0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialEn la última temporada de José Mourinho en el Real Madrid (2012-2013), Lamine Yamal y Pau Cubarsí tenían siete años, Kylian Mbappé, con 15, acababa de fichar por el juvenil del Mónaco, y Yan Diomande, el fichaje más caro de la historia del Real Madrid (130 millones más variables), vivía en Abiyán, capital de Costa de Marfil, con otras veinte personas en una misma casa. Tenía siete años y en varias entrevistas relataba cómo se escapaba de noche para ver fútbol en el televisor.Es muy probable que todos ellos hayan conocido las particularidades del portugués de Setúbal, que aterriza 13 años después en el Bernabéu, en la serie de Netflix que descubre al Mourinho más personal y pone el sello a los numerosos chascarrillos que siempre han acompañado su carrera. “Cuando estoy en un campo de fútbol, no pienso ni en los que amo”, se confiesa el entrenador de 63 años, el último recurso de Florentino Pérez después de las caídas de los dos últimos años con Carlo Ancelotti (experiencia y mano blanda), Xabi Alonso (un técnico moderno y académico) y Álvaro Arbeloa (de la casa y de confianza). La libreta de Mourinho escenifica el viaje al pasado de los clásicos más salvajes con el Barça de Pep Guardiola. “Aquella era una secta”, explican periodistas que vivieron in situ esa etapa.Su perfil es más bajo: quiere controlarlo todo y su prioridad ahora no es el juego sino la cohesión del grupoEl tiempo modifica comportamientos. Desde Valdebebas pintan a un Mourinho con un perfil más bajo, que está pendiente de todo (del estado del césped o de la alimentación) y cuya primera misión es la cohesión de grupo. El portugués quiere que su plantilla sea un ejército solidario y con compromiso dispuesto a ir a la guerra; aunque la metáfora está manida, son los valores que desde que se hizo cargo del Oporto en el 2001 ha inculcado en sus equipos. “Nunca vi a ningún equipo seguir tanto a una persona”, dijo John Terry. El grupo por encima de las individualidades: un mensaje que necesita este Real Madrid que se rebeló contra Xabi Alonso con desplantes como los de Vinícius o, después, vivió salidas de tono como las de Mbappé. Al portugués no le preocupa ahora ni el sistema ni cómo encajará las piezas, sino el espíritu y lo invisible.Lee tambiénPara ello, ha habido cambios troncales en la plantilla. A las bajas de los veteranos y no renovados Dani Carvajal y David Alaba, unidas a la de Dani Ceballos, Fran García, Franco Mastantuono y el sinfín de jugadores de La Fábrica que han dejado 195 millones de ingresos, se contrapone la llegada de futbolistas con experiencia y/o de un perfil defensivo muy marcado, como Konaté, Cucurella, Dumfries y Bernardo Silva. Carlos Espí será un recurso como delantero centro y Yan Diomande, por el que se han pagado 130 millones más variables al Leipzig, la guinda de un mercado que se enredó con Rodri y que deja, de nuevo, al Real Madrid sin potenciar el mediocampo (más allá de Silva). El equipo blanco ha vaciado 205 millones, señal de que tampoco estaba para demasiados dispendios teniendo en cuenta que ha cuadrado el balance hasta la fecha.El Madrid no ha cerrado todavía el mercado. Está pendiente de conocer la opinión del entrenador sobre posibles salidas y entradas de última hora, teniendo en cuenta que ya ha confesado que quiere una plantilla de solo 20 futbolistas.Mourinho, que ha venido rodeado de un amplio equipo de confianza, todavía no ha hablado públicamente. Se ha dedicado estos dos meses a explorar y sentar las bases del que podría ser el último gran reto de su carrera (63 años). Cuando se pronuncie desvelará si ese viaje al pasado es un déja-vu .
Real Madrid: Un viaje al pasado con Mourinho para ir a la guerra
Mourinho acapara los focos en un mercado con ventas récord del filial (195 millones) y Diomande de estrella







