Las relaciones sentimentales intensas suelen asociarse, en el imaginario colectivo, con grandes emociones, reconciliaciones apasionadas y discusiones constantes. Durante décadas, refranes populares como "los que se pelean se desean" o "riñas de enamorados, amores doblados" han contribuido a reforzar la idea de que el conflicto forma parte inevitable del amor e, incluso, de que puede fortalecerlo. Sin embargo, los especialistas en psicología advierten de que esta visión puede resultar engañosa. Lejos de ser una prueba de amor, la repetición de enfrentamientos o los juegos emocionales pueden esconder dinámicas poco saludables que terminan deteriorando la relación.La psicóloga Virginia Bejarano, de yees!, aclara que, desde un punto de vista clínico, no puede hablarse de personas "adictas al drama" como si se tratara de un diagnóstico psicológico. Lo que suele existir, explica, son personas que han aprendido a relacionarse a través del conflicto porque, a lo largo de su historia, este ha cumplido una función importante.Los desacuerdos forman parte de una discusión sana"Este tipo de refranes han sembrado la idea de que el amor implica 'pelea', y que después de esos momentos, vienen reconciliaciones intensas, más atención o muestras de cariño por parte del otro, más sensación de conexión...", señala. Según la especialista, estas reconciliaciones actúan como un potente refuerzo emocional ya que después de una discusión llegan abrazos, promesas de cambio, gestos afectivos o una sensación temporal de cercanía que hace que el conflicto termine manteniéndose. "Digamos que se convierte en un círculo vicioso, como si la relación fuera alternando discusión, bloqueo en whatsapp, reacciones en redes sociales y reconciliación épica, y vemos cómo hay parejas que se mantienen en este bucle una larga temporada", explica.No obstante, Bejarano insiste en que el problema no es discutir; los desacuerdos forman parte de cualquier relación sana. La diferencia está en la función que cumple ese conflicto: "¿Qué pareja no ha discutido alguna vez? El problema aparece cuando la discusión se convierte en el día a día, cuando se pelea por cualquier cosa, cuando uno de los dos necesita provocar al otro o despertarle celos para conseguir atención, o cuando se dejan de hablar durante días para comprobar si el otro reacciona", afirma.No hay que confundirlo con amor¿Por qué algunas personas llegan a confundir estas dinámicas con el amor? La psicóloga explica que, en muchos casos, la respuesta se encuentra en el aprendizaje previo. Haber crecido en un entorno donde las discusiones eran constantes puede hacer que esa forma de relacionarse se perciba como normal. A ello se suma la influencia de numerosas películas, series o novelas que presentan relaciones marcadas por grandes altibajos emocionales y las muestran como especialmente apasionadas."También hemos podido vivir repetidamente que después de un enfado llegan promesas de cambio, declaraciones de amor o reconciliaciones muy intensas. Todo eso termina reforzando la idea de que el conflicto es una parte necesaria del vínculo", apunta. Desde la psicología se sabe que la incertidumbre genera una elevada activación emocional. Cuando una relación alterna momentos de tensión con reconciliaciones, la persona permanece constantemente pendiente de lo que ocurrirá después. "Hoy estamos bien; mañana ya veremos. Ahora no me llama, después me busca. Mañana te envío un audio de diez minutos y luego hacemos las paces llorando en el coche", ejemplifica Virginia Bejarano.Ese ciclo de tensión y alivio puede llegar a confundirse con pasión. La especialista de yees! utiliza una comparación sencilla: "Es algo parecido a lo que ocurre cuando un niño está llorando intensamente y le das un caramelo. Se mantiene un patrón cíclico de tensión y alivio". Sin embargo, advierte de que esa intensidad emocional no debe confundirse con un vínculo amoroso sólido ni con una relación saludable. La consecuencia de mantener este tipo de dinámicas durante meses o años suele ser el desgaste emocional. Las discusiones permanentes, los celos utilizados como estrategia para captar atención o las rupturas y reconciliaciones repetidas generan ansiedad y dificultan la construcción de una relación basada en la confianza.Afortunadamente, Bejarano recuerda que estos patrones no son inmutables: "La mala noticia es que ese sistema desgasta muchísimo. La buena es que el cerebro también aprende justo lo contrario: que se puede sentir seguridad, cariño e intimidad sin necesidad de organizar un conflicto cada dos semanas para comprobar que seguimos enamorados".