Hay profesiones que se eligen y otras que parecen estar esperando desde antes de que podamos nombrarlas. Para Minerva, la actuación pertenece un poco a esos dos mundos. Creció en una familia en la que el arte era parte de la vida cotidiana (su papá es el actor y humorista Alfredo Casero y su mamá, la artista plástica Marisa Rogel), pero nunca sintió ese legado como una obligación. Con el tiempo, aquello que había recibido se convirtió en una decisión personal, en una manera de habitar el mundo y en un oficio construido a fuerza de trabajo.
Vestido (Bomparola) y botas (DeMaría)
Su presente la encuentra al frente de Anastasia, el musical, un proyecto que reúne interpretación, canto, movimiento y una exigencia física sostenida. En escena encarna a la joven rusa Anastasia Romanov atravesada por la pérdida, la búsqueda de identidad y la necesidad de avanzar aun cuando el pasado pesa demasiado. Lejos de pensar la actuación únicamente desde la inspiración, Minerva vuelve una y otra vez sobre una palabra menos romántica, pero decisiva: entrenamiento.
En su forma de hablar del oficio conviven la pasión y la disciplina, la herencia y la autonomía, la búsqueda de excelencia y la capacidad de soltar. No idealiza la vida de una actriz ni desconoce su dificultad. Para ella, la magia no aparece de repente: se construye cada día y así lo deja entrever en esta producción de fotos en la ciudad más linda del mundo.








