“Hay que evitar este tipo de situaciones”. El martes por la noche, el biministro del Interior y de la Segegob, Claudio Alvarado, conversó por teléfono con su par de Hacienda, Jorge Quiroz. El contacto tuvo un solo objetivo: aclarar las diferencias públicas que se habían evidenciado y despejar qué había ocurrido con el ingreso del requerimiento del gobierno al Tribunal Constitucional (TC) para impugnar una norma de la megarreforma que establecía la reposición gratuita de servicios básicos en zonas de catástrofe. Horas antes, en el Congreso, Alvarado fue consultado por medios de comunicación sobre la decisión de La Moneda. Evidentemente ajetreado, el secretario de Estado no pudo esconder su sorpresa. “Esa es una información que yo no la tenía, por lo tanto, no me voy a referir a las cosas que no dispongo de la información”, respondió. El episodio levantó rápidamente comentarios en el oficialismo, y la oposición aprovechó para cuestionar públicamente al jefe de gabinete del Presidente José Antonio Kast. El diagnóstico fue solo uno: el biministro había quedado en una posición de debilidad. En el diálogo con Quiroz, según quienes supieron del intercambio, el titular de Hacienda le transmitió sus disculpas y ambos coincidieron que episodios de ese tipo no pueden volver a ocurrir. Los efectos, advirtieron, son negativos para los fines del gobierno. La conversación, sin embargo, no cerró la controversia. Al día siguiente, luego de que el Senado despachara los vetos, Quiroz afirmó: “No es mi responsabilidad avisarle a todo el mundo”. Aunque quienes conocen el sentido de esa frase, aseguran que no estaba dirigida directamente contra Alvarado, sino contra el ministro de la Segpres, José García Ruminot, quien también firmó el escrito del requerimiento y tampoco le comunicó a Alvarado. La tensión, en todo caso, ya había quedado instalada y volvía a cristalizar la pugna que existe entre Alvarado y Quiroz, quienes han estado en veredas distintas en varias ocasiones durante estos meses de gobierno. “Es la falta de experiencia política”, se quejó molesto Alvarado, cuando la primera semana de julio -en una jugada de último momento- Quiroz ingresó una indicación durante la tramitación de la megarreforma económica para bajar al 22% el impuesto corporativo, en momentos que habían logrado sellar un acuerdo con el PPD, que terminó cayéndose. Ese fue el episodio que más indignó al biministro, quien suele transmitir que el estilo “ganador” del jefe de la billetera fiscal a veces le pasa la cuenta. Pero las diferencias partieron en marzo. La primera, cuando fue el alza de los combustibles. Interior y Segpres empujaron un fortalecimiento de las ayudas para amortiguar el costo político de la medida, mientras Quiroz defendía una posición más restrictiva. En abril, Alvarado y José García Ruminot coincidieron en postergar el ingreso al Congreso del Plan de Reconstrucción para dosificar la agenda y mejorar la coordinación con el oficialismo y la oposición, una definición que chocaba con la intención de Hacienda de enviar el proyecto cuanto antes. Por esos mismos días, ambos ministros se impusieron a Quiroz en la discusión sobre la gratuidad, al no incluir un límite de edad de 30 años que el titular de Hacienda defendía.Pero no todas las pugnas públicas han sido por diferencias reales. Más recientemente, ambos tuvieron posiciones distintas frente a la propuesta de declarar feriado el 17 de septiembre. Ahí, el acuerdo fue uno: que Quiroz no cerrara la puerta para evitar que el PDG se desmarcara de la votación de los vetos de la megarreforma. Consiguieron su objetivo. El miércoles, en todo caso, Alvarado no aquietó las aguas. En una segunda declaración le reiteró al resto del gabinete cuál era su número de teléfono. En privado, eso sí, ironizó con la situación y comenzó a contactar a los otros ministros que suscribieron el requerimiento para “asegurarse de que tuvieran su contacto”.Varias otras autoridades llenaron su WhatsApp de mensajes, transmitiéndole, a modo de broma, que