activamente a las labores de remoción de escombros, reconoció los vinilos de Héctor Lavoe de inmediato y, con un nudo en la garganta, le dedicó un último adiós en sus redes: "Jairo, tu DJ encontró tu música, mi bro". Junto a la pareja, las autoridades también confirmaron el deceso del tío Diego Caicedo.A partir de ese instante, toda la fe de Cali y del país se volcó sobre un solo nombre: Isabella Saavedra Caicedo. Durante casi 80 horas, los rescatistas mantuvieron protocolos de escucha activa, apagando las máquinas por momentos en medio del silencio, aferrados a la esperanza de captar un murmullo o un golpe bajo el concreto. En esos alrededores de la mole de escombros en Cuarto Legua se oía el enérgico llamado de brigadistas que aguzaban el oído. Nadie se movía en esa carrera 58, pero los corazones de quienes eran testigos de la angustia por encontrar a más personas con vida estaban acelerados. Con la tristeza de la familia Saavedra Caicedo y de una ciudad conmocionada por la pérdida de los padres de Ana María y de una de sus hermanas, todavía había el anhelo de hallar ilesa a Isabella."¡Chava, por favor, tenés que ser fuerte!", fue el clamor angustioso de los suyos el jueves 13 de agosto, cuando las cuadrillas trabajaron sin tregua bajo el sol. Sin embargo, la trágica realidad se consumó al caer la tarde, sobre las 6:30 p. m. Las brigadas localizaron el cuerpo sin vida de Isabella, la última de las trillizas. Su tía y sus primos confirmaron la noticia a través de un desgarrador comunicado en Instagram: "Con el corazón completamente roto. Hasta el último momento mantuvimos la esperanza de encontrarla con vida. Hoy esa esperanza se convierte en un dolor imposible de explicar".Con el hallazgo de Isabella, la atención de toda la sociedad se trasladaron por completo a una de las habitaciones de la Clínica Imbanaco, donde Ana María Saavedra Caicedo ha permanecido bajo un estricto monitoreo médico.Tras sobrevivir al impacto y entregar con lucidez las coordenadas de su hogar destruido, la joven fue sometida a una compleja cirugía para estabilizar la fractura de su pelvis.Según médicos de la Clínica Imbanaco, su evolución física avanza de manera favorable dentro de los parámetros médicos y su vida ya no corre peligro inminente, pero el verdadero desafío humano que le aguarda afuera es de una dimensión inconmensurable.El alcalde de Cali, Alejandro Eder, habla con la voz quebrada cuando piensa en cómo el terremoto de 7,4 destruyó a cientos de familias, como la de Ana María. "En Cali sentimos mucho dolor y tristeza por todos los caleños y caleñas fallecidos en este desastre", dice el mandatario que ha acudido a diferentes zonas de la nueva realidad de la ciudad.Momentos de tensión y pánico en el HUV de Cali por el terremoto de 7,4. Foto:De video del HUVEn cuestión de cuatro minutos, el sismo desmanteló hogares enteros, despojándolos de su patrimonio material, de sus padres protectores, como le ocurrió a Ana María, hoy otro símbolo de esta tragedia, como lo fue la pequeña Omayra cuando la erupción y la avalancha del volcán nevado del Ruiz borraron Armero. Este nuevo desastre dejó a Ana María sin Sofía e Isabella, las dos hermanas con quienes compartió de forma idéntica cada día de sus 23 años de existencia.Por esta razón, el equipo de médicos, psicólogos y trabajadores sociales mantiene un cerco de protección emocional absoluto a su alrededor, según la Alcaldía de Cali. La verdad sobre el trágico desenlace de su familia le está siendo dosificada con extrema cautela y bajo protocolos especializados, debido a que Ana María, en medio de las secuelas de la sedación y los dolores de la convalecencia, despertaba de forma intermitente preguntando dónde estaban y cómo se encontraban sus padres y sus hermanas. No obstante, la familia ya confirmó que la joven universitaria conoce lo sucedido.La respuesta de la sociedad civil ha sido inmediata; conscientes de que la joven lo ha perdido absolutamente todo y que deberá empezar desde cero, amigos cercanos, compañeros de la Universidad Javeriana y familiares sobrevivientes han centralizado esfuerzos para canalizar la ola de solidaridad que se está desatando por Ana María.En la Javeriana estuvieron organizando una eucaristía, pero no solo por el deseo de apoyar a la familia Saavedra Caicedo. También a muchas otras víctimas. "Desde nuestra universidad estamos generando muchas acciones por las personas de nuestra comunidad que han sido afectadas y, por supuesto, a toda la comunidad caleña y de los otros municipios afectados", explican desde el alma máter.Por ahora, amigos de Ana María han dispuesto canales y cuentas bancarias de recaudación de fondos con el objetivo de estructurar un fondo económico que le permita solventar los costosos gastos hospitalarios actuales, cubrir las honras fúnebres de sus seres queridos y proveerle un sustento financiero seguro para el largo y complejo proceso de reconstrucción psicológica, emocional y material que tendrá que emprender cuando finalmente en la clínica le den de alta y deba ponerse de pie en una Cali y en un mundo completamente nuevos.CAROLINA BOHÓRQUEZ RAMÍREZ Y MELISSA MÚNERACorresponsales de EL TIEMPOCaliConsulte más noticiasLa familia Saavedra Caicedo quedó atrapada por el terremoto. 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