tenían su contacto. Eso sí, el jefe de gabinete transmitió un mensaje claro a todos: deben informarle antes de comunicar cualquier una decisión. Más allá del tono, el reclamo era real: el jefe del gabinete quería saber por qué no había sido informado del ingreso de una acción ante el TC que involucraba directamente una de las principales reformas del gobierno. García Ruminot fue el primero en llamarlo para ofrecerle disculpas. El titular de Segpres había dado por hecho que Alvarado también firmaba el requerimiento.El episodio es una muestra de una tensión que se ha debido administrar dentro de La Moneda. Quienes conocen de la relación entre Interior y Hacienda aseveran que no existe un quiebre entre Alvarado y Quiroz, que por el contrario, hay respeto mutuo. Pero los dos tienen personalidades fuertes, peso propio dentro del gabinete y un vínculo directo con el mandatario.Esas justificaciones, eso sí, no evitaron que la descoordinación fuera cuestionada públicamente por el mismo sector.La definición de concurrir al TC no había aparecido de improviso. El diseño sobre cómo proceder había sido abordado en el comité político ampliado del 3 de agosto, instancia en que se informó a los partidos de los tres vetos que el Ejecutivo presentaría -sobre olvido financiero, anatocismo y pago a 30 días- y también se planteó que la reposición de servicios básicos sería llevada al TC.Alvarado, sin embargo, tenía otra alternativa en mente. Su idea era vetar la norma, pero mediante un veto sustitutivo que permitiera modificar su redacción. El biministro pretendía convencer a Quiroz de avanzar en esa dirección. Los días, sin embargo, pasaron y los plazos legislativos comenzaron a apremiar, hasta que se optó por la vía constitucional.De hecho, una vez que se enteró que había ingresado el escrito, les transmitió a varios personeros de su círculo que, de haber sabido, lo hubiese frenado. El episodio también volvió a poner sobre la mesa la carga que ha asumido Alvarado desde que, en mayo, agregó la vocería de gobierno a sus funciones como jefe de Interior, tras la salida de Mara Sedini. A eso se suma el papel que desempeña en el Congreso, donde participa activamente en la búsqueda y ordenamiento de los votos oficialistas.En la práctica, además, el biministro ha terminado ocupando parte del espacio que deja García Ruminot. Mientras el titular de Segpres tiene un estilo más pausado, Alvarado es considerado más frontal y de mayor capacidad para entrar a destrabar problemas políticos sin generar, al menos hasta ahora, los anticuerpos que otros ministros -como Quiroz- han acumulado en la sede del Legislativo.Esa función no se limita al Parlamento. Alvarado es también quien suele “atajar” los problemas antes de que lleguen al escritorio presidencial: desde disputas por cargos regionales y reclamos de los partidos, hasta conflictos de mayor envergadura.Por eso, algunos en el oficialismo resienten que Kast -en su diseño de gobierno- no intervenga más directamente en este tipo de episodios y que Alvarado termine convertido en el “bombero” del gobierno. La preocupación es que esa sobrecarga termine afectando su propio rendimiento como biministro, al obligarlo a absorber conflictos que exceden sus atribuciones formales.Pese a que Alvarado actúa como un dique de contención, el propio presidente terminó dando explicaciones por el impasse entre sus ministros. El jueves, desde el Maule, donde participó en la operación del Plan Cancerbero junto a Alvarado, Kast abordó la controversia: “Está todo absolutamente aclarado, aquí estamos con el ministro (Alvarado) y estamos a la espera de los resultados, de lo que determine el Tribunal Constitucional, siguiendo la institucionalidad vigente que siempre hemos señalado”.Otros, en cambio, defienden la decisión presidencial de no intervenir. La lógica es conocida en La Moneda: los ministros son fusibles del presidente y, por lo mismo, deben tener espacio para resolver sus propias diferencias. Incluso si eso incluye disputas dentro del mismo gabinete.